×
Salvador García Soto
Salvador García Soto
ver +
Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

" Comentar Imprimir
06 Junio 2020 04:07:00
Peligrosos vientos de confrontación
Escuchar Nota
Nada sería más peligroso y doblemente dañino para el país, que la crisis sanitaria y económica por el Covid-19 se contaminara con el encono de la lucha política y electoral por el 2021. Convertir el doloroso impacto por la pandemia, que aún está en la parte más crítica y riesgosa para los mexicanos, en una arena de confrontación política, sería lo mismo que lanzar gasolina y un fósforo encendido en la seca pradera del miedo, el desempleo y la desazón social que en estos momentos recorre la República.

Las expresiones de protestas y disturbios violentos ocurridos el jueves y viernes en Guadalajara, con la bandera de la #JusticiaparaGiovanni, el joven asesinado por policías municipales en Jalisco, y en la Ciudad de México en los entornos de la embajada de los Estados Unidos por un supuesto apoyo al movimiento del #BlackLivesMatter, tienen un hilo en común: la irrupción de grupos anarquistas y violentos que aprovechan cualquier coyuntura o situación de inconformidad y tensión social para actuar con violencia y generar un caos que lo mismo siembra miedo y angustia entre la población, que propicia la respuesta de los cuerpos de seguridad y con ello el desgaste y el cuestionamiento a los gobiernos, sean del partido que sean.

No está del todo claro quién financia y mueve esos grupos que lo mismo aparecen en protestas ciudadanas, que en movimientos feministas, sindicales o del cualquier otro tipo, pero lo que sí está claro es que, más allá de su agenda y motivaciones propias vinculadas a una peculiar interpretación del anarquismo que tiene conexiones internacionales, también hay grupos y personajes políticos que los han llegado a utilizar con fines de golpeteo político o para generar climas de miedo e incertidumbre entre la población.

La relación entre Andrés Manuel López Obrador y el Gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, había sido hasta ahora respetuosa, a pesar de sus diferencias políticas y aun en medio de la pandemia del coronavirus en la que cada uno de ellos trae su propia agenda no sólo en los temas de Gobierno, sino también en lo político. Pero el arranque de Alfaro al acusar directamente a Morena y vincular al Presidente por su nombre con la irrupción de esos grupos violentos y anárquicos en las manifestaciones convocadas por estudiantes universitarios el jueves pasado en el Centro Histórico de Guadalajara, tensó sin duda esa relación y complicará la situación en uno de los estados más importantes de la República.

La respuesta directa y airada que le dio el Presidente al Gobernador jalisciense por haberlo mencionado por su nombre y la exigencia de que pruebe sus dichos y “que no se retracte”, habla de que Alfaro encendió la mecha tabasqueña del Mandatario, que este viernes era arropado y defendido por las baterías de Morena, desde los mensajes desde Segob por Olga Sánchez Cordero y Alejandro Encinas, hasta los posicionamientos de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y del líder del Senado, Ricardo Monreal, cuestionando las acusaciones del Mandatario estatal y el uso de métodos “represivos” en su entidad.

Alfaro, por su parte, al acusar a “oficinas de la CDMX y a los sótanos del poder” de haber infiltrado la protesta de estudiantes jaliscienses por el caso de Giovanni López, trató de reducir el efecto del mismo y matizar el golpe para su administración al desviar un claro problema de abuso y asesinato policial hacia una intervención política del Gobierno federal. La jugada fue audaz, pero tendrá sus costos también para el Gobernador que, por lo pronto, aprovechó la invitación a su estado de los 7 gobernadores que junto a él integran el Frente de Estados contra el Coronavirus, para dejarse respaldar por los mandatarios de Nuevo León, Jaime Rodríguez; Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca; Michoacán, Silvano Aureloes; Coahuila, Miguel Riquelme; Colima, Ignacio Peralta; y Durango, José Rosas Aispuro; y Diego Sinhué, de Guanajuato, los cuales cerraron filas en torno a Alfaro y, desde Tequila donde se reunieron, pidieron al Gobierno federal “no caer en provocaciones ni lucrar políticamente con los temas de seguridad”.

El espaldarazo de los 7 gobernadores a Enrique Alfaro, más allá de responder a la alianza estratégica que esos estados han hecho en el tema del coronavirus, lleva todo un mensaje político ante el temor de que el jalisciense enfrente una ofensiva desde el Gobierno federal y de que se busque incendiar a este importante estado del país. Y es que este viernes mismo en el Gobierno federal ya se hablaba de dos temas que podrían “crecerle” al gobernador Alfaro: por un lado el tema de la deuda millonaria que ha solicitado en su estado, el último crédito por 6 mil 200 millones de pesos que le autorizó el Congreso local, y para lo cual requiere el aval de la Secretaría de Hacienda federal; y un expediente que, según fuentes federales, existe sobre un problema de facturas falsas y pagos a empresas fantasma que detectó la Auditoría Superior de la Federación y que estaría siendo investigado en instancias federales.

Por eso, ante los peligrosos vientos de confrontación y los violentos disturbios que esta semana se vieron primero en Guadalajara y luego en la Ciudad de México, vale la pena que los actores políticos, tanto estatales como federales, lo tengan muy claro y se lo piensen dos veces: en un choque como el que iniciaron no solo se puede incendiar a un estado estratégico como Jalisco, sino que de paso se estaría prendiendo la mecha para que muchos grupos radicales se asomen en estos tiempos aciagos del coronavirus y sus crisis. En la confrontación no habría un ganador y los dos, el presidente López Obrador y el gobernador Enrique Alfaro, saldrían golpeados.

La polarización que ya tenemos, atizada además por la incierta y desesperada situación económica y social, sería un coctel explosivo en estos momentos, sobre todo con la ebullición e insurrección que hoy se vive en nuestro poderoso vecino por el mismo tema de abusos, racismo y asesinatos policiales. Las mismas condiciones y, en algunos casos hasta los mismos grupos que incendiaron en horas 140 ciudades de la Unión Americana, también podrían prender el fuego de protestas violentas en México. Así que a nadie le conviene la confrontación frontal, que en estos momentos es echarle gasolina al fuego.


La falta del cubrebocas y un alcalde de negro historial

En el caso del asesinato del joven de 30 años Giovanni López, se mezclaran por un lado las medidas “obligatorias” y con uso de la fuerza pública, como la de portar cubrebocas en esta pandemia, con un problema de violencia e infiltración del narcotráfico en policías municipales como la de Ixtlahuacán de los Membrillos, a la que pertenecían los uniformados que masacraron al joven detenido por no llevar la mascarilla de protección.

Eduardo Cervantes Aguilar, el alcalde priista de Ixtlahuacán, que es parte ya de la Zona Metropolitana de Guadalajara y se ubica a 30 kilómetros de la capital jalisciense, tiene un negro historial en el que lo han vinculado desde la desaparecida PGR, lo mismo a grupos delincuenciales de Jalisco y Michoacán, hasta con desapariciones, secuestros y asesinatos ocurridos en su municipio y denunciados por sus propios pobladores.

Así que, detrás del caso de Giovanni López, hoy motivo de confrontación política, de disturbios y de tendencias en las redes sociales. Está la misma historia de violencia del narcotráfico, corrupción de autoridades, brutalidad de policías infiltrados por el crimen y descomposición social fomentada por la impunidad.






Imprimir
COMENTARIOS