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Donald G. McNeil Jr.

Líderes religiosos: vacunas sí

Agencia Reforma

Grupos antivacunas citan ingredientes que judíos tienen prohibido comer, pero líderes judíos dicen que las leyes dietéticas no son problema.

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El brote de sarampión en Estados Unidos es el más grande desde que la enfermedad se declaró eliminada hace 19 años. El retorno de este azote ha sido impulsado por la desinformación.

Junto con rumores de que las vacunas causan autismo o de que las cantidades ínfimas de mercurio y aluminio que contienen son peligrosas —falsedades que fueron desmentidas— han llegado insinuaciones orientadas a padres religiosos.

La vacunación es apoyada por académicos judíos e islámicos importantes, y por el Vaticano. Las autoridades religiosas han estudiado meticulosamente cómo se hacen las vacunas y qué contienen, y aun así han dicho que no transgreden la ley judía, islámica o católica.

Aunque ninguna vacuna carece de efectos secundarios, la inmunización es uno de los máximos avances en la medicina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que las vacunas han salvado más de 10 millones de vidas tan sólo en la última década.

Las vacunas están sumamente purificadas, pero como quiera podrían contener células aisladas o vestigios de ADN de las células humanas o animales en las que fueron cultivadas. Eso incluye cultivos celulares derivados originalmente de riñones de mono o perro, orugas de polilla, sangre de ternera, o los tejidos inmaduros de fetos humanos abortados.

Los ingredientes menos conocidos de la vacuna contra el sarampión se han convertido en un problema para algunos judíos ortodoxos.

“The Vaccine Safety Handbook”, un manual publicado por el grupo antivacunas Peach, incluye ingredientes para vacunas derivados de animales que los judíos tienen prohibido comer.

Sin embargo, las leyes de la dieta kosher “no representan absolutamente ningún problema” en lo que respecta a vacunas, dijo Naor Bar-Zeev, profesor de salud internacional y ciencia de vacunas en la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, en Maryland. “Todas estas leyes complejas aplican a alimentos ingeridos por la boca y de ningún modo son relevantes para material inyectado”.

Los ingredientes de las vacunas no son sólo un problema entre los judíos ortodoxos. Debido a que el islam también prohíbe consumir puerco, las alarmas sobre gelatina y ADN viral porcino han obstaculizado la vacunación en algunos países musulmanes.

En 1995, una reunión de 112 académicos islámicos destacados sopesó muchas sustancias ingeridas y aprobó el uso de gelatina porcina en medicamentos.

Las vacunas se elaboran con virus, que son estructuras proteicas que contienen segmentos cortos de ADN o ARN y pueden multiplicarse únicamente cuando se cultivan en células vivas. Esas células deben ser “inmortales” —capaces de duplicarse durante décadas sin envejecer.

Las células también tienen que estar libres de cáncer y virus, razón por lo que las células ancestrales provienen de fetos que nunca han estado expuestos a patógenos.

En el 2005, el Vaticano dijo que las vacunas cultivadas en esas células todavía planteaban problemas éticos. Los católicos deben elegir vacunas alternativas si es que existen y presionar a las compañías que producen vacunas para que creen alternativas, dijo.

No obstante, debido a que no hay alternativas, el uso de vacunas existentes, dictaminó el Vaticano, estaba “moralmente justificado” debido a la necesidad de proteger a niños y mujeres embarazadas.

El Vaticano reiteró esa posición de nuevo hace dos años.

Mormones, episcopales, luteranos y muchas otras denominaciones cristianas apoyan las vacunas, las exigen en sus escuelas y las distribuyen en sus hospitales de misioneros.

Entre los budistas, el Dalai Lama ha administrado personalmente a niños vacunas contra la polio. Uno de los primeros relatos sobre la variolización —una forma antigua de prevenir la viruela— provino de una monja budista del siglo 11, quien soplaba costras molidas de viruela en las narices de sus pacientes.