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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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19 Julio 2019 04:06:00
Respeto a las mujeres
“Nunca olvides que te ha parido una mujer”. Popular

Mi chofer de Uber era más platicador que de costumbre. También tenía más edad. Me dijo que se llamaba Alejandro Molina y que tenía 68 años. Con la habilidad de un millennial manipulaba el mapa del teléfono inteligente y seguía la ruta que debía llevarme a mi destino.

Durante mucho tiempo había manejado taxis, me dijo, pero hoy prefiere el Uber, no solo por ganar más, sino porque se siente más seguro y, sobre todo, porque es dueño de su tiempo. Él decide cuándo salir a trabajar y cuándo quedarse en casa. Sus hijos le dicen que ya debería retirarse, que no necesita seguir trabajando. Pero él afirma que no sabría qué hacer en casa todos los días.

Su calificación en Uber es alta, casi 5 estrellas, y lo entiendo. Es un conductor cuidadoso, tranquilo, aunque supongo que algún pasajero con prisa podría considerarlo demasiado lento. Para mí, su ritmo pausado es tranquilizante, un respiro en medio del vertiginoso tránsito de la Ciudad de México. Alejandro no pone, por otra parte, música a alto volumen. Si acaso, su única falta es que es platicador, pero teje sus historias con habilidad y es imposible no dejarse seducir por ellas.

Me cuenta que una vez llevó a una joven a su casa en una calle desolada y oscura. “Como siempre hago –me dice–, me quedé esperando hasta que entró por la puerta y me señaló que todo estaba bien”. La joven le dio la máxima calificación en el sistema de evaluación, pero añadió que se había sentido muy agradecida de que el conductor se hubiera quedado esperando hasta que entrara a la casa.

“Mi mamá me enseñó a respetar a las mujeres –me dice don Alejandro–. Me pidió que nunca olvidara que a mí me había parido una mujer”. Hace una pausa, quizá esperando que yo muestre interés, cosa que hago, y continúa: “Ella me decía: nunca fuerces a una mujer. Si le hablas bonito, obtendrás lo que quieres”.

Alejandro empieza a contarme la historia de su madre: Se llamaba Lucila Suástegui Guinto. “Murió hace 11 meses. Tenía 88 años y 10 hijos”.

–“Diez hijos”, respondo--. Ya no es común tener tantos.

–“Bueno, no todos eran de ella. Pero era una mujer generosa que aceptaba hacerse cargo de quien lo necesitaba”. Una vez más la pausa. Como buen narrador, don Alejandro sabe manejar los ritmos de la historia.

“Ella tuvo con mi papá cinco hombres y dos mujeres. Éramos siete. Pero mi papá tuvo también otra hija con otra mujer y mi mamá la aceptó. Después de que murió papá, mi mamá tuvo otra pareja, que después se fue, y tuvo un hijo con él. Otro más era de una mujer que un día le encargó a un niño, mientras iba al mercado a recoger algo que se le había olvidado, pero nunca regresó. Así que se hizo cargo también de él. A todos nos cuidó y a todos nos sacó adelante”.

No me cuesta trabajo imaginar a doña Lucila, una de esas mujeres trabajadoras y generosas que han construido nuestro país ante la frecuente ausencia de los hombres. Sin haberla conocido, entiendo su esfuerzo para cuidar y educar a ocho hijos suyos y a otros dos que no eran suyos pero que acogió. No me extraña que su hijo, don Alejandro, sea hoy un hombre tan respetuoso con las mujeres.

El respeto se adquiere en el hogar y Lucila lo entendía. Por eso su hijo, ya de 68 años, sigue mostrando esa consideración que todos deberíamos tener a las mujeres. Mucho aprendí en ese viaje de Uber.

¿Juárez corrupto?

El presidente López Obrador conmemoró ayer el aniversario luctuoso de Benito Juárez, “el mejor Presidente que ha tenido nuestro país”. Esta semana, sin embargo, el Mandatario dijo que los funcionarios públicos que ganan 600 mil pesos al mes son corruptos: “No se necesita presentar pruebas”. Lo interesante es que Juárez ganaba bastante más que el equivalente a los 600 mil pesos mensuales.
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