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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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14 Enero 2020 04:07:00
El Presidente no quiere hacer cambios
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En contra de las versiones insistentes que han circulado en las últimas semanas sobre que se avecina un ajuste importante del Gabinete federal y que habría movimientos en varias áreas, en Palacio Nacional se asegura que no habrá tales cambios, al menos no en el corto plazo, porque “el Presidente no quiere hacer ningún cambio en su equipo en estos momentos”, aun cuando en las evaluaciones internas hay varios colaboradores y secretarios de Estado que no han dado los resultados que se esperaba y los asesores presidenciales han recomendado “ajustes necesarios” en varias dependencias.

La razón que argumentan fuentes de primer nivel en la oficina presidencial es que la opinión del presidente López Obrador sobre el desempeño de su equipo de colaboradores no coincide necesariamente ni con la percepción pública sobre varios secretarios a los que se les ve desgastados o ya sin capacidad de operación en las dependencias, ni con los análisis internos que el Mandatario ha pedido realizar sobre los integrantes de su equipo.

“No quiere cambiar a nadie y él siente que hacer movimientos en este momento va en contra de su discurso de que ‘todo está bien’ y de que ‘vamos muy bien’, por lo que mover a sus colaboradores se tomaría como un mensaje de un Gobierno en crisis o que no está dando los resultados prometidos”, comentó una de las fuentes consultadas.

La realidad es que la imagen y la popularidad de López Obrador se mantienen en niveles muy altos en el arranque de este segundo año de Gobierno. Esto podría leerse como un Presidente que sigue recubierto por un fuerte blindaje de apoyo popular, al que ninguna de las crisis que enfrentó en su primer año, ni “El Culiacanazo”, ni las masacres en Minatitlán, Coatzacoalcos o Bavispe, Sonora, ni la escasez de medicamentos y tratamientos en el sector salud que comenzó el año pasado y se agudizó con el arranque del Insabi, y ni siquiera el crecimiento 0% de la economía el año pasado, le afectaron su imagen y sus niveles de aprobación.

Pero eso no significa que la percepción del Gabinete sea la misma. Hay varios secretarios, de los que ocupan áreas clave para la administración pública, que no solo están rebasados y desgastados, sino que ellos mismos han dado por hecho que están en sus posiciones solo como figuras de adorno que salen en eventos y ocupan reflectores, pero cuyas funciones sustantivas les han sido arrebatadas en la mayoría de los casos por el propio Presidente, que decide casi todos los asuntos importantes del Gobierno federal, y en algunos casos por otros secretarios del Gabinete como Marcelo Ebrard, quien realiza funciones extralegales en varias áreas gubernamentales.

Así que quien esté en espera de cambios y ajustes fuertes en el Gabinete que espere sentado. Para López Obrador, en su visión muy particular de la realidad, las cosas marchan muy bien en su Gobierno y en el país, y aun cuando sus mismos asesores se lo sugieran, no planea en este momento hacer movimientos bruscos en su equipo.

Alguna vez, recién llegado a la Presidencia, Andrés Manuel les ofrecía a los mexicanos que él no iba a tolerar gentes ineficientes en su equipo: “El que no funcione se va”, decía. Hoy en la complacencia del poder y con niveles de aprobación de 72% en el arranque del segundo año, el Presidente se siente tan a gusto que se pregunta ¿cambios? Para qué si la gente me apoya y todo va de maravilla.
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