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Teresa Guajardo Berlanga
Teresa Guajardo Berlanga
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11 Julio 2018 04:00:00
Disminuir la desigualdad social
A lo largo de la historia, tanto en nuestro país como en otras sociedades ha habido numerosos debates y conflictos relacionados a la dirección que debería tomar la economía para el beneficio de las personas. Muchas personas defienden la economía de mercado o capitalismo, mientras muchas otras lo están a favor del socialismo.

En la mayoría de los casos, esta disyuntiva está fundamentada en la desigualdad social, una de las consecuencias más visibles de las decisiones en materia económica. Esta problemática social afecta a la mayoría de las personas, prueba de ello es nuestro país, y nos involucra a todos. Los dueños de los medios de producción no desean sacrificar ni utilidad ni eficiencia, mientras que la clase trabajadora anhela mejores condiciones laborales y una vida más digna.

El análisis ético de esta problemática es fundamental. Es igualmente importante entender el marco teórico y los resultados en la práctica de los modelos económicos mencionados anteriormente. De esta manera, será posible encontrar maneras de evitar que la dignidad de las personas se siga deteriorando.

La economía es una ciencia que ha estado presente en la historia desde el inicio de su estudio en la Grecia antigua. El mundo en el que vivimos ha evolucionado conforme ha pasado el tiempo; de la misma manera lo han hecho las personas que en él habitan y sus costumbres. Hay que mencionar que la economía ha cambiado muy poco su esencia: es el estudio de cómo la sociedad administra sus bienes escasos, así como el estudio de los seres humanos en su entorno y las instituciones que influyen en la toma de decisiones de los individuos. Gracias a esta evolución, existen diferentes corrientes de pensamiento económico, como las mencionadas anteriormente, que influyen en la manera que el mundo funciona.

A pesar de que el socialismo está fundado en valores nobles, como justicia, equidad y empatía, falla en el momento en que atenta contra la libertad de los individuos; especialmente si la consideramos como una característica fundamental de las personas. Además, no hay que olvidar que al seguir esta forma de organización económica no se alcanza el mayor nivel de bienestar, como lo demuestran los casos presentes en la historia.

Por otro lado, a pesar de las numerosas críticas que se le han hecho, el capitalismo está fundado en valores benéficos para el ser humano. Tomemos en cuenta la libertad, la justicia, la solidaridad y la generosidad. Un punto fundamental a favor de este modo de organización es la posibilidad de alcanzar el bien común, aquello que es algo por lo que se trabaja en las diferentes sociedades.

Si bien es cierto que el capitalismo no es perfecto, sí podemos decir que es perfectible. Prueba de ello son las políticas sociales implementadas a lo largo de los años y la mejora en la calidad de vida que se ha visto como resultado. Hay que recordar que son las virtudes vividas por el hombre, con sus respectivos errores lo que hacen que el mercado funcione. Es nuestra responsabilidad como seres humanos vivir en la ética y en los valores para poder desarrollar aquella ciudadanía activa por la que hemos trabajado, una con menor desigualdad y mejores oportunidades para las personas, elevando la calidad de vida y dignidad de las mismas.
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