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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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14 Junio 2018 04:00:00
Después del clímax
Muchos años nos estuvo prohibido hablar del tema; cualquier mujer abordando el tópico entró como descocada al club de las insensatas. Hablo de tiempos cuando las féminas debían apegarse a la disposición de los hombres en los horarios, las formas y los modos dispuestos por ellos.

Estoy hablando de política. La buena noticia es que ahora las mujeres también participamos de todas las formas posibles y no es dado elegir cómo, a qué hora y con quién queremos estar gobernadas; la mala, es cómo, igual que los varones, nos dejamos llevar por una descarga adrenérgica temporal. Luego la euforia pasa.

Refiero al asunto un poco por la época y un mucho por la historia. En víspera de elecciones, los ánimos están arriba; todos nos creemos capaces de cambiar el mundo –el nuestro, el inmediato, porque no existe otro- y tratamos de anexar a medio mundo a la mejor causa, sobre la que estamos honestamente convencidos. En estos días hay un hervidero de pasiones, una adrenalina política. Pero ¿qué sucede después del clímax? Haré una analogía con otro acto igualmente pasional y propio de la humanidad: antes del amor, cualquiera dice “mañana nos casamos”; después del clímax, la frase deriva en: “bueno, no hay que apresurarnos”.

Lo sé de cierto por dos razones: tengo edad suficiente para reconocer esos ciclos y relatos bastantes sobre la laxitud de las decisiones posteriores al clímax electoral. Ayer mismo recibí tres invitaciones por facebook: una protesta silenciosa, una asociación para combatir a los gobernantes corruptos, emulando a gente de otro país y una invitación en pro de conmiserar a quienes no desean votar por el PRI. Mis ofertas las he planteado los últimos cinco años y aún no tengo, ni siquiera, el “Me gusta” prometedor.

¿Acaso debo plantear mis proyectos solo en tiempos electorales? Me niego a ello, porque tengo la mala costumbre de planear sobre lo sustentable, y los modos políticos efímeros son los que, en estos tiempos, dan un toque a las personas. Esto de dormirse después del clímax definitivamente “ya no me gusta”.

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