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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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28 Enero 2020 04:07:00
De marranos, chicharroneros y otras fábulas
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Lo peor que le puede pasar a un gobierno y a un gobernante es cerrarse y escuchar solo a quienes piensan igual que él y alaban su proyecto, sin atreverse jamás a decirle cuando algo no está bien o está equivocado. Descalificar a rajatabla a las opiniones disidentes y considerar que toda crítica o cuestionamiento representa la voz de un enemigo político, lo único que hace es que los gobernantes se aíslen a percibir solo una visión unilateral que los va distanciando de la realidad y de sus gobernados, al tiempo que fomenta una intolerancia autoritaria hacia todo aquel o aquellos que no sigan ciegamente la visión oficial.

Algo no está bien cuando un subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, la dependencia constitucionalmente encargada de velar por la gobernabilidad, de conducir el diálogo político con la oposición y con los otros niveles de Gobierno y cuidar la protección de los derechos humanos, decide llamar “marranos” a “los malquerientes de la 4T” y colocar al Gobierno como un “chicharronero” que debe hacer “oídos sordos” ante “los chillidos” de los cerdos, algo no está bien en la percepción y la visión política de quienes detentan el poder.

Porque se puede rebatir y debatir con argumentos e incluso, como defiende constantemente el presidente López Obrador, el Gobierno puede hacer valer el derecho de responder a sus críticos y discutir sus cuestionamientos. Pero se esperaría que, desde el jefe del Ejecutivo hasta sus colaboradores de gabinete, mostraran más altura, sensatez y sensibilidad política para entender que, por su condición de gobernantes y representantes del poder público, le da un peso y una resonancia mayor a sus palabras y que, cualquier respuesta dada a un crítico del Gobierno, sea este político opositor, periodista, analista, activista, representante de la sociedad civil o cualquier simple ciudadano, toma otra dimensión cuando quien la pronuncia es un funcionario público con poder.

La desafortunada cita del subsecretario de Gobernación -tomada de un refrán popular que no por serlo es menos fuerte y directo en la intención de sus palabras- se produce justo en un contexto de polarización y violencia verbal que exacerba las diferencias políticas e ideológicas entre los mexicanos y que abona a un ambiente enrarecido y crispado en la vida pública y política del país. Generalizar con la expresión “malquerientes de la 4T” a quienes piensan distinto o ejercen su derecho constitucional a la libre expresión y a la crítica hacia el Gobierno ya es cuestionable viniendo de un abogado experto en temas legales como es Ricardo Peralta, pero equiparar a esos críticos con “marranos” que emiten chillidos y al Gobierno de López Obrador con un chicharronero es, a todas luces, un desacierto mayúsculo y una falta de seriedad y de mesura políticas.

Lo más terrible es que en su dicho popular el funcionario que debe velar por la gobernabilidad y la estabilidad políticas evoque algo tan violento como el sacrificio de un cerdo. Porque aun en la matanza a cuchillo, que es la forma tradicional o incluso en la masacre más regulada y tecnificada de los rastros, a ningún puerco se le debe sacrificar sanguinariamente y sin antes haberlo aturdido de un golpe en la cabeza o con algún tranquilizante que le disminuya el dolor, según establece la Norma Oficial Mexicana que regula los sacrificios animales en nuestro país. Así que, antes de meterse a “chicharroneros” valdría la pena que los funcionarios del Gobierno federal entendieran un poco más cuál es el papel y la responsabilidad que tienen en sus cargos. No vaya a ser que, de sacrificio en sacrificio, nos lleven a todos al matadero.

Y ya para rematar, ahí le va al subsecretario otro refrán, menos violento y agresivo que el suyo, ahora que anda metido en el lenguaje carnicero: “Por San Andrés, toma el puerco por los pies; si no lo puedes tomar déjalo para Navidad”. Y si no lo toman, en una de esas el marrano los sorprende en el 2021.


NOTAS INDISCRETAS…

En el tema de la velocidad de contagio del coronavirus “2019-NCOV”, hoy la Secretaría de Salud del Gobierno federal tendrá que rectificar lo que dijo la semana pasada el subsecretario Hugo López Gattel. Porque el funcionario nos dijo a los mexicanos que “no hay motivo para alarmarse porque la capacidad de contagio de este coronavirus es muy lenta y eso lo hace menos peligroso”. Ayer la Organización Mundial de la Salud tuvo que reconocer que se equivocó al subestimar como “bajo” el riesgo de una pandemia mundial por la transmisión del virus y cambió a “alto” ese riesgo. Los dados mandan Escalera doble. Mejora el tiro.
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