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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. joelgarciaalmaguer@gmail.com

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18 Agosto 2019 03:48:00
A Horas Truncas
De pronto cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar como suelen hacerlo en los campos. Es cálida. Los colores verdes del valle y de los bosques comienzan a fundirse lentamente con el azul del cielo, que se vuelve cada vez más oscuro.

La noche se acerca y en el horizonte la luna sonríe como el gato de Cheshire. El aroma rural se percibe y se mezcla con el balar de las ovejas que a lo lejos comienzan su diálogo nocturno. Loustique, el león del campo, anda con parsimonia al lado de nosotros, callado como un hombre sabio.

La mesa que habíamos dispuesto para charlar parece una pintura impresionista en la tela de la noche. Es blanca y forjada, una mesa de jardín común y corriente. Sentarnos a conversar en ella es un pequeño ritual, un ponernos al día como lo hacen dos amigos que hace tiempo no se ven, pero que no dejan de sentir la confianza de estar ahí, bebiendo un digestivo mientras las reflexiones sobre la vida y lo que nos ha acaecido van surgiendo poco a poco. Pocas palabras. Las necesarias.

La música y los libros no faltan en esta sobremesa al filo de la medianoche. Miro mi reloj mientras Louis busca la música que su esposa ejecuta en un cuarteto de tangos contemporáneos. De pronto, mientras veo unas nubes dibujarse al horizonte, el sonido de un bandoneón emerge lentamente, acompañado de un cello lánguido, doloroso y dulce a la vez.

Es el Cuarteto Lunares que me presenta mi amigo con una admiración plena por la música que hace su mujer. La pasión desborda en cada compás, una pasión incontenible que el cuarteto logra transmitir y hacer sentir. Como todo tango contemporáneo desde Piazzolla, los ritmos percutidos son casi una obsesión, pero las disonancias que estos compositores desconocidos ejecutan, provocan sensaciones diferentes, más intensas y profundas.

No hay una concesión a la sensiblería musical. El insomnio es el equilibrista que busca no caer del lado de la cordura, pero tampoco de la desolación. Se balancea, de un lado a otro mientras el cuarteto se pierde entre cuerdas que juegan, pero que pueden llegar a ser agresivas, peligrosas.

No hay un momento en el álbum que escuchamos en el que se menosprecie algo. Y es ahí, en esa noche, que descubro una música nueva, entre charlas y noches de desvelos. Pero el tiempo se acerca a horas truncas, como el álbum que escucho de nuevo en Spotify, sentado frente a la computadora, y agradezco el placer de encontrar amigos en lugares lejanos, pero que permanecen cerca gracias a la música.

11 Agosto 2019 04:00:00
El cosmos Mahleriano
Entre los años 1888 y 1910, Gustav Mahler compuso sus sinfonías. La décima la dejó inconclusa, pues solamente llegó a finalizar el primer movimiento y dejó algunos esbozos y estructuras para movimientos posteriores. Sin embargo, ya desde la primera sinfonía nos ha dejado claro –al menos para nosotros que vivimos muchos años después–, que todas ellas son un ejemplo de la grandeza del género sinfónico y que con él alcanza, quizás, sus más altas cimas.

De naturaleza compleja y de formas densas que ejercen la atención no solamente por parte del ejecutante sino también del espectador, escuchar a Mahler es dejarse elevar a esferas cósmicas, pues sus sinfonías no son terrenales. Todas ellas requieren de una masa sonora que exige, sin concesiones, a un gran número de músicos, lo que dificulta su ejecución en vivo –al menos para gran parte de las orquestas–, pues de desear interpretarlas, una orquesta común requeriría de la contratación de muchos músicos extras y esto conlleva no solo un gasto mayor, sino una logística detallada para lograr un buen resultado, pero no temamos, ya que vivimos en la época de lo virtual en la que podemos acceder a maravillosas interpretaciones de sus obras, como las que pude enfrentar y disfrutar estas semanas.

De Leonard Bernstein nos quedan grabaciones de las sinfonías de Mahler, y fue esta integral la que aprecié durante mi estancia en Europa. Entre calles y caminatas sin rumbo llevaba, de tanto en tanto, una sinfonía escuchada por movimientos, con calma y con repetición. Debo confesar que considero a las sinfonías de Mahler como un reto para alguien que busca en la música algo más allá de la sensiblería y la emoción fácil.

El mismo Hans von Bülow se tapó un día los oídos al escuchar la Segunda Sinfonía, diciendo casi neurótico: “Si esto es música, entonces yo ya no sé qué es música”. Si uno de los mayores personajes de la música del postromanticismo (quien descubrió a Strauss y dirigió a Wagner), dijo eso alguna vez, ¿qué podríamos esperar de oídos terrenales como los nuestros? Pero que esto no nos amedrente ni nos detenga. Acceder a las más altas cumbres de la belleza artística siempre ha requerido un esfuerzo porque, en muchas ocasiones, lo bello no es fácil.

Dentro de todas estas casi advertencias, quisiera puntualizar que mi objetivo es justamente lo contrario: que nazca el interés por su parte, de adentrarse en un cosmos musical donde las transfiguraciones son constantes, donde experimentamos un arrebato de emociones y de sublimaciones que pocas veces tienen igual.

Quien sabe, quizás al finalizar la Octava Sinfonía, llamada De los Mil, entonemos junto con el Chorus Mysticus, la cita al Fausto de Goethe: Alles Vergängliche Ist nur ein Gleichnis (Todas las cosas transitorias son solo parábolas); aquí la carencia se tornará en derroche; aquí lo indescriptible se verá realizado.
28 Julio 2019 04:00:00
Caminar en Lyon
Estoy en Lyon, en el Vieux Lyon. La parte más antigua de la cuidad. Una de las ciudades medievales mejor conservadas en la actualidad. Caminar por sus calles es ya un placer para los sentidos. Sus calles angostas, sus edificios altos que parecen juntarse en lo alto; los cafés y bares típicos, con sus mesas sobre la banqueta que invitan a sentarse a seguir admirando la belleza desde una taza de café; los museos que hay en esta zona que no debo dejar pasar.

Más allá de esta zona, la actividad se vuelve más cotidiana y comienzo a ver personas que durante el fin de semana salen a correr por la ribera del Ródano que atraviesa la ciudad junto con el Saona, hasta llegar al Parc de la Tête d’Or, donde se congregan familias para pasar un sábado soleado. Entre las calles de ese Lyon más cotidiano, hoy visito los mercados locales que se ponen en algunos parques. Embutidos, tan famosos en este lugar, quesos como para quedarse a degustar el tiempo que hiciera falta y frutas y legumbres que los agricultores y granjeros producen, se venden frescos, a más no poder.

La explosión de colores saltaba a la vista y puedo sentir el sabor de todo lo que miro. Mientras mis pies siguen deambulando sin rumbo, a la espera de encontrar sorpresas, paso por el auditorio de la Orquesta de Lyon, un animal de concreto, enorme, monolítico, que espera la temporada tras el verano.

Aquí, como en todo Europa, las actividades musicales y de arte en general, se detienen para dar lugar al descanso. Por lo que no es posible asistir a algún concierto, salvo algunas excepciones quizás. Pero esto no importa porque caminar por las calles de Lyon es suficiente ya.

De tanto en tanto, me detengo en alguna iglesia para admirarla, en algún jardín o plaza con sus fuentes donde las personas se refrescan con los pies metidos dentro de su agua cristalina. Y ahí, en momentos, me sumerjo en la música. Me pongo los audífonos y comienzo a escuchar, esta vez, un álbum de Natalie Dessay, quien naciera en esta ciudad en el año de 1965 y quien actualmente se dedica principalmente a la música de recital.

El álbum Entre elle et lui, junto al compositor y pianista galardonado Michel Legrand, me inunda con su música suave y seductora. La voz aterciopelada de Natalie transforma el entorno, lo envuelve como una lluvia suave que lo cubre todo, mientras la música de jazz del conjunto de Legrand me anima a seguir caminando entre las calles de una ciudad que esconde algún bello secreto detrás de una esquina.

Álbum de la semana: Entre Elle et Lui. Spotify.
21 Julio 2019 03:50:00
Nadia Boulanger
Daniel Baremboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, Georgr Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla tienen en común a una mujer que fue un pilar para la música en el siglo 20: Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente. dueña De una mente prodigiosa, a la edad de 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, y 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach. Nadia fue alumna del amigo de la familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años, se convirtió en la organista suplente del compositor en la iglesia de la Madeleine.

Con apenas 16 años ganó el Gran Premio de Roma de Composición, el cual también ganó su hermana Lili Boulanger, siendo esta la primera mujer en ganar tan perseguido premio.

Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía.

En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella. Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales, pasaron también cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 estudiantes fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo 20. Una soltera a quien siempre llamaron “mademoiselle”, y quien fue una fervorosa creyente católica que enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años.

Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlos por el camino que cada quien deseaba seguir. Quizás mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Y eso hizo que respetara la búsqueda de cada discípulo que tuvo y también guiarlo de manera completa para que lograran su propio deseo.

Así, Mademoiselle fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass. Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento, y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música.

Un domingo como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20. Y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.
14 Julio 2019 03:00:00
Dream. John Cage.
Los pájaros se despiden del día, ocultos entre los árboles. La luz de la tarde se puede tocar con los dedos, siento su roce por mi piel mientras se abren paso por entre los árboles del bosque hasta tocar el suelo con su resplandor. El silencio es casi total. Camino por entre la vereda cubierta de hojas de otoño. Los colores ocre en distintas tonalidades le dan al paisaje un aura especial. Miro mis pies avanzar por entre la senda que asciende la breve colina.

El frío me reconforta y me hace sentir despierto, me refresca el rostro mientras balanceo las manos durante el ascenso. No hay nada más que un bosque otoñal que está a punto de dormir un largo invierno, hojas apiladas en pequeños grupos formados al azar y una alfombra húmeda de hojas de otoño. Sin embargo hay algo que no encaja con la realidad, pienso.

De pronto me doy cuenta de la razón por la que tengo esta sensación. Es un sueño. Entonces levanto la mirada y miro al sol de la tarde despidiéndose entre las ramas de los árboles y lo siento real, pero mi cuerpo casi incorpóreo siente su cálida caricia. Al mirar hacia lo alto de la colina veo, del lado derecho, una cabaña de concreto. Más que una cabaña es una casa en mitad del bosque. Me recuerda a esas casas de los años 70 construidas entre calles empinadas, pero aquí está sola en medio de este lugar. Un coche antiguo de dos plazas aparcado en la cochera principal duerme como un animal amaestrado. Como una esfinge. Me acerco a la casa y llamo a la puerta, pero no hay nadie y esta cede sin la mayor resistencia. Sin temor, que quizás debería sentirlo, entro en la casa.

Curiosamente me siento tranquilo, con ese estado que los griegos llamaban ataraxia. Serenidad. La casa está vacía y tanto el piso de madera como las cortinas que danzan con el viento delante de las ventanas abiertas me revelan que no ha sido habitada en mucho tiempo. Mis pasos resuenan en el eco de esta soledad y mi corazón casi reverbera entre las paredes, sereno. Sin pensarlo me dirijo a la cocina, que encuentro vacía también salvo un detalle que pronto salta a mi mirada. En lugar de una isla común y corriente se encuentra un piano de cola cubierto de un polvo fino. Escucho el silencio y me acerco al piano con su tapa abierta.

Veo el bosque tras las ventanas de la barra de la cocina. Miro alrededor hasta detenerme en el teclado del piano que me resulta extraño. Sus teclas viejas están hechas de marfil y piedras preciosas, pero de una manera delicada, nada ostentosa, como si esperaran una música especial. No las toco, y me alejo como quien sale de un santuario. Un sueño, me repito, mientras me desvanezco lentamente.
30 Junio 2019 03:00:00
Cuadros de una exposición
En 1874 nace uno de los pilares de la música del siglo 20, Arnold Scönberg, cuya obra cambiaría radicalmente la teoría musical y, aunque aún hoy tenemos su sistema dodecafónico, cabe destacar que siguen conviviendo múltiples sistemas de composición y reglas teóricas, los que da lugar a una riqueza de elementos para la composición sin igual.

Este año de 1874 nace Charles Ives, compositor estadounidense quien nos deja con preguntas sin responder, como su obra La pregunta sin respuesta, donde las cuerdas apoyan como un remanso las preguntas planteadas por una trompeta. En 1874 también nace otro pilar del mundo de las artes, en este caso la literatura: Gertrude Stein quien además de tener una aguda visión del mundo, fue una visionaria en el mundo del arte, gracias a lo cual Picasso, Cézanne, Matisse, Toulouse-Lautrec entre otros pudieron impulsar más aún sus carreras. Las primera exposición de los llamados Impresionistas también se da lugar en este año, un año en el que Bedrich Smetana comienza la composición de su obra más afamada: Má vlast. Pero lo que me trae a este año no es ninguna de estas consideraciones previas, si bien sirven de marco para resaltar la importancia de una de las obras para piano más emocionantes del repertorio musical que influirá en el futuro musical.

Me refiero a los Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski compuesta en el año de 1874. Una obra de exigencia técnica notable y que entra dentro de la llamada música programática, es decir aquellas composiciones que tienen la intención de evocar una imagen específica. De ahí que la obra, compuesta de 10 piezas, evoquen cuadros del amigo del compositor e intercala una promenade cuya característica musical nos recuerda una marcha fúnebre, pero a la vez llena de majestuosidad. Victor Hartmann el pintor y amigo de Músorgski recién había fallecido por lo cual el compositor, a manera de homenaje compone esta magnífica obra. Por desgracia nos quedan pocos registros de los cuadros en los que se basa para crear esta obra musical, aunque podemos encontrar algunos. Sin embargo una cosa nos queda clara: la obra musical sobrepasa al tiempo de una manera superior a la pictórica.

Los Cuadros de una exposición son un ejemplo también de la filosofía musical del Grupo de los Cinco: Mili Balákirev, César Chi, Modest Músorgski, Nikolái Rimski-Kórsakov y Alexandr Borodín, quienes con sus aportes a la música y su adhesión al pensamiento nacionalista, heredaron al mundo obras magníficas, pero también una visión del arte musical que adoptarían otros países, entre ellos México. El potencial tímbrico de la obra no escapó a Maurice Ravel quien en 1922 orquesta maravillosamente la obra. Sin embargo las líneas se me terminan y es menester prestar oídos a esta obra tanto en su versión para piano como orquestal. Que la disfruten.
23 Junio 2019 03:00:00
Divagaciones sobre la Patética
Apenas me di cuenta cuándo dejé de estar en el lugar que me encontraba sentado. La interpretación de la Sonata No. 8 en Do Menor, Op. 13 de Ludwing van Beethoven de mi alumna no era particularmente evocadora. Más bien mecánica y desentendida. De esas ejecuciones por parte de personas con demasiado talento, poca emoción y aún menos intenciones de dejarse llevar por las tormentosas emociones de un compositor como Beethoven.

Pero en un momento dado, quizá debido al cansancio de un viernes por la tarde o la urgencia de sentirme arrastrado por la rabia del primer movimiento, dejé de escuchar. Dejé de estar donde me encontraba y me vi a mí mismo sentado en casa de mis padres, con la luz polvosa que entra por la puerta principal en las tardes de verano.

El equipo de audio Panasonic era de esos que podían leer cassettes y vinilos, pero no cds porque aún no eran comunes. Con una taza de café en la mano estaba dispuesto a escuchar no la Patética sino la Sonata Op. 27 No. 2 en Do Sostenido Menor Quasi una Fantasia, que desde siempre he llamado como todos Claro de Luna.

La interpretación de Emil Gilels me emocionaba mientras crepitaba el vinilo de La Música Más Bella del Mundo, famosa colección de música clásica del Reader’s Digest.

Eran los tiempos de buscar la música, de tener unos cuantos discos, todos ellos de mi madre, y escucharlos una y otra vez hasta que las notas se adherían a la memoria. Ya en ese entonces vivir en medio de la fantasía era una necesidad que buscaba a cada momento.

Por eso me enamoré de la música y decidí dedicarme a ella. Poner uno u otro de los vinilos de la colección era un placer que ya sentía nostálgico incluso en ese preciso momento.

El concierto No. 21 Kv. 467 para Piano y Orquesta de Mozart también vino a mi cabeza mientras mi alumna seguía sin interés alguno y con una lectura casi impecable las notas del segundo movimiento de la sonata.

El sonido del piano estaba ahí, vibrando entre las paredes del salón y un poco modificado por las aspas de un ventilador de techo que removía mis recuerdos. Miré mis manos que seguían las notas de esa tonalidad de la bemol tan apreciada por Beethoven y me di cuenta de que la emoción por la música sigue ahí, infatigable, inagotable, cada vez más grande entre los afanes de la vida diaria.

Por eso me fugué durante esa hora de clase, con la ayuda del sonido de un piano un tanto desafinado y la interpretación de mi alumna, aunque fuera un momento, un pequeño instante de infinito.
09 Junio 2019 03:54:00
La obra más lenta jamás creada
Nueva York, 1985. Está frente a la ventana. Mira la ciudad moverse a una velocidad estrepitosa. El ruido del mundo es como un mantra para él en ese momento. En medio del silencio, en su cabeza solamente hay un acorde que suena. Simple. La, do, fa sostenido. Sus dedos se mueven apenas repitiendo lo que su cabeza acaba de escuchar. La3, do4, fa#4, repiten sus labios sin pronunciar palabra.

Su mirada atraviesa el cristal de la ventana mientras sus labios, sus dedos y su mente permanecen en calma alimentados por las tres notas. De pronto, el rostro sereno de John Cage repite lentamente, como creando palabras nuevas, como un idioma traído de tiempos inmemoriales: As Slow As Possible y sus palabras apenas perceptibles reverberan en la habitación. As Slow As Possible, repite en un tono místico y sus ojos brillan delante de la epifanía.

Halberstadt, Alemania, 1361. La noche comenzaba a caer y Nicolaus Faber daba los últimos ajustes al órgano de la iglesia San Buchardi. Su creación estaba lista para honra y gloria del Eterno. Con reverencia, Nicolaus alzó los ojos al Cristo crucificado emulando a manera de gracia reverencial: consumatum Est, y posó la mirada en el órgano que acababa de construir.

La iglesia, construida el año 1050 era testigo de la invención del teclado de 12 notas y Nicolaus Faber reconocía con humildad que quizá sería ese un momento histórico. Por eso, en silencio y adoración, dirigió sus pasos a la puerta y salió reverente. Años más tarde, un músico de Halberstadt, el más prolífico de la historia, haría música en ese órgano.

1997. Un grupo de músicos y filósofos se preguntan sobre las implicaciones de la indicación de Cage. As Slow As Possible, repiten y se llenan de estupor. Tienen la revelación lo que deben hacer, 639 años después de la construcción del órgano de Faber, ya en el año 2000 comenzaría la interpretación más larga de la historia.

En el histórico lugar, Halberstadt, un órgano comenzaría con apenas seis tubos a interpretar la obra de manera automática. Los primeros silencios de la obra duraron 17 meses y de pronto, el 5 de febrero de 2003 un primer acorde: La3, do4, fa#4. La interpretación de la partitura seguirá hasta el año 2639. Años en que seremos polvo y el arte seguirá siendo eterno… siempre y cuando exista alguien para apreciarlo.

Álbum de la semana: ASLSP, John Cage. Spotify.
26 Mayo 2019 04:02:00
Amjad y la danza
La danza clásica es una de mis pasiones, una de las expresiones artísticas que más disfruto. Parte del trabajo que he realizado en mi vida como músico es el acompañamiento de clases de ballet clásico y no dudaría en afirmar que es de las actividades que más me llena, si no es la que más.

Sentarse al piano e improvisar temas que se adecuen a los ejercicios que el maestro de técnica pide a los alumnos y buscar una intimidad con los cuerpos, el movimiento, el sonido y la música es una experiencia que vivo con mucho placer.

Siempre he considerado que la danza contemporánea, esa que comenzó con Duncan o Graham y ha explorado cada vez más la abstracción de los cuerpos se asemeja en mucho a la música.

Tanto danza como música son una manifestación artística en la que no necesitamos saber de elementos técnicos para poder disfrutarla. Al menos de primera impresión. Son artes que llegan directo a nuestros sentidos, la vista o el oído, y que basta con tenerlos atentos para dejarnos invadir por la experiencia. No así la literatura, por ejemplo, que requiere de la capacidad de leer el idioma en que está escrito un libro.

Ya en el siglo 20, muchas de las artes buscaron explorar dentro de la abstracción para poder ampliar sus posibilidades creativas.

La pintura, por ejemplo, con Wassily Kandinsky, tomaba elementos de la música para titular sus obras. En fin, que la danza contemporánea con exponentes como Sasha Waltz, Pina Bausch, Jirí Kylián o Maurice Béart, por citar algunos estupendos intérpretes, busca esta expresión abstracta de los cuerpos. Un acercamiento a lo que la música ha hecho desde siempre y de manera natural.

Claro, existe la música de programa o el impresionismo que busca retratar un momento o historia. Sin embargo la música nunca podrá decirnos algo en concreto, siempre serán posibilidades, provocaciones e interpretaciones. De ahí su riqueza.

La música que recomiendo esta semana esta basada en obras de Piotr Ilich Tchaikovsky y sus grandes ballets. Creada por Gavin Bryars y David Lang e interpretada por el pianista Njo Kong Kie y un ensamble de dos violas y chelo.

Esta música fue creada para coreografías de Édouard Lock, el coreógrafo que dio forma en 1980 en Montreal, Canadá, a la afamada compañía de danza La La La Human Steps.

Sin importar si vemos o no las coreografías, que sugiero ampliamente buscar en internet, la música nos invita a la danza, a dejarnos llevar por el movimiento.

La combinación de dos artes, la música y la danza, esta semana es la sugerencia que estoy seguro no los defraudará. Que le disfruten.


Álbum de la semana: Amjad. Njo Kong Kie. En Spotify.
19 Mayo 2019 03:00:00
Wagner incommensurable
Pasos que se acercan cada vez más, pasos más ansias por estar sobre la alfombra roja de un lobby largamente esperado donde la música suena y se mete por todos los poros de la piel, de la mente, del intelecto, de la emoción. Pasos que cuento uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta olvidar y volver a comenzar y las calles se conviertan en movimientos que cuento con los dedos de la mano uno dos, tres, cuatro, cinco, una calle menos, un semáforo más.

La lluvia nos envuelve en un silencio expectante, esperamos, avanzamos boleto en mano hacia el teatro Metropolitan Opera House, donde la música transformadora de Wagner aguarda como un coloso dormido que a punto está de conquistarnos y arrebatarnos entre sus manos.

La primera de cuatro noches está por comenzar y vislumbramos apenas alzando la mirada los arcos del teatro mudos testigos de música inmortal. Gente caminando en trajes pulcros y zapatos llamativos, vestidos brillantes que portan las mujeres y hombres del lugar.

Un candelabro otras veces admirado desde la mujer desnuda y fría como el metal que nos espera desde el segundo piso muda, callada ,silenciosa, dejando que las estrellas que penden de la lámpara la bañen de luz.

Los minutos pasan y observo observamos, callado, callados, espero esperamos en silencio entre risas nerviosas porque lo largamente esperado comience a ser.

Sin notarlo apenas, los ojos se van acostumbrando a la penumbra que lentamente se posa sobre el auditorio rojo, dorado, pulcro, elegante y levanto la mirada para observar cómo los astros se alzan despacio para dejar lugar a la oscuridad.

Me siento en mi butaca y con el dedo índice pulso tres veces el botón rojo frente a mí hasta llegar a los subtítulos en español. Una lluvia de aplausos comienza desde una brisa imperceptible hasta llegar al estruendo de la tormenta.

Sabemos que vivimos un momento memorable inconmensurable mitológico ancestral arcano iniciático testigos del destino trágico de Wotan, Fricka, Freia, Loge, Erda, Alberich, Sigfrido, Fasolt, Fafner y de todo el panteón que compone El Anillo del Nibelungo. Veinticinco años le tomó a Richard Wagner terminar toda su visión, su drama musical, su Gesamtkunstwerk obra de arte total.

Poco más de 15 horas nos tomará a nosotros recibir la revelación, la iniciación a algo que por toda la vida voy a recordar. Entra Philippe Jordan y mis manos aplauden y dejan de aplaudir para sentir el terciopelo entre mis dedos casi trémulos, mientras las notas casi imperceptibles comienzan a sonar, a llenar, a cautivar.

Sin palabras sigo para describir lo que por una semana viví al escuchar a Wagner en el Metropolitan Opera House, en Nueva York. Me temo que el tiempo pasará y seguiré incapacitado para transcribir en palabras lo que esa experiencia significó para mí.
05 Mayo 2019 03:53:00
Tiffany Poon
Con ansias tomé mi lugar en el bello teatro Calderón de la ciudad de Zacatecas.

El color rojo aterciopelado de sus asientos me hipnotizaba y reconfortaba. La calidez del pequeño lugar me disponía para disfrutar de un programa intenso tanto para el auditorio como para la orquesta sinfónica de Zacatecas o cualquiera que se atreva a ejecutar la obertura de La Forza del Destino, el concierto No. 3 de Sergei Rachmaninov (1873-1943) y la sinfonía No. 1 de Johannes Brahms (1833-1897), que algunos, ya en años del compositor llamaban la décima sinfonía, por alusión a la clara influencia Beethoveniana sobre el compositor alemán. Todo este banquete en la misma noche, en el mismo lugar.

Pero lo que me tenía asido de mi asiento era  escuchar a una de las pianistas más puras que conozco actualmente. Me refiero precisamente a Tiffany Poon, quien desde hace algunos meses ha cautivado mi corazón en tanto a música para piano se refiere.

Tiffany (Hong Kong, 1997) ha sido becada por la Juilliard School a sus 8 años, para tiempo después obtener un grado de Artes y Filosofía por la universidad de Columbia. Luego de esto una maestría en la célebre universidad de Yale.

Merecedora a varios reconocimientos ha lo largo de su joven vida, podríamos pensar que tiene la vida resuelta porque es una virtuosa del piano. Pero la verdad es que, aunque sí es una virtuosa, ella nos hace entender el mundo de un músico con talento.

¿Cómo es esto? Pues bien, Tiffany Poon, como muchos millennials, tiene un canal de YouTube. Y aunque no se considera una youtuber, nos comparte su vida como estudiante constante y profesional del piano. A través de sus videos podemos darnos cuenta del tiempo que invierte en el estudio y que la vida del virtuoso no es como romantizamos muchas veces.

La dedicación diaria es un factor determinante para que coseche los logros que hoy en día tiene. Y es a ella a quien me dispuse  a escuchar esa noche. En un piano de sonido pequeño, pero aterciopelado, que pudimos constatar en el concierto perfectamente ejecutado.

La técnica depurada y la interpretación tan directa y cristalina no dejaba duda: estamos frente a una de las pianistas que harán historia.

Esa noche de domingo, en la ciudad mágica de Zacatecas, así fascinado y absorto. Los sonidos del piano y la entrega de la orquesta me habían cautivado el corazón. Ajeno a lo que pasaba a mi alrededor, caminé por las calles empredradas de la ciudad en medio de una algarabía de festival.

En la plaza junto a la catedral cantaba sonoramente el tenor Arturo Chacón (Ciudad Obregón, 1977) un repertorio de mariachi, que invitaba a regresar y disfrutar del momento que se me presentaba: escuchar el talento de dos personas jóvenes que han cosechado éxitos no sólo debido al talento evidente y la fortuna sino a su esfuerzo constante e infatigable.

La música de Tiffany Poon se encuentra en YouTube y Spotify.
28 Abril 2019 03:22:00
Escaparate Clásico
La música del siglo XX rompió de manera tajante con muchas herencias artísticas que el romanticismo musical llevaba consigo. Y no solamente la música negó el pasado, sino muchas otras corrientes artísticas: la pintura, en muchas corrientes, como ejemplo notable; a la poesía tenía un rato traspasando límites. La arquitectura y la Bauhaus, Le Corbusier después, propusieron formas de diseño totalmente fascinantes.

Sin embargo esta ruptura de las artes con respecto al pasado generó una orfandad de la que no muchas manifestaciones saldrían victoriosas en la realización del objeto artístico. Es discutible esta finalidad del arte en un objeto artístico, dado que la justificación filosófica de la obra muchas veces se antepone ante la obra misma. De esta manera el resultado material no importa tanto como su idea. Ahí tenemos el desarrollo de filosofías estéticas variadas y muy interesantes como el postmodernismo. ¿Pero qué hacer entonces con toda la evolución de las artes hasta antes de este siglo XX tan polifacético, ya no anarquista o democrático? Evidentemente la negación resulta casi imposible: El dadaísmo incluso en su rebeldía necesitaba de las obras de Da Vinci para ponerles bigotes.

En música las vanguardias se manifestaron en el dodecafonismo, el serialismo y la atonalidad, por citar tres ejemplos, todas estas desarrolladas en el siglo del que hablamos, aunque la atonalidad ya tenía su trayecto iniciado desde décadas atrás. Pues bien, en el siglo XX la música y sus compositores son tan variados que parece vertiginoso, y casi imposible observar una línea clara de evolución musical. Cada compositor y cada obra sus propias reglas, sus propios límites traspasados. Esto una y otra vez. ¿Dónde queda entonces un rasgo del pasado, del romanticismo ahora tan vituperado?

Existen algunos compositores que pudieron unir el siglo precedente con el XX. Uno de los más notables fue Einojuhani Rautavaara. Este compositor y su obra son un ejemplo de cómo las vanguardias más intrépidas pueden convivir con la herencia de los compositores del pasado y aún así ofrecer una música que sea capaz de disfrutar la mayoría de la gente. En Rautavaara podemos escuchar toda una síntesis y unión de multitud de formas con un resultado cautivante y de extremada belleza. Su Cantus Articus Op. 61 o su sinfonía número 7, Angel Of Light son de tal perfección y espiritualidad que son transformadoras.

La profundidad emocional que encontramos en su concierto para piano y orquesta no están en pugna con una elaborada concepción técnica ni con la complejidad que es evidente. Los clústers, es decir el conjunto de numerosas notas ejecutadas al mismo tiempo, lejos de escucharse cacofónicos nos transmiten una fuerza sonora pocas veces lograda en algunas obras de otros autores. Sin duda Einojuhani Rautavaara es uno de mis compositores predilectos. Que lo disfruten.

21 Abril 2019 03:03:00
El evangelio según la otra María
El oratorio es sin duda el género musical más importante cuando hablamos de música religiosa. Dadas sus características que integran solistas, coros, un narrador y por supuesto la orquesta, es fácil enterarnos de porqué es una excelente opción cuando a un compositor se le presenta la tarea de componer una obra basada en textos religiosos. Por supuesto que el oratorio no es solamente de temática religiosa sino también secular, es decir no religiosa. Y, a diferencia de la ópera, el oratorio se representa como concierto, no escépticamente.

Ya desde el año 1600 tenemos registros de oratorios notables. Baste citar algunos cuantos como La Historia de la Resurrección de Jesús, de Heinrich Schütz, quien la compusiera hacia el año 1623. Tommaso Albinoni, aquel compositor del famoso Adagio, también tiene un oratorio llamado Maria Annunziata. Y por supuesto el Mesías, de Haendel y la Pasión, de Barthold Heinrich Brockes. Inspiradas en la narración poética de la pasión de Cristo –escrita por el mismo Brockes y que otros compositores también tomarían en cuenta posteriormente–. Y cómo dejar de lado Las Tres Pasiones de Johann Sebastian Bach. Mención a parte merece Jan Dismas Zelenka, quien cada año consolida su fama y se descubre más de él.

Los oratorios no sólo retratan la pasión de Cristo o su nacimiento, por supuesto, pero dadas las fechas es bueno recordarlos. Pero aunque podemos seguir mencionando una gran cantidad de oratorios con esta temática, el día de hoy quisiera hablar sobre uno que me llamó la atención hace algunos meses mientras buscaba en la infinita música en internet. Me refiero al Evangelio Según la Otra María, del compositor contemporáneo John Adams.

El libreto pertenece al controversial Peter Sellars, quien se basó en diferentes textos que van desde el evangelio apócrifo de María Magdalena, los canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, pero también de escritores tan variados como Rosario Castellanos, Rubén Darío o Hildegard von Bingen.

El lenguaje musical es totalmente contemporáneo, y aunque podemos catalogar a John Adams en algunas obras como minimalista, su oratorio no lo es en lo absoluto. Las disonancias y tensiones armónicas se suceden con frecuencia, pero también los pasajes de lirismo lleno de belleza y fuerza interpretativa.

La obra fue compuesta en 2013 y podemos escuchar dos versiones en Spotify. Una a cargo de la Filarmónica de los Ángeles bajo la batuta de Gustavo Dudamel y la otra con la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de sir Simon Rattle. Personalmente prefiero la segunda, ya que el tratamiento musical realizado por Rattle y ejecutado por la histórica orquesta es sin duda más refinado y sofisticado.

Algunos meses antes del estreno de este oratorio en 2013, el compositor Mark Adamo estrenó en la ópera de San Francisco El Evangelio de María Magdalena, una ópera de gran fuerza emotiva. Cabe mencionar que a esta ópera no es posible escucharla aún en las plataformas musicales, pero sin duda con la obra de John Adams bastará para pasar este domingo, o acaso una semana entera.

Así que sin más, dejo de escribir para que la música comience a escucharse en mi sala. Que la disfruten.
14 Abril 2019 03:10:00
Stabat Mater
Podemos verla al pie de la cruz, llorando desconsolada, afligida por ver a su hijo pender de esa cruz. La podemos ver en los antiguos códices de Aureus de Lorsch del siglo 11; podemos verla triste, con el rostro surcado por las lágrimas y las manos entrelazadas en un gesto entre la impotencia y el dolor en el retablo de Mathias Grünewald.

El dolor y el poder del relato bíblico no escapó tampoco a la paleta de colores de Tiziano cuando en 1558 pinta la la madre de Jesús casi desvanecida al pie de la cruz, mientras Santo Domingo se abraza con fe a la cruz del Mesías; y tampoco escapó a El Greco, quien, en 1590, pinta igualmente dolorosa a la enigmática María Magdalena junto a la madre. Y aunque vemos el relato en los evangelios, no es sino hasta el siglo 13 que el papa Inocencio III, junto a algún franciscano, crea la famosa secuencia que sigue vigente entre los compositores que buscan crear música basada en ese pasaje bíblico.

Enumerar aquí a todos los músicos que han realizado una obra sobre el Stabat Mater es una tarea inmensa. Sobre todo porque son más de 200, pero más que eso, porque he de confesar que no los conozco todos. Una tarea que merece la pena ser emprendida, dejemos constancia. Entre los más memorables está el de Giovanni Battista Pergolesi, quien dos semanas antes de su muerte, en 1736 a los escasos 26, legó al mundo una de las obras religiosas más conmovedoras de la historia. Pero también podemos recordar el de Josquin Desprez o el intrincado, pero majestuoso y místico, Stabat de Palestrina. Más que estos dos últimos, uno que me conmueve enormemente es el de Antonio Vivaldi.

En esta obra, el compositor italiano deja de lado el virtuosismo de incontables notas, para impregnarnos de una música dolorosa como el texto mismo. Pasajes llenos de dulzura por fuertes tensiones musicales que nos hacen sufrir junto a la madre al pie de la cruz. Y aunque los ejemplos que cito son de siglos pasados, también podemos constatar la perenne influencia de la secuencia en compositores posteriores: Schubert, o el mismo Dvorak. Pero no es sino hasta Francis Poulenc que podemos apreciar un abordaje del texto que nos puede llegar a erizar la piel a la vez que poner de rodillas. Arvo Pärt y Karl Jenkins merecen consideraciones aparte por estar vivos.

Todos los Stabat Mater que he escuchado puedo asegurarles que, sea cual fuere su postura frente a la fe o el tema de María Madre, pueden revelarnos un mundo musical que explora lo místico y que nos acerca a lo espiritual.

Podríamos parafrasear a Ciorán diciendo que cada vez que escuchamos un Stabat Mater todo nuestro escepticismo se tambalea. ¿Qué hombre no lloraría si a la madre de Cristo viera al tanto del suplicio? ¿Quién no se entristecería con la madre contemplando a su hijo doliente? ¿Quién no se conmovería al escuchar el dolor de la madre convertido en música tan maravillosa como éstas que aquí comentamos?

Sólo resta agregar, y más que todo desear, que espero fervientemente que el tiempo nos sea propicio y podamos escuchar en paz y recogimiento algunas de las sugerencias de esta semana. Que al escuchar esta música seamos arrebatados por un instante al Paraíso, que sin duda debe estar colmado de música semejante.
07 Abril 2019 03:05:00
Un mundo de referencias
En un mundo donde pareciera que ya todo se ha dicho, de pronto nos preguntamos si es posible decir algo nuevo, pero esta idea no es nueva. Umberto Eco lo escribe en las Dos Hipótesis Sobre la Muerte del Arte en su libro La Definición del Arte.

Ya aquí, entre sus páginas, nos presenta la idea de los enamorados que lo saben todo y no les queda otro camino que las referencias. Sin embargo, esto lejos de ser un obstáculo para mostrar sus emociones y sentimientos, los dota de nuevas herramientas en el que la referencia es importante y dota de más significado lo dicho.

En la nueva puesta en escena de Carmen en la Royal Opera House, Barrie Kosky comete la osadía de presentarnos a una mujer vestida de gorila mientras canta La Habanera. Por supuesto que no es lo que nos esperamos en una mujer seductora, sin embargo estamos ante una referencia poderosa que se remonta a 1932, La Venus rubia, en el que Marlene Dietrich canta en una escena disfrazada de gorila.

Como sabemos, Dietrich es considerada un mito dentro del séptimo arte, pero ya en su vida era vista por muchos como una Femme Fatale.

De ahí que la referencia de Kosky en su puesta en escena sea poderosa, sugerente y trágica a la vez. ¿Es poderosa la referencia en sí misma si no conocemos en qué se basa? Es difícil la respuesta y merece reflexiones a parte.

En Ensayo sobre el Teatro de 1908, Thomas Mann menciona el interés de Wagner por la sugerencia y termina diciendo que en la nueva escena del teatro imperará el símbolo, la sugerencia artística de tal modo que puedan ser representadas las cosas sin siquiera tenerlas concretamente en escenario.

Vaya que Mann vislumbraba el futuro del teatro. Podemos afirmar que una referencia bien situada no es sinónimo de falta de creatividad sino todo lo contrario.

En esta semana pudimos ver una referencia más en al tráiler de Joke, la esperada película protagonizada por Joaquin Phoenix y dirigida por Todd Phillips. Un despliegue poderoso y altamente artístico en su cinematografía junto a una actuación dolorosamente impecable de Phoenix. ¿La referencia? La canción Smile, de Charlie Chaplin (y otros letristas y compositores) usada en su película Tiempos Modernos.

Una película que nos presenta la opresión y sufrimiento de una nación en plena Gran Depresión, la misma situación que vive Gotham. La interpretación por Jimmy Durante en el trailer nos atrapa. Además de que las referencias visuales de la película de Chaplin son evidentes. La música no podría ser más intensa y bien usada hasta que la escuchamos intervenida por el talento de Hildur Gudnadóttir, cellista y compositora islandesa.

Pero el espacio se me acaba y me quedan más cosas en mente que desearía compartirles, así que creo que escuchar esa versión de Smile o la de Nat King Kole de 1954, será más que suficiente para disfrutar de este día.
31 Marzo 2019 03:36:00
De estrenos mundiales y otras cuestiones
Comencemos estas líneas aceptando que un concierto como acto social es obligatoriamente público. Y digo esto porque el martes pasado asistí al estreno mundial de un concierto para piano pletórico de momentos bellos. Sin duda. Así que antes de regresar al primer punto, permítanme comentar el concierto del compositor Alberto Askenazi y Luis O’Cádiz.

Un concierto compuesto en un estilo marcadamente post romántico en el que el diálogo del piano, lleno de acordes que nos recuerdan a Rachmaninov, se entremezcla con una orquesta efusiva, llena de colores que nos recuerda a mundos antiguos. La interpretación de los tres movimientos que conforman el concierto fue pulcra, detallada y meticulosamente elaborada por parte del director Natanael Espinoza y el talento arrebatador de Alejandro Vela, pianista de Coahuila que con sus interpretaciones se ha ganado a gran parte del mundo entero.

Al final del tercer movimiento la vertiginosa interpretación de los músicos se llenaba de pasión y un desenfreno siempre bien controlado. A todo esto debemos agregar la emoción y honor de contar con los compositores del concierto durante el evento. Era pues, dentro del marco de los festejos del 40 aniversario del Teatro de la Ciudad Fernando Soler, un evento de primer nivel: Un estreno mundial, ejecutado por una orquesta cada vez más consolidada y un pianista de primer nivel.

Sin embargo, y para mi desgracia, hubo eventos, no propios de la música sino del evento social en sí, que no me permitieron disfrutar del todo el concierto. Luego de casi una década de eventos orquestales, de un auge en la vida cultural de Saltillo, me pregunto: ¿cómo es posible que el público siga sin aprender a comportarse en un evento como este? Quisiera decir que exagero, pero escuchaba al lado mío a una pareja comer cacahuates durante el concierto, sin preocuparse por el ruido del celofán. Y más allá, otra pareja comiendo una sonora bolsa de Doritos.

Una orquesta merece respeto y más siendo un evento de tanto honor como lo es un estreno a nivel mundial. Además de esto, aceptemos que para todo hay momentos y un concierto no es para ir a comer. Finalmente, y ya para terminar, quisiera agregar y pedirles encarecidamente que no aplaudan cuando venga en gana. En un concierto, en tanto género musical, como una sinfonía o toda obra musical que sea compuesta por varias partes, se debe aplaudir hasta el final. Y esto no es por aspiraciones snobs, sino simplemente por respeto al intérprete y a su profunda concentración. Simple, si ven que los músicos no atienden a los aplausos, es clara señal de que estamos haciéndolo en un momento inadecuado.

Aprendamos pues a aplaudir en los momentos oportunos. Claro, esto también debiera decirse antes del evento y ser los organizadores los primeros en cultivar a su público. Así se evitarían sorpresas como estas y como el ruido de los celulares que en dos ocasiones sonaron durante el concierto. Ojalá seamos ese público cultural que muchos dicen que somos y aprendamos a disfrutar debidamente un evento como lo es un concierto de orquesta, un recital.

Feliz domingo.
24 Marzo 2019 03:51:00
Rhapsody in Blue
Nueva York, 14 de noviembre de 1943, un joven conductor de 25 años estaba a punto de hacer historia. Bruno Walter, el mítico conductor cayó enfermo y nadie en la ciudad se atrevía a sustituirlo. Quizás se podría haber cancelado, pero en aquella época los conciertos eran transmitidos en directo por la radio a todos los Estados Unidos. Imposible no seguir la agenda. Leonard Bernstein, recién nombrado asistente del director de la orquesta Artur Rodzinski, fue llamado a sustituir al maestro alemán.

Para todos, quizás para el mismo Bernstein fue una sorpresa y una oportunidad que no debía dejar pasar. Las oportunidades llegan para quien está bien preparado y Leonard lo estaba. Dijo sí al reto, pidió las partituras y contactó al maestro Bruno Walter, quien le guió en la compresión de la partitura, entre otras cosas el Don Quixote de Strauss para chelo y orquesta.

Apenas horas antes del concierto, apenas con el tiempo de ver lo que se iba a interpretar, apenas con el tiempo de plantarse con firmeza frente a los más de 60 músicos que seguramente lo miraban con recelo y hasta burla. ¿Un muchacho de 25 años dirigiendo esta gran orquesta?

El concierto fue un éxito en la sala esa noche. El público vio dirigir por primera vez, con entrega y precisión, a uno de los grandes directores de nuestro tiempo.

Al día siguiente el New York Times se deshizo en alabanzas y reconocimientos por Leonard Bernstein, quien a partir de ese momento se convertiría en leyenda. Pianista, director y compositor prolífico, Leonard es el ejemplo del sonido americano de una orquesta.

Sus obras, West Side Story, por ejemplo, son ejemplo de la cultura americana, de la diversidad de géneros y del jazz como recurrente. En el álbum de esta semana lo escuchamos dirigir obra de Georges Gershwin, uno de los representantes de Estados Unidos de la música orquestal más influyentes de nuestros tiempos. La manera de dirigir de Bernstein, siempre controversial, es espléndida, clara, enérgica, vertiginosa. Podemos sentir la emoción con la que el director se entrega.

Este álbum reúne a dos genios de Estados Unidos interpretados por la maravillosa Orquesta Sinfónica de Chicago, así como la Filarmónica de Los Ángeles. Busquemos nuestro lugar favorito de la sala y disfrutemos de este viaje.

Álbum de la semana: Gershwin: Rhapsody in Blue. Leonard Bernstein. Spotify.
17 Marzo 2019 03:44:00
Herbert von Karajan
¿Cuál es la función del director frente a la orquesta? ¿Es realmente necesario un director? Estas preguntas no se han hecho pocas veces a lo largo de la historia. Incluso Federico Fellini aborda de manera magistral el tema en su película Ensayo de Orquesta, en la que los músicos se sublevan frente al director e imponen como rey al metrónomo.

Sin embargo al final de cuentas, en el filme de Fellini o en la vida real, la figura del director es fundamental por muchas razones. ¿Quién si no, va a guiar a más de 50 personas por la misma senda interpretativa? Sí, claro, la partitura y un conocimiento sobre el estilo musical nos ayuda a saber por qué rumbo irá cierta obra, sin embargo el director es el que unifica todos esos mundos que son cada uno de los músicos de una orquesta.

El director es el que va a amalgamar esas mentes artísticas para que la obra se escuche concisa. También cada director dará ese sello personal que lo distingue de otros directores y que a hasta a una orquesta misma la define. Muchas razones existen para valorar el trabajo de un director. Incluso muchas veces van más allá de los estilístico.

Herbert von Karajan (1908-1989) sería quizá la figura epítome de lo que un director es en su totalidad. Vilipendiado por muchos, amado por otros en igual número, Karajan es el director del siglo 20. Por supuesto que existen muchos otros y algunos que todavía siguen vivos. Pero Karajan fue un maestro en la batuta y en las relaciones políticas y comerciales. Gracias a él, dicen los mitos que no son ciertos, pero ya nos muestran cierta verdad oculta, el formato CD tuvo la capacidad que tiene para grabar.

Fue capaz de dirigir obras de compositores alemanes y franceses en el mismo programa, aún cuando estos países estaban, en ciertas décadas, en evidente desacuerdo político. No le importaba más que la música. Claro y los medios. “¿Podemos repetir la última parte,?”, le preguntó alguna vez un músico solista, y el maestro le contestó: “Imposible, no hay tiempo, todavía faltan las fotografías”.

No es esta frase la que define la totalidad del genio austriaco, evidentemente. Karajan grabó cientos de obras y fue un hábil empresario para las reediciones de estas obras en formatos de todo tipo. Director vitalicio de la Filarmónica de Berlín, Karajan es un director de una perfección maravillosa. Su perfeccionismo le valió el éxito que tuvo no sólo él, sino la orquesta que dirigía.

Nos faltan páginas y tiempo para conocer de manera profunda a este director. Aún así, tenemos sus grabaciones que evidencian la calidad de su dirección, de su visión. Un director crea, propone una interpretación nueva, un camino diferente con paisajes diferentes para disfrutar de una misma obra.

Lo mejor de él es el repertorio del periodo romántico. Con el número de músicos que tiene la Berliner, escuchar sus interpretaciones de Bach, por ejemplo, es casi monstruoso. Y con el periodo clásico pasa lo mismo, aunque de menor medida. Claro, eran otros tiempos. Ahora las versiones historicistas nos han cautivado.

Pero no por esto podemos dejar de disfrutar al genio inmenso que fue Karajan. En este álbum hacemos un recorrido por muchos de los estilos y autores que dirigió. Desde lo barroco hasta las primeras obras del siglo 20. Es un álbum vertiginoso, emocionante, lleno de fuerza, que sin duda nos pondrá al borde de nuestro asiento.

Álbum de la semana: Karajan. Gold. Spotify.
10 Marzo 2019 03:14:00
Ordo Virtutum
Es de mañana y, luego de poner algo de orden en casa y comenzar algunas labores naturales de un fin de semana, me dispongo a desayunar. Ya mi cuerpo está en calor debido a la bebida cítrica y caliente que bebo. Es entonces que recuerdo las palabras de Santa Hildegard von Bingen sobre le desayuno: “Coma primero comida caliente para calentar el estómago…” de su libro Causae et Curae.

Con Santa Hildegarda también podemos coincidir como ella hizo con el padre de la medicina, Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Y aunque no viene al caso, consideremos a Galeno, quien muchos siglos después, entre los años 129 y 201, realizó notables avances en el mundo de la medicina y la cirugía, a tal grado que durante la Edad Media sus escritos fueron imprescindibles para la comprensión del cuerpo humano y sus enfermedades. Pero regresando a Hildegarda, me dispongo a desayunar algo de cereales como ella lo sugiere, no sin dejar que su música se despliegue como incienso por toda mi casa.

von Bingen nace en el año 1098, una época convulsa a nivel político y social, recordemos que las cruzadas, esas guerras sanguinarias que durarían cerca de dos siglos, apenas tienen dos años de haber comenzado. Hildegard nace el 16 de septiembre de 1098 y es hacia finales de ese año que se da lugar la Matanza de Maarat, en Maarat an-Numan, Siria, en donde el horror, la realidad y la fantasía se mezclan durante una de las más sangrientas opresiones dadas por la Primera Cruzada.

Alberto de Aquisgrán denunciaría años después actos atroces entre los que figuran el canibalismo. Pero el tiempo en aquellos siglos transcurre diferente y las noticias también. Hildegard viviría ejerciendo su vocación durante muchos años. Su enciclopedismo y capacidades intelectuales le permitirán ahondar en temas tan diversos como la medicina, la astronomía, la herbolaria, la teología y por supuesto, la música. Es la autora más antigua de quien tenemos noticias claras, y música que sabemos fue compuesta por ella.

Su Ordo Virtutum es una prueba de ello. Compuesta en el año 1151, el Ordo Virtutum es un drama litúrgico, que como podemos prever, está lleno de alegorías. Mucho tiempo después, durante el Siglo de Oro español, el Auto Sacramental será una forma literaria, poética y religiosa muy valorada, recordemos al Narciso de otra gran mujer, Sor Juana Inés de la Cruz, en el que el Padre observa al Hijo. El Ordo Virtutum, por otro lado, es una alegoría sobre la purificación del alma humana mientras luchan las Virtudes y el diablo, quien está despojado de la música, tan importante reflejo de la pureza. Pero el espacio se termina y no nos da tiempo de seguir divagando. Así que no me resta más que invitarlos a que escuchen a Hildegarda y dejen que transforme su día. Que la disfruten.
03 Marzo 2019 04:00:00
Fredrik Ullén
Comienzo a escuchar la música de un compositor americano del siglo 20 llamado George Flynn. Ya saben, una música cuya estructura escapa a nuestro entendimiento y que quizá fluctúe entre obra y obra. Las sonoridades son ásperas por momentos, de pronto las melodías asoman tímidas, pero claras entre una y otra capa de sonido.

Es entonces cuando me pregunto quién podría estar interpretando esta serie de obras tan complejas de escuchar y sin duda más complejas de ejecutar. Busco el nombre del pianista y me doy cuenta de algo que no me asombró: el pianista es el sueco Fredrik Ullén.

Cuando comenzaba a escuchar los estudios trascendentales de Kaikhosru Shapurji Sorabji fue precisamente Ullén quien los interpretaba y hasta el momento sigue grabando y completando todos los estudios que son 100. Una obra titánica no apta incluso para virtuosos, sino para súper virtuosos, para talentos que sobrepasan nuestro entendimiento, Marc-André Hamelin y el legendario John Ogdon son otros pianistas cuyo virtuosismo está más allá de lo que entendemos por virtuoso del piano.

Fredrik Ullén además de grabar la obra completa de Sorabji y de no pocas obras de George Flynn, también ha grabado la integral de György Ligeti, compositor de gran complejidad musical. Messiaen es otro compositor que no ha escapado a la mente y manos de Ullén.

Pero no todo es siglo 20 para el pianista sueco, también ha grabado obra de Franz Liszt, cuyo virtuosismo pianístico es mítico. Así que podemos notar la predilección de Ullén por el repertorio altamente demandante y de complejidades musicales y técnicas extremas.

La fascinación por esta música lo ha llevado no solamente a ejecutarla sino a investigar sobre las implicaciones de la música en el cerebro desde un aspecto estrictamente científico, ya que Fredrik, además de poseer un talento sobrenatural para el piano también es neurocirujano e investigador del conocimiento humano. Así que la explosión de mi cerebro al escuchar a un pianista de tan enormes capacidades debe ser comprensible también para ustedes.

Pero no solamente es un talento cerebral y mecánico el del Fredrik Ullén. Escuchando sus interpretaciones podemos darnos cuenta de la musicalidad que imprime a una música que no pocas veces nos presenta dificultades para apreciar.






24 Febrero 2019 03:37:00
Reflexiones de fin de semana
Esta semana surgió en mí una pregunta: ¿En verdad están agotadas las historias en el cine, que a poco más de un siglo ya tenemos que ver remakes de películas como Mary Poppins o La Boda de mi Mejor Amigo?

Por supuesto, esta pregunta me hizo recordar otras cosas en cuanto al ámbito musical. Reflexioné sobre los libretos de las óperas a lo largo de la historia y recuerdo que tampoco ha sido tan diferente en otras épocas.

La mitología está presente en gran cantidad de argumentos operísticos. Por supuesto que esto atendía a necesidades diferentes y también a momentos diferentes. ¿O no?

La gente del siglo 18 no deseaba ver una ópera con argumentos que no conocieran. Vaya, que los músicos y empresarios obtenían un mejor resultado si presentaban sobre el escenario una historia que el público pudiera reconocer fácilmente.

De esta manera todos ganaban: empresarios, músicos y el público, que por aquella época usaba el teatro como una pasarela, un escaparate para mostrarse a la sociedad en todo el esplendor posible.

Hoy acaso las motivaciones económicas sean las mismas. Pero ni antes ni hoy todo es monocromático. La exploración de diferentes historias y narrativas, entiéndase esto como las diferentes herramientas para contar alguna historia, siempre ha existido.

De ahí que el arte esté en constante transformación, que no es lo mismo que evolución, porque el arte, a diferencia de las ciencias, dice Ernesto de la Peña, no evoluciona, simplemente cambia.

Aunque esta búsqueda al final dé como resultado más historias, más recursos poéticos, no siempre es bienvenida.

Ya recordamos el problema entre los románticos en el siglo 19 y luego el de los vanguardistas en el siglo 20. El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932 - Milán, 2016) lo plasma en 1963 con sus dos hipótesis sobre la muerte del arte.

Pero respiremos tranquilos, que el arte sigue dando sorpresas. Simplemente tenemos que dejar de mirar por la misma ventana y atrevernos a explorar otros panoramas distintos.

En el cine esto representa un problema hoy en día con las opciones que nos presenta Netlix o plataformas similares, pero el que busca encuentra.

Sin embargo, es necesario señalar que las plataformas musicales están menos acotadas.

Por esta razón es que podemos acceder a música portentosa como la de Kaija Saariaho (Helsinki, 18 de octubre de 1952), compositora finlandesa de nuestros días, y su ópera en cinco actos L’Amour de Loin (El Amor de Lejos), de quien hablaremos en otra oportunidad, pero que sugiero ampliamente escuchar.


Álbum de la semana. L’Amour de Loin, Kaija Saariaho. Spotify.
17 Febrero 2019 04:00:00
Los preludios de Chopin
La brevedad que es completa en sí misma. La brevedad que es más un destilado emocional que una emoción trunca. Silogismos sonoros en donde todo está dicho y nada sobra ni nada falta. Esos son los preludios de Chopin. Apenas en 12 compases es capaz de provocarnos las más profundas emociones.

Son la serie de 24 preludios Op. 28. Compuestos cada uno en un tonalidad diferente, como lo hiciera Johann Sebastian Bach tiempo atrás, son una magnífica prueba que lo breve no es sinónimo de escasa imaginación. Aunque en su tiempo causaron cierta turbación por esta misma razón, la verdad es que los preludios de Chopin han pasado a la posteridad como una muestra del genio del compositor y de la capacidad de síntesis en una época en la que el espectáculo y los conciertos de larga duración eran la constante.

Schumann, quien después defendiera al compositor en no pocas ocasiones frente a la crítica, definía estos preludios como apenas unos esbozos, comienzos, casi ruinas de una obra. Pero estos preludios no serían derrotados por el tiempo. Hoy en día son apreciados por los grandes intérpretes quienes abordan este opus de manera magistral.

El hecho de que sean cortos no los hace de fácil ejecución, hay que aclararlo. Los hay muy complejos como el número 3 o el número 19. Pero todos ellos con la característica musical de Chopin: por más complejos o demandantes a nivel técnico, la melodía y el gusto musical siempre está presente. Incluso melodías sencillas y aparentemente poco logradas las escuchamos completas, poderosas, apasionadas, en el conjunto de la armonía que las sustenta.

Chopin es difícil de situar en esta época del siglo 19 pues la vida cultural-musical se divide en dos partes: por un lado están los que defienden la innovación en la música y la búsqueda de nuevos horizontes, como Liszt o Wagner y Berlioz; y por otro el de los conservadores que desean que las estructuras y formas se respeten, como es el caso de Brahms, Clara y toda la escuela de Leipzig.

Pero Chopin nos aparece en esta batalla de románticos como alguien indefinido. Sus posturas estéticas no están bien aclaradas por el compositor polaco, reacio a expresarse demasiado sobre cuestiones literarias o musicales.

La música que componía atendía a demandas y funciones sociales. Era efectista y lograba su objetivo al encantar a los alumnos de Chopin y los salones de la aristocracia. La similitud de este entorno social es muy parecido al de un siglo antes durante la llamada música galante. Esto no es del agrado de los románticos que buscan descubrir lo que hay de más profundo en el ser humano.

Sin embargo, la obra de Fryderyk Chopin nos cautiva y arrebata como ninguna otra. No se parece a nadie más que a él mismo y esta es una gran cualidad en toda su obra.

Y para prueba el Op. 28 que fueron compuestos entre 1835 y 1839 durante parte de los años que duró su relación con la mítica escritora George Sand.

Algunos de estos años pasados en Mallorca, el compositor crea estos preludios en un piano de la localidad y luego en su tan esperado piano Pleyel que le fuera regalado por el mismo fabricante de pianos.

Podemos ver las posibilidades técnicas y mecánicas de lo que era capaz el instrumento en esta serie de preludios que se escuchan pronto, pero permanecen en nuestro interior mucho más tiempo.

Que lo disfruten.


Los preludios de Chopin. Por Alexandre Tharaud.
10 Febrero 2019 04:00:00
Concierto para la mano izquierda
Entre los años 1929 y 1931 el compositor francés Maurice Ravel compuso uno de los conciertos más exigentes del repertorio pianístico: El concierto para la mano izquierda en re mayor. Paul Wittgenstein, pianista austriaco y amigo del compositor, con una carrera como pianista más que prometedora, perdió el brazo derecho durante la segunda guerra mundial.

Este hecho, que para muchos hubiera significado un fracaso e interrupción en su carrera como pianista, no lo fue para Paul. Vaya, no que todo haya pasado de la manera más feliz y optimista, por supuesto, sin embargo la carrera de Paul no se vio truncada y siguió dando conciertos con obras para la mano izquierda.

Bemjamin Britten, Paul Hindemith, Richard Strauss, Korngold, Prokofiev y Ravel, compositores y amigos del pianista dedicaron alguna de sus creaciones a Wittgenstein. Y si en este momento el apellido Wittgenstein comienza a sonarles familiar, sí, efectivamente estamos hablando del apellido del filósofo Ludwig Wittgenstein quien influenciara en tan gran medida el pensamiento del siglo 20.

Paul y Ludwig Wittgenstein fueron hermanos y ya podemos entonces imaginar el círculo intelectual y privilegiado que vivieron estos dos hermanos en el que Brahms, Strauss y el mismísimo Mahler eran amigos de la familia.

Al pensar en los momentos tan complicados a nivel político en Europa y percatarnos de que la familia Wittgenstein era de origen judío (aunque cristianos por conversión desde algunas generaciones atrás) podemos imaginar los problemas que supuso a la familia entera. Ludwing se nacionaliza británico y Paul estadunidense mientras las hermanas de ellos deciden quedarse en Viena. Fue gracias a la fortuna de la familia, que era quizás la mayor de toda Europa, que pudieron proteger su vida, con el enorme sacrificio de otorgar todos sus activos a Alemania, cosa que supuso una enorme pérdida, como podemos imaginar.

Una historia familiar que merece un estudio detallado, como podemos darnos cuenta.

Pero regresando al concierto de Ravel, este fue estrenado el 5 de enero de 1932 en Viena. Meses después se dieron las disputas entre pianista y compositor. Paul había modificado algunos pasajes, cosa que no fue del agrado de Ravel. Sin embargo, al final todo quedó en un arreglo entre ambas partes.

Y la historia podría seguir, pero el espacio se termina, resta poner atentos los oídos y dejarnos envolver por las notoriedades suaves y tenebrosas que destacan en momentos de este notable concierto.

Concierto Para la Mano Izquierda. De Maurice Ravel. Jean-Yves Thibaudet.
27 Enero 2019 03:47:00
Memorias de un concierto
El tráfico de la Ciudad de México no pocas veces me mete en estados de ansiedad. Sobre todo si se trata de llegar a un destino a una hora en específico. Los que me conocen saben que soy puntual y en lo personal creo que hasta cierto grado patológico hay en ello. Ni un minuto más o menos. Justo a la hora marcada me gusta llegar o iniciar algo que tengo agendado. Así que estar en medio del tráfico me llenaba de ansiedad, aunque el mapa en el teléfono del conductor me avisara que teníamos tiempo suficiente para llegar al auditorio BlackBerry.

Luego de un trayecto que se antojaba eterno, por fin llegamos y entramos al lugar. Veinte minutos antes del concierto se nos avisa que este se retrasará una hora porque un piano aún no está instalado. La expectativa aumenta y deseosos de que podamos entrar a sala, tomamos un trago en la recepción.

La gente que asiste tiene unas características muy diferentes de lo que podría esperarse de un concierto clásico. Pero obviamente este es otro concierto y otra música que si bien, entra dentro de la categoría de música de concierto, tiene cualidades más populares y de alcances diferentes. La música electrónica se mezcla con armonías suaves y atmósferas oníricas y llenas de tranquilidad ejecutadas por un cuarteto de cuerdas, algunos pianos y sintetizadores, modificadores de ondas y unas percusiones.

Por fin, a las nueve de la noche, se abren las puertas del auditorio y tomamos nuestros lugares. Otra particularidad que no me esperaba, la gente entra con bebidas en la mano y comida. Me pongo nervioso de que este concierto se convierta en una experiencia ruidosa por parte del público que gusta de comer mientras uno de los grandes compositores de nuestro siglo da lo mejor de sí en el escenario. Pero no dejo que esto me perturbe.

Ólafur sale a escenario y la gente irrumpe en aplausos mientras el compositor, con una calma monástica, saluda con el signo de la paz y la cabeza inclinada. Ya es música desde el inicio. Las luces están diseñadas para participar en momentos específicos junto algunos ritmos o cambios de temas que es una placer mirar cómo todo se conjunta para brindarnos una experiencia inolvidable.

Sin duda las palabras me faltan y el espacio también, para expresar la emoción y deleite que este concierto ha sido para mí.

Ahora me queda la memoria y su discografía en spotify para seguir nutriendo mis memorias de buenos momentos que se vuelven una caricia al recuerdo.
20 Enero 2019 04:00:00
Music of the Troubadours
Son siglos perdidos en la memoria. Años en los que la vida transcurría diferente a nuestros días. Días que comenzaban y terminaban regidos por la luz del sol. Los años que habitan entre los siglos 12 y 14. El hombre pasa sus días en periodos de oscuridad dicen muchos, pero quizás debamos voltear a ver los ábsides en las iglesias para ver el esplendor y la luz que también existía.

No todo, acaso estaba inmerso en las penumbras. Es verdad que no fueron siglos difíciles. Sin duda. En estos siglos de desarrollo de técnicas en la agricultura, de modales en la mesa, vieron el cielo músicos itinerantes que divertían a los habitantes de las tierras europeas, principalmente al sur de Francia, aunque también se dieron los casos en Alemania, por ejemplo. Músicos que esparcían las noticias de pueblo en pueblo, que nos contaban historias de amor.

Ese amor cortés como le llaman, lleno de personajes inocentes, ideales, que sobreviven a la adversidad. De estos siglos, en un lejano 1275 Adam de la Halle creaba el juego de Robin y Marion. Robin Hood. Y de pronto me doy cuenta de que el mundo inmenso en sus siglos es cercano en historias. Siglos aquellos en los que ser pagado con ropa o pan era la meta.

Estos músicos itinerantes eran llamados Juglares. Músicos que hacían todo un espectáculo para divertir. Músicos que no eran bien vistos por la Iglesia y la sociedad, pero que convivían. Los juglares como semilla de las compañías itinerantes que luego darían vida al teatro. Y junto a los juglares, los trovadores, músicos de los cuales pertenecían a la nobleza y por lo tanto podemos imaginar otra faceta del artista.

El trovador era más creador que músico multidisciplinario. Componía historias como Adam de la Halle. Juglares y Trovadores convivieron y enriquecieron una época que nos podría parecer dominada por la música litúrgica. Músicos de la nobleza los trovadores, y ambulantes los juglares, esparcieron una riqueza literaria y musical que aún hoy nos sorprende.

Y para ejemplos Beatriz de Día, de quien tenemos apenas un registro histórico mínimo, pero suficiente para darnos cuenta de la grandeza de esta compositora.

Años de pestes, sí, pero de Boccaccio, Dante, trovadores y juglares que dejaron testimonio del poder del arte en medio de cualquier época adversa. Que lo disfruten.


Álbum de la semana: Music of the Troubadours. Spotify.

06 Enero 2019 04:02:00
Winterreise, Schubert
Es febrero de 1827. El frío arrecia contra el espíritu atribulado y enfermizo de Franz Schubert. Es en este mes que conoce la poesía de Wilhem Müller que habrá de inspirarlo, o quizá sea mejor decir empujar. Sí, el viaje de invierno de Müller lo empuja a componer uno de los ciclos de lied más memorables en la historia del género, si no es el que más. Una síntesis del personaje romántico por antonomasia. Pero no el único. Recordamos también el Wherter y el corazón se nos oprime.

Un mes después que Franz Schubert conociera estos versos acaece la muerte de Beethoven y con ella la desesperanza del músico ante la inminencia de la muerte. Los 24 Lieder que componen el ciclo fueron prácticamente puestos en le mismo orden que el poeta Müller los publicó. Es mi mejor ciclo, llega a decir Schubert frente a sus amigos que lo miran con tristeza y dolor.

La música los ha tocado, pero más el ver que Schubert es el fiel reflejo de lo que canta. La enfermedad se apodera de su cuerpo y su ánimo y sabe que no hay marcha atrás.

En este ciclo podemos apreciar el carácter romántico de manera directa, sin maquillajes, nos lo recuerdan las melodías incisivas de algunos de los lieder. Las melodías se vuelven crudas y monótonas en ocasiones, casi obsesivas, acompañadas por un piano no menos obstinado.

La poesía nos cautiva con cada audición que hacemos; la música nos sorprende con cada repetición que escuchamos.

Porque el ciclo es así, requiere que lo experimentemos y nos adentremos en él una y otra vez. No es suficiente sentarse y dejarse llevar. Nos demanda atención, nos demanda sufrir con el personaje que camina su duro invierno y nosotros con él.

Como un paisaje de Caspar Dietrich, la desolación del amor no correspondió y el espíritu atribulado se concierten en paisajes solitarios, en helados y derrumbados paisajes.

Es un viaje al interior de uno mismo, al invierno que vive nuestro espíritu y el del personaje.

La empatía que despierta en nosotros el poeta nos obliga a sufrir juntamente con él. Las tonalidades menores y mayores se suceden como ese caminar complicado entre los paisajes que recorremos.

Pero no todo es sufrimiento, el invierno es una época que también anuncia el renacimiento, la primavera esta por llegar y la esperanza se anuncia lenta, pero certeramente.

Un ciclo para personas que se atrevan a dejar la comodidad, para amantes de la música que están decididos a escuchar una y otra vez para descubrir las sutilezas que demuestran la genialidad de este compositor, más allá de las sensiblerías que pudieran sorprender a la gente despistada.


No hay nada banal en la obra. ¿Pero qué versión escuchar entre las tantas que podemos encontrar? Sin duda la la Dietrich Fischer-Dieskau por la profundidad de su interpretación que va más allá de lo epidérmico, por la belleza de su voz, por la leyenda cuyo talento y grandeza para cantar el ciclo schubertiano está fuera de discusión. En kareol.com pueden encontrar la traducción.

Qué lo disfruten.

23 Diciembre 2018 04:01:00
Escaparate clásico
Hay obras que se vuelven mito. Tal es el caso de las Variaciones Goldberg. Se dice que la obra fue compuesta por encargo de un conde a Bach para que las tocara un alumno de este durante las noches de insomnio del adinerado noble; se dice que la suma pagada eran 100 luises de oro depositados en una copa del mismo precioso metal, cantidad que equivalía a un año de sueldo; se dice que Bach compuso las variaciones sobre un tema que ya existía en su época.

Estas versiones históricas no borran ni oscurecen el hecho de que las variaciones son una obra maestra. Bach, quien no se sentía atraído por la forma de composición en variaciones sobre un tema, deja con esta obra una obra cumbre.

Hoy en día nos cuesta trabajo mirar el mundo musical sin la presencia omnipresente de Bach.

Sin embargo no siempre fue así.

Durante los años de 1950 un joven pianista de personalidad única dejó asombrado a un público en Nueva York con su interpretación de las Variaciones Goldberg. Su nombre: Glenn Gould.

Para la época ya existían grabaciones de esta obra, la de Claudio Arrau, por ejemplo.

A decir verdad la gran mayoría de las versiones de esta obra son excelentes por el simple hecho de que quien se atreva a grabarla es dueño de un dominio y técnica impecable.

Pero la versión de Gould fue un parteaguas en la manera de reinterpretar al genio alemán.

Además de eso, la personalidad de Glenn Gould se volvería con el tiempo en icónica.

Apenas nueve años duró su carrera como concertista.

Luego de eso, se refugió en la soledad y la calma para hacer grabaciones de prácticamente toda la obra de Bach y de compositores como Schoenberg o Richard Strauss.

Para Glenn el futuro estaba en las grabaciones y no en la sala de conciertos. Diagnosticado 20 años después de su muerte con el síndrome de Asperger, la personalidad erudita del pianista canadiense hechizaba a todos.

De hablar nervioso, pero lleno de conocimiento; hipocondríaco que siempre llevaba una caja de pastillas para lo que necesitara; con una silla apenas de 30 centímetros de altura con casi nada de asiento; con un canturreo característico que podemos escuchar en sus grabaciones, Glenn Gould rompió los moldes de los pianistas de su tiempo también por su manera de abordar a los clásicos de manera tan personal.

Las variaciones fueron la única obra que grabó dos veces. Y fueron la primera y la última. De esta última grabación podemos encontrar un video memorable. Sin duda un genio para la posteridad que actualmente cruza el espacio con su interpretación del Clave Bien Temperado de Bach a bordo del Voyager 1. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Bach, The Golden Variations. Glenn Gould. 1981. Spotify.




09 Diciembre 2018 04:03:00
A Ceremony of Carols
Hace muchos años, cuando era estudiante de la escuela de música en la universidad, tuve un maestro memorable. Notable, por utilizar esa palabra que tanto gustaba de emplear en clase. Un contador de carácter difícil, que sin embargo nos nutría con conocimiento y amor por la música. Maestro que temíamos y a la vez admirábamos. Cada época de navidad, durante la última clase, la dedicaba a hablar de la pieza Noche de Paz. Nos contaba su historia, sus versiones predilectas y terminaba deseándonos a todos que, fueran las que fueran nuestras creencias religiosas o espirituales, la paz y el amor estuvieran presentes en nuestras vidas.

Ahora que diciembre comienza y lo hace de manera tal como hemos vivido estos gélidos días, quisiera dedicar cada semana a sugerirles obras musicales relacionadas con estas fechas. Y como mi maestro, fuera de cualquier creencia, estas fechas son buenas para valorar lo que tenemos, los tesoros que hemos guardado a lo largo de nuestra vida y por eso, quizás, merezca la pena despertar cada día.

Hacia el año de 1942 un compositor británico que pasará a la posteridad por innumerables logros musicales, compuso una obra musical para coro infantil y arpa con temas navideños. Son 11 textos de Navidad que Benjamin Britten compone, todos cantados excepto uno.

Esta obra de inocente ternura musical, pero que no es por esto una obra menor, fue compuesta durante el regreso del compositor a su patria.

mintras Un barco trasatlántico recorre el mar, de la mente y pluma de Britten surge una obra que posteriormente será unida entre sus partes, es decir que no fue concebida como una obra sola, sino como varias piezas sin relación entre ellas. Al final, las voces y el arpa se unen en inseparable armonía.

Benjamin Britten, como todo genio, anda sobre hombros de gigantes, por esta razón se puede apreciar una influencia de temas gregorianos en esta obra, lo que le da una fluidez vocal singular.

Ahora que el mes comienza y las tiendas siguen tocando reguetón y saturando de música comercial nuestros oídos, es bueno tener esta opción para disfrutar de obras de alto contenido artístico. Como he dicho en alguna ocasión, el que tenga oídos para oír, que oiga.

Que esta obra los acompañe estas semanas llenando de paz sus días. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: A Ceremony of Carols.


02 Diciembre 2018 04:02:00
Hildegard Von Bingen
Hildegard von Bingen (Alemania, 1098-1179) fue una mujer como pocas. Médico, naturalista, conocedora de ciencias, poeta, compositora, poseedora de un don místico que le permitía tener visiones desde la infancia, mismas que ocultó durante años hasta que se decidió escribirlas y compartirlas con el mundo.

Una mujer que supo relacionarse y hacerse respetar por los reyes de la época. Admirada por Leonor de Aquitania, aquella otra mujer pilar de la historia.

Una mujer que luchó por lo que creía y amaba y que no se dejaba vencer hasta conquistar aquello que se proponía. Actualmente nombrada doctora de la iglesia, es por su música por la que yo me siento fascinado. Su obra es de los catálogos más extensos de la música medieval. La calidad de sus composiciones sobrepasa las de una época en la que las melodías eran menos elaboradas.

La suya es de una riqueza extraordinaria. Movimientos melódicos más amplios en los que los cantantes deben tener un gran dominio de la voz. El uso de una nota pedal (una nota musical que se mantiene constante durante largo tiempo) que reviste a su canto y nos llena de una plenitud casi mística.

La música de Hildegard nos arrebata para llevarnos a las esferas más recónditas del universo musical. La música de Hildegard es monódica, es decir que está hecha por una sola melodía, como el canto gregoriano, el bizantino, el mozárabe, por citar algunos otros ejemplos.

El coro canta al unísono mientras un instrumento, o en otras ocasiones una sección del coro, guarda aquella nota pedal de la que hablaba hace un momento. Los textos religiosos, si bien podríamos no comprenderlos, no nos impiden disfrutar de su obra.

Tampoco el que se sea creyente o no de las doctrinas que la compositora profesaba.

Hildegard es una muestra de que la música no solamente sobrepasa los tiempos, sino también los credos.

Canticles Of Ecstasy es un álbum realizado por Sequentia, una de las agrupaciones más afamadas y especializadas en repertorio medieval. La delicadeza de las voces son como incienso que se eleva en ofrenda.

La música de Hildegard es luz, es un éxtasis que nos arrebata para regresarnos renovados, purificados. Con Hildegard estamos frente a la Belleza y sin duda será una experiencia que deberíamos todos experimentar. Que lo disfruten.


Álbum de la semana: Hildegard von Bingen. Canticles Of Ecstasy. Spotify.

25 Noviembre 2018 04:00:00
Haydn
Franz Joseph Haydn es considerado y llamado el padre de la sinfonía. No es que antes de él no hayan existido composiciones de este tipo, pero con Haydn se estableció una estructura que marcaría la pauta para los futuros compositores. De las 106 sinfonías que tiene, podemos tomar la que sea y encontrar un ejemplo claro de cómo es su estructura. Cuatro movimientos, el primero con una breve introducción en lento o majestuoso y, el segundo lento o andante, el tercero un minueto y para finalizar un cuarto movimiento rápido, de carácter vivaz. A grandes rasgos, claro. Luego de Haydn la sinfonía ha evolucionado, evidentemente.

Desde sinfonías con movimientos más largos, con menos partes o muchas más hasta la introducción de la voz como elemento notable. En este caso tenemos a Beethoven o Mahler con sus monumentales sinfonías que incluyen un coro y solistas. En Haydn podremos escuchar unas sinfonías claras para su apreciación musical. Los temas se suceden de manera perfecta que podemos darnos cuenta cuando el tema A se finaliza para dar comienzo a un tema B, etc. En este sentido considero que son formativas para alguien que desee iniciarse en la apreciación de esta forma musical.

La orquesta desde Haydn también ha crecido. La dotación de instrumentos en sus sinfonías son relativamente pequeñas, aún cuando el resultado sea un gran cuerpo sonoro. Luego de Haydn llegamos hasta los mil integrantes en sinfonías de otros compositores.

En la sinfonía podemos apreciar los diferentes colores de la orquesta y cómo los temas pasan de una sección a otra. La sinfonía número 92 es también llamada Oxford porque fue interpretada en la prestigiosa universidad con Haydn mismo en la dirección en su condecoración de doctorado honores causa. La sinfonía 93 es la primera de las llamadas Sinfonías Londres que comprenden desde esta hasta la 104. Sin duda que Haydn supo ganarse un lugar en la historia desde que él estaba en vida.

Es uno de esos casos en que al compositor es reconocido en vida y no como lamentablemente sucede en otros, hasta que la muerte hace justicia. Sus sinfonías son un ejemplo de la visión del siglo de las luces con respecto al arte y como este debía estar bien equilibrado y simétrico.

Hoy entonces escuchemos dos ejemplos para despertar nuestra curiosidad sobre este gran compositor y que sirva como puerta de entrada para su magnífica obra.


Álbum de la semana: Haydn: Sinfonías Núm. 92 & 93. Sir Colin Davis.
11 Noviembre 2018 04:00:00
Erik Satie
Una suave emoción, un olvido del presente, un preguntarse a sí mismo es la música de Erik Satie. Su obra es precursora de muchos movimientos, estandarte de los Dadaístas, influencia para el Grupo de los Seis, para Debussy. Con un personalidad extravagante y un poco esotérica. Sí, esotérica, miembro único de una religión que él fundó y que tiempo después abandonaría para centrar sus ansías místicas con diseños de edificios tan inexistentes como fantásticos. Erik Satie, nos encanta por la bruma de su música, por su lluvia silenciosa y gris, por la clara intención de centrarse no en el desarrollo y entretejido de temas y tensiones musicales, sino por el color, el timbre, el sonido en sí. En este sentido todo un vanguardista adelantado a su tiempo.

En la escuela no lo pasó muy bien. El conservatorio no lo comprendió y lo calificó de incapaz, aún así, luego de cumplir 40 años estudiaría contrapunto en la Schola durante cinco años. Su obra sobrepasa el centenar de obras y la que más podemos rememorar es su obra para piano. Las Gymnopédies, sus Gnossiennes, La Belle Excentrique, por ejemplo.

Curiosa su manera de hacer anotaciones a sus composiciones: Como un ruiseñor con dolor de muelas, ligero como un huevo, nos invitan a la ensoñación. Mucha de su actividad como músico era ser pianista de cabaret, donde adaptaba piezas populares a piano y voz. Muchas de ellas se conservan como la bella Je te veux, un vals lánguidamente tierno y luminoso.

Caminaba casi a diario 10 kilómetros para llegar a París, vivía a las afueras, con distinguido andar, trajes de terciopelo, sombrero de copa y paraguas. En casi sus 30 años de vivir en su pequeñísimo departamento jamás tuvo visita. Qué sorpresa fue que, luego de su muerte, sus amigos encontraran en su alcoba cientos de paraguas, algunos sin usar; bocetos de sus edificios imaginarios que publicaba anónimamente en periódicos para ponerlos a la venta, y que nadie sabía; obras olvidadas o nunca publicadas. Todo esto entre polvo y telarañas.

Escuchar a Erik Satie es vivir un misticismo: sin explicación dejamos de ser nosotros mismos con nuestras calamidades de la vida diaria. Viendo a la lejanía, absortos. Y aún así, vivos, pues como dijo el propio compositor: Ya tendremos tiempo de estar en un cementerio.

Podemos escuchar su obra completa para piano por uno de los grandes pianistas franceses: Jean-Yves Thibaudet. Sin duda una experiencia musical que amerita una disposición de espíritu muy particular, pero que ni por asomo será en vano. Que lo disfruten.
04 Noviembre 2018 04:00:00
Sinfonía 6, Bruckner
La sala de conciertos comienza a llenarse. Los asientos se van llenando mientras un rumor casi eclesiástico invade el recinto. Estoy sentado detrás de la orquesta, apenas unos metros delante del lugar del director. La emoción me invade, pero como es regular en mí, no brinco de la emoción. Incluso parece que me diera igual estar en un lugar y un momento semejantes.

Pero no. Por dentro experimento un silencio que escucho desde fuera. Me observo desde fuera de mí viviendo ese momento que está por iniciar. Mudo, sólo atino a mirar frente a mí a todas las personas que se dan cinta en el teatro.

Hoy veré a Sir Bernard Haitink dirigir el concierto para piano y orquesta número dos De Ludwig van Beethoven. Además, como obra principal la sexta sinfonía de Anton Bruckner.

Nada puede ser trivial esta noche. Las sinfonías de Bruckner son una especialidad de Haitink. Si bien la sexta sinfonía es una obra poco famosa en comparación a otras del compositor austriaco, no es una obra menor.

La riqueza tímbrica es innegable, la belleza melódica de no pocos de sus pasajes nos arrebatan. Toda la obra, de principio a fin, a lo largo de sus cuatro movimientos, no deja de sorprendernos.

Pero no nos adelantemos, antes de llegar a Bruckner el maestro Sir Bernard dirigirá a Beethoven. El segundo concierto tiene mucho carácter, sin embargo aún no se revela en toda su magnitud el Beethoven romántico.

El concierto comienza y luego de un recibimiento efusivo y reverencial, Sir Bernard Haitink levanta la batuta para dirigir con toda la energía y precisión el concierto para piano. La técnica interpretativa del pianista es enorme. La orquesta es un solo organismo que reacciona a la mirada del director. Las cuerdas están en total sincronía tímbrica, tonal, expresiva. Es no menos que turbadora la belleza del sonido orquestal. Con Bruckner no lo será menos.

Casi 90 músicos en escenario ante la energía de Sir Bernard quien con 90 años tiene la energía sobrada para dirigir una obra de casi una hora de duración. Al final, luego de toda la revelación que acabamos de experimentar, el público estalla en aplausos. Gritos de emoción y aplausos caen como ofrenda ante la orquesta que dio todo de sí esta noche.

La sinfónica de Chicago, dirigida actualmente por Riccardo Muti, es una de las más renombradas orquestas de la historia y yo tuve la oportunidad de presenciar por qué tiene su lugar asegurado en la historia musical.

Álbum de la semana: Sinfonía 6, Bruckner. Bernard Haitink.
28 Octubre 2018 04:00:00
Edgar Allan Poe
La influencia que ha tenido la literatura en la música es innegable. Podemos recordar cómo grandes poetas como Goethe, Heine o Gautier inspiraron a músicos como Schubert, Brahms o Berlioz. Esto por citar solamente tres autores, pero la lista es enorme y daría para un capítulo entero de El Vértigo de las Listas, de Umberto Eco.

Y no solamente en la poesía, con sus versos como agua fresca donde las musas dan de beber a quien se acerca sediento de lirismo e inspiración, es donde los compositores buscan las aguas. También en la novela y el cuento.

Basta recordar Las grandes óperas basadas en la literatura: Fausto, de Charles Gounoud, por ejemplo, sobre la obra de Johann Wolfgang Goethe; Macbeth, de Giuseppe Verdi, basada en la arrolladora obra de William Shakespeare; Eugenio Oneguin, de Tchaikovsky, sobre la obra de Aleksandr Pushkin; El amor de la Tres Naranjas, de Prokofiev, sobre la obra de Carlo Gozzi… Y la lista puede seguir casi inagotable.

Pero existen obras musicales que si bien están basadas en obras literarias no son necesariamente óperas u obras vocales.

Tal es el caso de los poemas sinfónicos o la música programática, aquella que busca provocarnos imágenes a partir de un título sugestivo o relacionado con alguna obra literaria.

Y así como la literatura es capaz de hacernos vivir innumerables mundos, la música lo hace otro tanto más. Podemos experimentar desde la felicidad hasta la cólera, la tristeza o la desesperación pasando por la expectación de mundos nuevos, de fantasías llenas de mitológicos seres que, convertidos en música, nos llevan de la mano por estos extraordinarios mundos fantásticos.

Tal es el caso del escritor norteamericano Edgar Allan Poe, quien ha influenciado a compositores con sus cuentos grotescos, macabros, misteriosos. La Caída de la Casa Usher, por ejemplo, sirve de inspiración a Claude Debussy en su, por otro lado, lamentable ópera inacabada.

André Caplet, excelente músico y compositor, íntimo amigo de Claude, compuso Conte Fantastique: una obra emocionante llena de misterio y emoción que durante 17 minutos nos arrebata, basada en el cuento La Muerte de la Máscara Roja.

esta misma obra suscita en Per Nogard una pieza dentro de Hedda Gabler, alucinante, tanto que merece la pena cada segundo de sus poco más de dos minutos de duración.

Por otro lado, El polémico compositor francés Florent Schmitt nos ha legado El Palacio Encantado, obra orquestal descriptiva, digna heredera del impresionismo de Debussy y que cautiva desde sus primeros acordes, inspirándose en el poema de Allan Poe que está en dentro del relato titulado La Caída de la Casa Usher.

Y la influencia de Poe sigue sobre tantos otros compositores, pero las líneas se terminan. Basten estos ejemplos para ir a nuestra biblioteca y leer hoy las obras citadas acompañados de esta música maravillosa que inspiraron.

Que lo disfruten.
21 Octubre 2018 04:00:00
Cecilia Bartoli
Quién dijo esto? No lo recuerdo. No es que el presente se manifieste horroroso, para nada. Pero ya sabemos, recordar es un acto en el que nos visitamos, nos entendemos y vemos en perspectiva.

¿Qué fue de nosotros desde aquel instante que la nostalgia nos revela y qué somos hoy? No pocas veces podríamos pensar en cambiar algo del pasado. Conozco personas que no cambiarían nada porque todo los ha llevado a ser quienes son ahora.

Yo no pienso igual. Sí que cambiaría algo del pasado. No poco. A penas algunas experiencias y ya está, que sea de mí en el presente lo que esos cambios hubieran provocado. Nada de importancia, por supuesto, que la música y el arte siempre estén presentes en mis días. Y los libros.

Dentro de estos recuerdos de mis años pasados siempre aparecen obras musicales y de poco a poco crecen en número las melodías en mi cabeza. Las letras de igual manera se van depositando entre mis venas.

Los libros son cofres donde depositamos recuerdos entre sus líneas como tesoros. De ahí que nunca nadie acabará con los libros, los atesoramos porque nos definen, nos dicen quiénes somos.

La música acompaña casi todo recuerdo. Y esta semana se apareció en mi mente la gran Cecilia Bartoli. Majestuosa en su voz, prodigiosa técnica y celestial musicalidad. Ya una vez tuve la fortuna de verla en vivo en el teatro de
Champs-Élysées.

Una experiencia única, reveladora. Sin embargo hay un álbum que está más metido entre mis recuerdos. Un álbum grabado en vivo en el teatro Olímpico de Vicenza. Live in Italy. La música que está depositada en ese álbum es un tesoro.

Desde la música antigua acompañada por una excelente orquesta barroca, hasta cantar dulcemente, pícaramente, amorosamente entre la música que emana de los dedos de Jean-Yves Thibaudet.

Un álbum que me acompañó ya hace muchos años y que tenía en un dvd que ahora pertenece a recuerdos de otra persona que recuerdo con cariño, pero qué maravilla que la música siga presente.

Escucho la voz de Cecilia Bartoli y la recuerdo, vestida de rojo, frente al majestuoso proscenio del teatro Olímpico y yo me hundo en mis recuerdos.

@Almaguerjoel
14 Octubre 2018 04:00:00
La música en Kazuo Ishiguro
Un piano desenfadado comienza los acordes guiados por los bajos de la mano izquierda, de pronto una voz inconfundible comienza a cantar They All Laughed. Es la voz de Tony Bennett. La mañana comienza con este humor que acompaña la lectura de Kazuo Ishiguro, el Nobel del año 1997.

Normalmente no escucho música al leer y aún ahora, detengo la lectura de tanto en tanto para disfrutar de la música y luego seguir en la narrativa de este escritor. El libro es Nocturnos, una selección de cinco relatos unidos entre sí y cuyos ambientes y personajes transcurren entre música. Por eso que haya puesto a Tony Bennet. Pero no es el único, también suena entre los canales de Venecia y mi biblioteca la sedosa voz de Chet Baker cantando I Fall in Love too Easily, con su voz que parece estar cansada de caer enamorada.

Kazuo Ishiguro, al menos en este libro y por sus referencias musicales constantes, me recuerda a otro japonés, Haruki Murakami. Este también llena de música las páginas que escribe y su gusto por el jazz es similar. Ese jazz que respeta las temas melódicos y no divaga en exceso hasta perderse en improvisaciones exageradas que nada se parecen a la música original.

Nocturnos me atrapa con su melancolía escondida entre cada línea, con su humor que me arranca una sonrisa por ser cómplice de los personajes y del mismo Ishiguro. La guitarra de Django Reinhardt no podía faltar para un efecto mayor de la narrativa. Pero no es para menos, este guitarrista sabía bien improvisar sin caer en los excesos. El sonido de su instrumento en Minor Swing me pone de buen humor.

La lectura continúa entre los acordes de una guitarra sobria de Joe Pass interpretando But Beautiful mientras las escobillas de la batería barren mi mal humor y el contrabajo con su sonido me invita a leer con más cadencia.

Los cinco relatos de Kazuo son una lectura casi inesperada, pero afortunada en todo sentido. Días en los que sumergirse en mundos diferentes resulta complicado, la precisa pluma de Kazuo es eficaz para arrebatarme de este mundo. Busco junto a sus personajes y, al igual que ellos, termino las lecturas sin giros de tuercas. Porque la maestría no sólo está en las sorpresas, sino también en saber narrar momentos sin finales, sin sobresaltos, como la vida misma.

Pienso en eso mientras Frank Sinatra canta One for my Baby.
07 Octubre 2018 04:00:00
The Late String Quartets
Dos de los grandes desafíos en materia de composición para un autor son la fuga y el cuarteto de cuerdas.

En el primero, la forma tan compleja, cuyo más grande ejemplo es

Johann Sebastian Bach, el compositor debe manejar de manera perfecta el uso de voces y temas.

En el segundo desafío, el cuarteto de cuerdas, la dificultad radica en que con sólo cuatro elementos el compositor debe ser capaz de sintetizar toda una idea musical.

No es gratuito que los grandes compositores se impongan este reto a manera de saber si son capaces de hacer una obra perfectamente lograda y equilibrada con tan pocos elementos. Porque con 100 instrumentos la genialidad puede llegar a diluirse, a ser engañosa, pero en el cuarteto todo es evidente.

Beethoven fue criticado por no usar la forma fuga durante un tiempo en su vida. La fuga es tan mecánica, que carece de expresión, solía decir el genio. Aún así había hecho trabajos con este recurso durante su juventud.

Años más tarde, al final de sus días, Beethoven compondría una de las mayores fugas mejor logradas y de una complejidad que incluso hoy asombra y deja atónitos a muchos.

Los cuartetos para cuerdas 12 al 16 son los últimos del compositor y donde se evidencia para muchos la verdadera esencia del genio alemán.

La GROSSE FUGUE deja contundente testimonio de que Beethoven era capaz de componer fugas. Algunos de estos cuartetos fueron bien recibidos. Otros no tanto.

“Qué me importa a mí su maldito violín”, dice alguna vez Beethoven en respuesta a un músico que catalogó como intocable su composición. “¿No les gusta mi obra? No importa, yo no compongo para ellos, yo compongo para el futuro”, respondió.

Beethoven era muy consciente de la trascendencia de sus últimos cuartetos, escritos entre 1824 y 1826. “Muss es sein? Es muss sein” (¿Tiene que ser? Tiene que ser), son las palabras que se leen en el último movimiento del cuarteto 16. Tiene que ser. Un par de palabras sobre el destino que Beethoven en repetidas ocasiones caviló.

Cuando el destino llega, es inevitable aceptarlo. Por más que impongamos nuestra voluntad, existe esta historia que se repite una y otra vez. Es lo mismo que Tomás, en la novela La Insoportable Levedad del Ser, de Milan Kundera, se pregunta al igual que Beethoven. El destino se impone.

También el escritor Thomas Mann admira los últimos cuartetos del compositor alemán y lo deja claro en palabras de Adrián, personaje principal de Doktor Faustus: “Es irritante tan sólo, a menos que no quiera uno ver en ello motivo de satisfacción, que no exista para caracterizar ciertos elementos de la música, o por lo menos de esta música, ningún adjetivo apropiado, ni ninguna combinación de adjetivos.”

Nada qué añadir.

Álbum de la semana: Beethoven. The Late String Quartets. Spotify.
30 Septiembre 2018 04:00:00
Amjad. Njo Kong Kie
La danza clásica es una de mis pasiones, una de las expresiones artísticas que más disfruto. Parte del trabajo que he realizado en mi vida como músico es el acompañamiento de clases de ballet clásico y no dudaría en afirmar que es de las actividades que más me llena, si no es la que más.

Sentarse al piano e improvisar temas que se adecuen a los ejercicios que el maestro de técnica pide a los alumnos y buscar una intimidad con los cuerpos, el movimiento, el sonido y la música es una experiencia que vivo con mucho placer. Siempre he considerado que la danza contemporánea, esa que comenzó con Duncan o Graham y ha explorado cada vez más la abstracción de los cuerpos se asemeja en mucho a la música.

Tanto danza como música son una manifestación artística en la que no necesitamos saber de elementos técnicos para poder disfrutarla. Al menos de primera impresión. Son artes que llegan directo a nuestros sentidos, la vista o el oído, y que basta con tenerlos atentos para dejarnos invadir por la experiencia. No así la literatura, por ejemplo, que requiere de la capacidad de leer el idioma en que está escrito un libro.

Ya en el siglo 20, muchas artes buscaron explorar dentro de la abstracción y poder ampliar sus posibilidades creativas. La pintura, por ejemplo, con Kandisnki, tomaba elementos de la música para titular sus obras. En fin, que la danza contemporánea con exponentes como Sasha Waltz, Pina Bausch, Jirí Kylián o Maurice Béart, por citar algunos, busca esta expresión abstracta de los cuerpos. Un acercamiento a lo que la música ha hecho desde siempre y de manera natural.

Claro, existe la música de programa o el impresionismo que busca retratar un momento o historia. Sin embargo la música nunca podrá decirnos algo en concreto, siempre serán posibilidades, provocaciones e interpretaciones. De ahí su riqueza.

La música de esta semana esta basada en obras de Tchaikovsky y sus grandes ballets. Creada por Gavin Bryars y David Lang e interpretada por el pianista Njo Kong Kie y un ensamble de dos violas y chelo. Esta música fue creada para coreografías de Édouard Lock, el coreógrafo creador de la afamada compañía de danza La La La Human Steps. Sin importar si vemos o no las coreografías, que sugiero ampliamente buscar en internet, la música nos invita a la danza, a dejarnos llevar por el movimiento.

La combinación de dos artes, la música y la danza, esta semana es la sugerencia que estoy seguro no los defraudará. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Amjad. Njo Kong Kie. En Spotify.
23 Septiembre 2018 04:00:00
Orfeo ed Euridice
La escena operística al inicio de los tiempos dista mucho de ser lo que hoy en día es. Imaginamos aquellas épocas de esplendor en las que los grandes salones se llenan de grandes atuendos y la música no es interrumpida por ningún celular, donde la gente aguarda en silencio el inicio de la ópera. Nada más lejos de la realidad.

Cabe recordar que en un principio nada era como podríamos imaginar. La ópera era un momento en el que podíamos hacer alarde de nuestra posición dentro de la sociedad, donde las luces no se apagaban en el auditorio para concentrarnos en el desarrollo del argumento.

Para nada. Había que ver a la gente y la música muchas veces pasaba desapercibida. No era un completo pandemónium, por supuesto, pero imaginemos los argumentos habituales y que por ende la gente conocía muy bien y no tenía necesidad de prestar demasiada atención.

Además de esto, quien regía el espectáculo era el cantante reconocido en turno. De nada le valía al compositor defender su argumento operístico si el primer cantante pedía integrar en medio de cualquier escena su aria favorita, tuviera o no relación con la historia. Y esto, lejos de desagradar, a muchos gustaba.

El fuego de artificio estaba a la orden del día y los malabares melódicos estaban a la orden del día para sorprender y ganar más entradas. Pero siempre se encuentran pepitas de oro entre tanta hojarasca.

Por otra parte, no siempre se siguió la misma dirección. En el siglo 18 un compositor transformó la ópera en muchos aspectos, tantos, que pasó a la historia con este epíteto: El reformador. Christoph Willibald Gluck, el reformador.

Entre las reformas establecidas por el compositor alemán están el haber quitado tanto protagonismo al cantante divo y someterlo al desarrollo de la historia; quitarle la improvisación, usual en la época para lucimiento, y obligarlo a respetar la partitura; introducir una obertura más acorde a la historia y tratamiento musical del resto de la ópera, argumentos más humanos, aunque con mitología aún, donde los personajes demuestran más sus emociones; una duración más limitada, resultado de quitar las cosas superfluas que antes se usaban para aumentar el espectáculo, entre otras cosas.

Por supuesto que no hubo una transformación de la noche a la mañana. Muchos eran partidarios de la ópera como la conocían, de ahí que las querellas, con protestas frente a los teatros y demás euforias, eran comunes, como la que había entre los partidarios de Gluck y los de Piccinni, célebre compositor de la época.

O también el desdén que algunos tenían por Gluck, como el mismo Haendel, quien no se reservaba sus comentarios al decir que su cocinero sabía más música que Gluck.

Pero amén de estos dimes y diretes, la música de Gluck preparó el camino para una visión musical que aprehenderían compositores con Mozart, Beethoven o hasta el mismo Wagner. De tal suerte que estamos ante un compositor notable e imprescindible para el transcurso de la historia musical.

Para muestra su Orfeo ed Euridice, en su versión de 1771.

ÁLBUM DE LA semana: Gluck. Orfeo ed Euridice. Spotify.
16 Septiembre 2018 04:00:00
Sinfonías de Haydn
Franz Joseph Haydn es considerado y llamado el padre de la sinfonía. No es que antes de él no hayan existido composiciones de este tipo, pero con Haydn se estableció una estructura que marcaría la pauta para los futuros compositores. De las 106 sinfonías que tiene, podemos tomar la que sea y encontrar una ejemplo claro de cómo es su estructura. Cuatro movimientos, el primero con una breve introducción en lento o majestuoso y, el segundo lento o andante, el tercero un minueto y para finalizar un cuarto movimiento rápido, de carácter vivaz. A grandes rasgos, claro.

Luego de Haydn la sinfonía ha evolucionado, evidentemente. Desde sinfonías con movimientos más largos, con menos partes o muchas más hasta la introducción de la voz como elemento notable. En este caso tenemos a Beethoven o Mahler con sus monumentales sinfonías que incluyen un coro y solistas. En Haydn podremos escuchar unas sinfonías claras para su apreciación musical. Los temas se suceden de manera perfecta que podemos darnos cuenta cuando el tema A se finaliza para dar comienzo a un tema B, etc. En este sentido considero que son formativas para alguien que desee iniciarse en la apreciación de esta forma musical.

La orquesta desde Haydn también ha crecido. La dotación de instrumentos en sus sinfonías son relativamente pequeñas, aún cuando el resultado sea un gran cuerpo sonoro. Luego de Haydn llegamos hasta los mil integrantes en sinfonías de otro compositores. En la sinfonía podemos apreciar los diferentes colores de la orquesta y cómo los temas pasan de una sección a otra.

La sinfonía número 92 es también llamada Oxford porque fue interpretada en la prestigiosa universidad con Haydn mismo en la dirección en su condecoración de doctorado honores causa. La sinfonía 93 es la primera de las llamadas Sinfonías Londres que comprenden desde esta hasta la 104. Sin duda que Haydn supo ganarse un lugar en la historia desde que él estaba en vida. Es uno de esos casos en que el compositor es reconocido en vida y no como lamentablemente sucede en otros, hasta que la muerte hace justicia. Sus sinfonías son un ejemplo de la visión del siglo de las luces con respecto al arte y como este debía estar bien equilibrado y simétrico.

Hoy entonces escuchemos dos ejemplos para despertar nuestra curiosidad sobre este gran compositor y que sirva como puerta de entrada para su magnífica obra.

Álbum de la semana: Haydn: Sinfonías Núm. 92 & 93. Sir Colin Davis.
09 Septiembre 2018 03:00:00
Canticles Of Ecstasy
Hildegard von Bingen (Alemania, 1098-1179) fue una mujer como pocas. Médico, naturalista, conocedora de ciencias, poeta, compositora, poseedora de un don místico que le permitía tener visiones desde la infancia, mismas que ocultó durante años hasta que se decidió escribirlas y compartirlas con el mundo. Una mujer que supo relacionarse y hacerse respetar por los reyes de la época. Admirada por Leonor de Aquitania, aquella otra mujer pilar de la historia. Una mujer que luchó por lo que creía y lo que amaba, y que no se dejaba vencer hasta conquistar aquello que se proponía.

Actualmente doctora de la iglesia, es por su música por la que yo me siento fascinado. Su obra es de los catálogos más extensos de la música medieval. La calidad de sus composiciones sobrepasa las de la época en la que las melodías eran menos elaboradas. La suya es de una riqueza extraordinaria. Movimientos melódicos más amplios en el que los cantantes deben tener un gran dominio de la voz. El uso de una nota pedal (una nota musical que se mantiene constante durante largo tiempo) que reviste a su canto y nos llena de una plenitud casi mística.

La música de Hildegard nos arrebata para llevarnos a las esferas más recónditas del universo musical. La música de Hildegard es monódica, es decir que está hecha por una sola melodía, como el canto gregoriano, el bizantino, el mozárabe, por citar algunos otros ejemplos. El coro canta al unísono mientras un instrumento, o en otras ocasiones una sección del coro, guarda aquella nota pedal de la que hablaba hace un momento. Los textos religiosos, si bien podríamos no comprenderlos, no nos impiden disfrutar de su obra. Tampoco que se sea creyente o no de las doctrinas que la compositora profesaba.

Hildegard es una muestra de que la música no solamente sobrepasa los tiempos, sino también los credos. Canticles Of Ecstasy es un álbum realizado por Sequentia, una de las agrupaciones más afamadas y especializadas en repertorio medieval. La delicadeza de las voces son como incienso que se eleva en ofrenda.

La música de Hildegard es luz, es un éxtasis que nos arrebata para regresarnos renovados, purificados. Con Hildegard estamos frente a la Belleza y sin duda será una experiencia que deberíamos todos experimentar.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Hildegard von Bingen. Canticles Of Ecstasy. Spotify.
12 Agosto 2018 04:00:00
Robert & Clara Schumann
En el romanticismo tal vez no exista amor más grande para mí que el de Robert y Clara Schumann. Sí, está la Amada Inmortal de Ludwig van Beethoven, de quien se especula mucho su identidad, pero poco se sabe además de que fue un amor imposible. Pero el amor entre Clara y Robert fue un amor correspondido desde la más tierna edad.

“Hoy me ha propuesto tocar la misma música a la misma hora, con la luna llena como testigo para que se encuentren nuestros duendecillos”, escribe Clara Wieck a sus 15 años cuando el amor era apenas una promesa anhelada.

El suyo fue un amor de cartas, de miradas y entregas que debieron esperar años para realizarse. Un amor que no fue aceptado por el padre de Clara, como esos amores que la adversidad hace madurar.

“¿Me pides un sí? Qué palabra tan pequeña y sin embargo tan importante. Una y otra vez digo Sí con todo mi ser”, escribía Clara en su diario. Ella fue una notable y reconocida pianista de su época. Tanto que se equiparaba al virtuosismo de Liszt. Nadie mejor que ella.

Reconocido su talento al piano por Felix Mendelssohn, Frédéric Chopin, Franz Liszt, Niccolò Paganini y el mismísimo escritor Goethe. Incontables giras de conciertos la posicionaron como la mejor pianista de su época. ¿Además de eso? Una compositora que nos ha legado pocas, pero bellísimas obras.

Clara y Robert tuvieron incluso que ir a corte para lograr el permiso de casarse.

El padre de ella se rehusaba a la unión ya para entonces inevitable. Finalmente hubo de ceder y con el paso del tiempo aceptar a su antiguo alumno y yerno. El éxito de Robert Schumann lo hizo cambiar de opinión.

Durante su vida juntos, Clara y Robert no estuvieron libres de problemas, pero aún así se mantuvieron unidos. Ella sosteniendo muchas veces la familia a causa de los padecimientos cada vez más frecuentes de Robert.

La vida de él no fue fácil. Clara sabía que Robert no tuvo una vida pasada feliz. La muerte se había posado inquebrantable y oscura sobre toda su familia y él quedó solo, pero la entrega mutua pudo con esto.

Sin embargo vino la fatalidad: un intento de suicidio por parte de Robert (se arroja al río Rin) y la ineludible necesidad de ser internado en un sanatorio mental en Endenich, cerca de Bonn, en 1854.

Dos años estuvo el compositor ahí y una sola vez Clara pudo visitarlo. En julio de 1856 él moriría. “Que Dios me conceda la fuerza de vivir sin él”, escribe Clara. Le sobreviviría hasta el 20 de mayo de 1896.

El álbum de esta semana es un obsequio poético que nos invita a la intimidad junto a estos dos inmortales e inseparables compositores.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Robert & Clara Schumann. Lieder.

Los Artistas: Barbara Bonney y Vladimir Ashkenazy.
29 Julio 2018 04:00:00
John Williams más allá del cine
Llamamos clásico a aquello que trasciende el tiempo, a aquello que es digno de ser imitado o de tomarse por ejemplo. En este caso, si hablamos de música para cine podemos mencionar bastantes compositores, pero uno en especial es de quien podemos cantar más de una melodía muchos de nosotros: John Williams.

Las influencias de Williams son varias, Max Steiner (Lo que el Viento se Llevó), Bernard Herrmann (Ciudadano Kane o bastantes de Alfred Hitchcock) como ejemplos de compositores destacados en el cine. En el lado clásico están Korngold o Wagner y su idea del leitmotiv: ese tema que identifica a un personaje, objeto o situación y por lo que sabemos que se trata de un tiburón, un arca perdida, un malvado de las galaxias o un mago adolescente.

Son innumerables los filmes que John Williams ha musicalizado: El Violinista en el Tejado, Tiburón, Star Wars, algunas de Harry Potter, E.T., Indiana Jones, La Lista de Schindler, Jurassic Park. Y la lista podría seguir. Algunas de estas obras musicales son más memorables que otras. Todo depende de los gustos fílmicos de cada quien. Sin embargo existen obras de Williams que no fueron pensadas para acompañar una narrativa visual. Ni si quiera como acompañamiento de alguna otra expresión artística, sino simplemente como composiciones orquestales.

Tal es el caso de su concierto para chelo y orquesta y otras composiciones que esta semana sugiero. La música para una película debe siempre acompañar los eventos y hasta hacerlos más intensos para los que vemos el film. Una composición adecuada en un momento dado durante una película puede arrancarnos las lágrimas o hacernos saltar de terror. En este sentido siempre está supeditada a lo que la película narre.

No es el caso del álbum de esta semana. Una música libre en ese sentido. Obras compuestas por John Williams que le permiten ser más aventurero al momento de explorar las nuevas posibilidades sonoras. Es por esto que hasta el mismo compositor cree que puede ser más libre y expandir sus propios límites.

Su concierto para chelo fue dedicado para uno de sus amigos y gran personalidad de la música clásica: Yo-Yo Ma. Este chelista ha tocado prácticamente todo el repertorio musical para su instrumento y en este álbum se convierte en el héroe guiado en la batuta por el propio compositor.

Sin ser una música pensada para un filme, estas obras tienen un carácter lleno de imágenes en donde el chelo participa como personaje principal. Sin duda el legado indiscutible de John Williams va más allá del cine. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Yo-Yo Ma Plays The Music Of John Williams. Spotify.
22 Julio 2018 04:00:00
El último Beethoven
Dos de los grandes desafíos en materia de composición para un autor son la fuga y el cuarteto de cuerdas. En el primero, cuyo más grande ejemplo es Johann Sebastian Bach, el compositor debe manejar de manera perfecta el uso de voces y temas. En el segundo desafío, la dificultad radica en que con cuatro elementos el compositor debe ser capaz de sintetizar toda una idea musical. No es gratuito que los grandes compositores se impongan este reto a manera de saber si son capaces de hacer una obra perfectamente lograda y equilibrada con tan pocos elementos. Porque con 100 instrumentos la genialidad puede llegar a diluirse, a ser engañosa, pero en el cuarteto todo es evidente.

Beethoven fue criticado por no usar la forma fuga durante un tiempo de su vida. La fuga es tan mecánica, que carece de expresión, decía el genio. Aún así había hecho trabajos con este recurso durante su juventud. Años más tarde, al final de sus días, Beethoven compondría una de las fugas mejor logradas y de una complejidad que incluso hoy asombra a muchos.

Los cuartetos para cuerdas 12 al 16 son los últimos del compositor y donde se evidencia para muchos la verdadera esencia del genio alemán. La Grosse Fugue deja contundente testimonio de que Beethoven era capaz de componer fugas. Algunos de estos cuartetos fueron bien recibidos. Otros no tanto. “Qué me importa a mí su maldito violín”, dice alguna vez Beethoven en respuesta a un músico que catalogó como intocable su obra. “¿No les gusta mi obra? No importa, yo no compongo para ellos, yo compongo para el futuro”.

Beethoven era consciente de la trascendencia de sus últimos cuartetos, escritos entre 1824 y 1826. Muss es sein? Es muss sein. ¿Tiene que ser? Tiene que ser. Son las palabras que se leen en el último movimiento del cuarteto 16. Tiene que ser. Unas palabras sobre el destino que Beethoven en repetidas ocasiones caviló. Cuando el destino llega, es inevitable aceptarlo. Por más que impongamos nuestra voluntad, existe esta historia que se repite una y otra vez. Es lo Tomás, en La Insoportable Levedad del Ser, se pregunta al igual que Beethoven. El destino se impone.

También Thomas Mann admira los últimos cuartetos del compositor y lo deja claro en palabras de Adrián, protagonista de Doktor Faustus: “Es irritante tan sólo, a menos que no quiera uno ver en ello motivo de satisfacción, que no exista para caracterizar ciertos elementos de la música, o por lo menos de esta música, ningún adjetivo apropiado, ni ninguna combinación de adjetivos. Nada qué añadir.
15 Julio 2018 04:00:00
Obertura
Como un aperitivo, las oberturas son una preparación musical que se ejecuta antes de disfrutar del platillo musical que es una ópera. En sus inicios las oberturas eran divididas en dos o tres movimientos, dependiendo de la escuela francesa o italiana que rigiera la composición. De estas obras dividas en distintas partes podemos remontar el nacimiento de la sinfonía. Con el paso del tiempo la evolución fue natural y los movimientos se volvieron una sola obra que, además, incluía partes dramáticas que escucharíamos dentro de la ópera. Fue así como Mozart, por ejemplo, con su Don Giovani deja un legado notable de la manera en que la obertura anticipa los eventos futuros. Wagner, por otro lado, amplió el desarrollo de la obertura y la unió al desarrollo total del universo mítico que son sus obras.

La obertura es una obra que puede fascinarnos de manera individual ya que tiene todas las partes necesarias. Como ejemplo tenemos las oberturas de Beethoven que no pertenecen a ninguna obra dramática y que sin embargo son de una potencia total. Una obertura nos ayuda a adentrarnos en el mundo que estamos por descubrir. Te tal manera que, como una iniciación, somos guiados por los senderos que el compositor nos develará posteriormente. Las Oberturas de Tchaikovsky, Wagner, Mozart, Verdi o Strauss son ejemplo de esto.

Pues a manera de prepararnos para la variada actividad musical de esta temporada, la propuesta de esta semana son las oberturas de las grandes óperas. El verano comienza y Saltillo se prepara para dos de sus actividades culturales más notables: el Encuentro Internacional de Ópera Artescénica y el Festival Internacional de Guitarra de México. Con estas dos actividades podemos constatar que la vida cultural en la región no descansa y que día a día se consolida.

El encuentro de Ópera está festejando sus 15 años y el Festival Internacional de Guitarra de México rebasa ya los 20 años y se afirma como el festival de guitarra más importante de la república, siendo estos dos festivales un orgullo para sus participantes y los que tenemos la oportunidad de disfrutar de la riqueza musical de este mes. Invitados de primer nivel en ambos festivales, conciertos que merece la pena escuchar. Así que si por alguna razón nos preguntamos qué hacer durante estos días, no dudemos en consultar la cartelera, que opciones hay a manos llenas.

Domingo de oberturas para inaugurar un mes lleno de música de la mejor calidad. Que lo disfruten.

50 Best Overture. Spotify.
01 Julio 2018 04:00:00
Un canto para sanar
Al los 19 años, Gabriel Fauré (Pamiers, Francia, 1845-París, 1924) habría de componer una de las obras más bellas que puedas existir y que le valdría el gran Premio de Roma, codiciado premio a las artes que desde 1963 se comenzó a otorgar en Europa.

Gabriel Fauré nació al sur de Francia. Un niño tranquilo que aprovechaba la menor oportunidad para escaparse y tocar el armonio de una pequeña capilla de su villa. Ahí es donde descubre su vocación musical sin proponérselo.

A los 9 años su padre, luego de una año de espera y meditación decide llevarlo a París donde hará estudios con Niedermeyer, en una escuela clásica y religiosa. Once años entre sabiduría musical y cultural y una vida casi monástica, con uniformes extraños y comidas casi paupérrimas. Excelente pianista ya para esa época y compositor en desarrollo.

Durante la guerra franco-prusiana va a servir a su país para después radicar un tiempo en Suiza, país de neutralidad durante muchos años de su existencia, y que le permitió a Fauré enseñar en la escuela de Niedermeyer, que se había desplazado a la ciudad de Rambouillet. En 1871 regresará a París.

Organista en la iglesia de Saint-Sulpice, situada en el sexto arrondisment de París. Pero no por mucho tiempo. Su lugar principal y definitivo será a partir de 1877 la iglesia de Madeleine, a unas cuadras de la plaza de la Concorde. Ahí será maestro de capilla.

Gabriel Fauré es laureado como pocos compositores en vida. De una fama en la nación que es casi un amor, será honrado en vida por su contribución musical. Su fama se conoce en Inglaterra, pero es sobre todo en su país donde se le venera. No va a transcurrir mucho tiempo para que el mundo conozca lo grandioso de su creación. Su Cantique de Jean Racine es sin duda un ejemplo que trasciende cualquier creencia. El recogimiento en el que reposamos, mientras escuchamos la obra, nos alimenta a la vez que nos sana.

Hacia el final de su vida, su obra tiene una madurez evidente, pero siempre será el mismo compositor que jugaba inocentemente en un armonio viejo en Pamiers, su ciudad natal. Ahí donde está el amor, está la vocación.

Que lo disfruten.
24 Junio 2018 03:00:00
Nadia Boulanger
Daniel Baremboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, George Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla, tienen en común a una mujer que fue pilar para la música en el siglo 20 Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente. De una mente prodigiosa, a los 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach.

Nadia fue alumna del amigo de la familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años la suplente del compositor como organista en la iglesia de la Madeleine. Con apenas 16 ganaría el Gran Premio de Roma de composición, el cual también ganaría su hermana Lili Boulanger, siendo esta la primera mujer en ganar tan perseguido premio. Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía. En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella.

Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales pasaron cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 alumnos que fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo veinte. Una soltera a quien siempre llamaron Mademoiselle y quien era una fervorosa creyente católica, quien enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años.

Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlo por el camino de cada quien deseaba seguir. Quizás Mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Y eso hizo, respetar la búsqueda de cada discípulo que tuvo y guiarlo de manera completa para que lograran su propio deseo. Así, Mademoiselle fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass.

Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música. Un domingo como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20. Y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.

Nadia Boulanger. Spotify

17 Junio 2018 03:00:00
Karanjan. Gold
¿Cuál es la función del director frente a la orquesta? ¿Es necesario? Estas preguntas no se han hecho pocas veces a lo largo de la historia. Incluso Federico Fellini aborda de manera magistral este tema en su película Ensayo de Orquesta, en la que los músicos se sublevan frente al director e imponen como rey al metrónomo (ese aparato que ayuda a medir el tiempo mediante un mecanismo muy ingenioso).

al final de cuentas, en el filme de Fellini o en la vida real, la figura del director es fundamental. ¿Quién si no, va a guiar a más de 50 personas por la misma senda interpretativa? Sí, claro, la partitura y un conocimiento sobre el estilo musical ayuda, sin embargo el director es el que unifica todos esos mundos que son cada uno de los músicos de una orquesta.

El director es el que va a amalgamar esas mentes artísticas para que la obra se escuche concisa. También cada director dará ese sello personal que lo distingue de otros y que hasta define a una orquesta. Muchas razones existen para valorar el trabajo de un director, más allá de los aspectos estilísticos.

Herbert von Karajan (1908-1989) sería quizá la figura epítome de lo que un director es en su totalidad. Vilipendiado por muchos, amado por otros, Karajan es el director del siglo 20. Por supuesto que existen otros y algunos que todavía siguen vivos. Karajan fue un maestro en la batuta y en las relaciones políticas y comerciales. Gracias a él, dicen los mitos que muestran cierta verdad oculta, el formato CD tuvo la capacidad que tiene para grabar. Fue capaz de dirigir obras de compositores alemanes y franceses en el mismo programa, aún cuando estos países estaban, en ciertas décadas, en desacuerdo político.

No le importaba más que la música. Claro y los medios. Algo le preguntó un músico solista, y el maestro le contestó: “Imposible, no hay tiempo, todavía faltan las fotografías.” No es esta frase la que define la totalidad del austriaco, evidentemente.

Karajan grabó cientos de obras y fue hábil empresario para las reediciones de estas. Director vitalicio de la Filarmónica de Berlín, su perfeccionismo le valió el éxito que tuvo no sólo él sino la orquesta que dirigía. Faltan páginas y tiempo para conocer de manera profunda a este director. Aún así, tenemos sus grabaciones que evidencian su calidad.

En este álbum hacemos un recorrido por muchos de los estilos y autores que dirigió. Desde lo barroco hasta las primeras obras del siglo 20. Es un álbum vertiginoso, emocionante, lleno de fuerza, que sin duda nos pondrá al borde del asiento.

Álbum de la semana: Karajan. Gold. Spotify.


@Almaguerjoel
10 Junio 2018 04:00:00
Epístolas musicales
¿Qué hace un hombre de 70 años con un amor platónico por una mujer joven con la que se ha escrito a lo largo de 13 años? ¿Qué hace con las más de 700 cartas epistolares que existen entre ellos? Traducirlo en uno de los cuartetos mejor logrados de todos los tiempos. Hay sentimientos tan poderosos, que las notas esconden detrás de ellas una evasión, así dice el compositor.

Nacido en 1854, luego de años de estudios y de trabajo como profesor de música en su ciudad natal, Leoš Janácek comienza su carrera como compositor hasta después de sus 46 años. Es por esto que se le considera más un compositor del siglo 20. Con obras de relevancia, sus dos cuartetos, el primero inspirado en la obra de Tolstoi, Sonata a Kreutzer y el segundo una síntesis y materialización de un amor platónico, son una muestra del genio del compositor. Así mismo, representan las posibilidades que el cuarteto de cuerdas, como lo he dicho anteriormente, esconde tras la aparente carencia de recursos tímbricos.

Leoš Janácek dedica su cuarteto Letras Íntimas a Kamila Stösslová, con quien tendría correspondencia apasionada durante más de una década. El uso de la viola y sus capacidades de profundidad apasionada, el lirismo de sus temas y la intensidad de sus movimientos, hacen apreciar claramente la pasión oculta que el compositor checo experimentaba. Claro, esto lo sabemos porque en esta correspondencia el compositor se lo hace ver a su amada.

Para Janácek no existía mejor manera de manifestar y dejar testimonio de esta relación que componer una obra y que esta fuera escrita en ese recurso tan íntimo, sintético y a la vez poderoso que es el cuarteto de cuerda. Una obra que contuviera todo este amor que existía entre ambos. De carácter neorromántico, de una expresividad profunda, de texturas tan variadas que son casi descriptivas.

La obra del compositor no es tan extensa. Durante mucho tiempo se dedicó a rescatar el folclor musical de su tierra natal y esto se ve reflejado en se obra. También su admiración por otros dos compatriotas como lo fueron Smetana y Antonín Dvorák. Y es junto con estos dos compositores más conocidos que Leoš Janácek se sitúa en la historia de la música universal. El tiempo, con los años lo ha ido situando en el lugar donde debe estar: Entre los inmortales de la música. Como ejemplo, sus dos cuartetos para cuerdas.

Que los disfruten.

Álbum de la semana: Cuartetos de Cuerdas, de Leoš Janácek.
03 Junio 2018 04:00:00
Música acuática
En estos días de altas temperaturas los espacios abiertos son la mejor opción para contrarrestar los efectos del intenso sol, siempre y cuando estemos bajo una fresca sombra.

En espera de que la tarde llegue, me siento al resguardo de un árbol y una fresca bebida para acompañar. La música en estas horas debe ser festiva, me digo. Entonces pienso en tiempos pasados y cómo pasarían sus días los grandes compositores.

En pleno verano pero de 1717 Georg Friedrich Händel Halle, Brandeburgo-Prusia, 1685-Londres, 1759) llevaba su música al exterior. El río Támesis y unas barcazas lo suficientemente grandes para albergar a 50 músicos serían el escenario para la llamada Música Acuática.

Esta obra compuesta por tres suites tiene una dotación numerosa para la época, pero óptima para la ocasión: el paseo por el Támesis del rey Jorge I. Mientras el Rey y su corte navegan, la orquesta los sigue al son de la música del compositor europeo.

Como podemos esperar la música es enérgica, más festiva, llena de brío. Realmente digna de una tarde de fiesta y como tal la escucho.

Si bien la orquesta comenzó a tocar a las 8 de la tarde, no olvidemos que el verano europeo dura lo suyo y pueden darnos las 10 de la noche y la luz aún nos acompaña. Así que la velada musical que se extendió hasta casi medianoche, fue una tarde noche inolvidable para todos los que seguían la barcaza del rey.
Gustó tanto la obra que se repitió esa misma velada para el divertimento del rey y grandeza de Händel quien una vez más se consolidaba en Inglaterra como el músico más importante en su época. Y no sólo por su música, sino por sus cualidades empresariales que le hacían obtener siempre provechosos contratos.

Faltarían en eseaño de 1717 algunos años para que la ópera dejara de ser interesante para los ingleses y Händel volcara sus capacidades enteras a la elaboración de un género majestuoso como lo es el oratorio. Género musical que en manos de Händel se transformaría en un género más espectacular que religioso.

Entonces, ya fuera el oratorio o la fresca y festiva música acústica, la música de Georg es espectacular siempre y es una delicia poder disfrutarla tantos años después al resguardo de esta tarde calurosa.

Quelo disfruten.

Álbum dela semana: Water Music. Harmonia Mundi. Spotify.

@almaguerjoel
20 Mayo 2018 04:00:00
Historicismo
Quizás algunos de ustedes, queridos lectores, han escuchado la música de Bach o algunos otros compositores de la época barroca en múltiples interpretaciones y tengan sus preferidas. Acaso también noten que algunas versiones suenan totalmente diferente a otras, casi como si se tratara de otra obra y corran a corroborar con asombro que efectivamente se trata de la misma composición y aún así sus oídos están maravillados por lo diferente que se escucha.

¿A qué se deberá esto? Muchos son los factores, pero el día de hoy quisiera compartirles sobre un término usado en el mundo de la música clásica no ha mucho tiempo y que poco a poco se ha extendido no solamente al campo musical sino teatral también. Las llamadas interpretaciones historicistas.

El historicismo musical se refiere a ejecuciones musicales que tienen una amplia investigación musical e histórica con el objetivo de realizar una interpretación más apegada a lo que el compositor en cuestión deseaba escuchar o llegaba a escuchar en su propio tiempo. De ahí que no solamente se busque una articulación basada en la técnica habitual de cierto tiempo, sino también el número de músicos que conformaban una orquesta barroca o clásica, romántica, según sea el caso.
Además de esto la ejecución se realiza en instrumentos de la época, es decir que, ya sean instrumentos originales o réplicas exactas de los mismos, el sonido es exactamente como el compositor lo concebía. A esto podríamos sumarle muchos otros aspectos como el tocar las obras en espacios que representen los auditorios de la época y no las grandes salas de hoy en día y en el caso del teatro u ópera, iluminación con velas y escenografía basada en la técnica del tiempo en el cual fue compuesta la obra.

Todo esto no es una mera cuestión banal o pretenciosa sino una auténtica búsqueda por la pureza del sonido y ser fieles a lo que fue la música. El resultado es notable. En este tipo de grabaciones podemos notar con más claridad detalles que hasta el momento pasaban desapercibidos por nosotros. Instrumentos y relaciones entre conjuntos de ellos que no notaríamos con una orquesta enorme.
Como ejemplo, esta semana propongo a ustedes el álbum de un grande de la música historicista: Philippe Herreweghe by Himself, obra que pueden encontrar en Spotify. Que lo disfruten.

13 Mayo 2018 03:00:00
Miscelánea musical de mayo
La música es inagotable. La vida entera no nos alcanzará para disfrutarla, por supuesto, y como lo he dicho ya, dependiendo de nuestra manera de ser, esto puede ser motivo de maravilla y asombro o de temor y temblor. Cada quien ubíquese donde más cómodo se sienta.

Estas últimas semanas he estado entre variadas obras musicales y hasta géneros diversos. Desde el barroco y nuestro señor Johann Sebastian Bach hasta el presente siglo y la obra de Alma Deutscher, compositora de apenas 13 años y otra iluminada pianista de apenas 11 años llamada Alexandra Dovgan, cuya técnica e interpretación no sólo asombran, sino que dejan ver una musicalidad única que pasará a la posteridad.

No lo es todo. Entre mis días también han asomado la obra del Johann Stamitz, notable compositor de la primera mitad del siglo 18 y cuya estructura sinfónica es paradigmática y sólo hace falta escuchar sus primeras sinfonías para darnos cuenta de ello. Y entre saltos de siglo llega hasta mis oídos The Seasons, una obra para piano de Peteris Vasks que no carece de exigencia técnica ni musical para quien la interprete.

Pero no todo ha sido sobre la llamada música académica, también he deambulado por callejones misteriosos por los que caminan personajes como Jocelyn Poot quien es capaz de ofrecer música tan variada que es difícil catalogarla. Obra electrónica y oscura que sirve para Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, hasta una dulzura renacentista como la que crea para la poderosa versión fílmica de El Mercader de Venecia realizada por el británico Michael Radford.

Nutridas mis semanas también con música ligera como Michael Bublé y su voz que parece de navidad siempre, pero que de pronto se antoja escuchar. En especial Call me Irresponsible, pero no pasaría por este espíritu tan americano sin un grande como Nat King Cole y su versión inigualable de Unforgettable y para que el viaje por esta mundos no quedará incompleto Mireille Mathieu suena entre mis semanas con C’est si bon.

Música tan variada que podríamos escoger casi para cualquier momento. Es tiempo de escuchar música y en esta miscelánea de mayo las opciones están puestas sobre la mesa. ¿Qué escogerán?

Que disfruten este domingo.

@almaguerjoel
06 Mayo 2018 03:00:00
L’estro Armonico
En sus Confesiones, en el libro VII, Jean-Jacques Rousseau escribe sobre su viaje a Venecia en donde podemos darnos cuenta de lo que vivió el polímata suizo en tierras de gran tradición musical. Estamos en el siglo de la ilustración y Venecia ya en esos años dejó de ser una potencia comercial para convertirse más o menos en lo que hoy es: un gran centro turístico donde se dan cita la cultura cosmopolita y excelentes ejemplos de vida musical.

Por supuesto que para Rousseau, siendo un gran pensador y escritor, pero también músico y compositor, era un destino obligado asistir a los famosos conciertos que se hicieran por parte del Ospedale della pietà.

En este orfanato eran acogidos los muchos niños abandonados naturales o legítimos de Venecia, siendo las niñas a quienes se les instruía en el arte musical. Los conciertos de estas niñas eran famosos Gracias al trabajo y genio de Antonio Vivaldi. Ya desde inicios del siglo 18 Vivaldi convirtió la iglesia y su orfanato en un lugar de enorme fama. Para cuando Rousseau asistió a uno de estos conciertos la fama ya estaba consolidada.

Pero para mala fortuna del filósofo las niñas cantaban detrás de unas rejas donde no podían ser apreciadas y daban lugar a las ensoñadoras imágenes angélicas por parte de Rousseau.

Para él eran los seres más bellos, pero no duró mucho esta ilusión. Pudo conocer a las niñas, gracias a una amistad encargada del Ospedale. La desilusión fue enorme para Rousseau. Niñas con defectos físicos considerables, y que el pensador describe a detalle. Pensar en esto nos deja un sentimiento bastante extraño con respecto a Jean-Jacques, pero no somos nadie para juzgar.

Finalmente, y luego de mucho esfuerzo, pudo disfrutar de los conciertos tiempo después. Pero la virtuosidad de estas niñas es lo que a nosotros nos asombra, pues la exigencia de Vivaldi para su formación y ejecución se ve en las partituras que escribió durante los 30 años que dirigió este lugar.

Como testimonio del prodigio que podían ser estas niñas, está el L’estro Armonico o Il Cimento Della’armonia e Dell’inventione, entre otros. Un conjunto de conciertos meticulosamente estructurados y compuestos en donde Vivaldi no deja espacio para divagaciones.

La música es perfecta y vale la pena escucharse con detenimiento y en más de una ocasión.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: L’estro Armonico. Antonio Vivaldi.
29 Abril 2018 04:00:00
Iannis Xenakis
Admitámoslo: mucha música del siglo 20 supera nuestras capacidades y nuestra comprensión. ¿Pero qué problema conlleva esto?

Me pongo a pensar en ello mientras escucho Metástasis, una obra monumental de texturas profundas, obra del compositor nacionalizado francés que traspasó límites dentro de la llamada música de concierto. Pero vaya, tan complicado, que es mejor dejar a un lado todo concepto prefabricado que tengamos, toda idea de lo que hasta cierto momento de nuestras vidas hayamos considerado como música clásica.

Lo único que nos puede mantener a flote al escuchar las masas de sonido que nos inundan es disfrutar del sonido por el sonido mismo.

Como dice, desde otro lugar muy apartado de las sonoridades de Iannis Xenakis (Braila, Rumania, 1922 - París, Francia, 2001), debemos aprender a disfrutar del sonido en sí, una sola nota puede ser bella.

Arvo Pärt (Paide, Estonia, 1935) es un auténtico iluminado cuya música es lo opuesto a Xenakis, claro, pero consideremos que los dos han pasado a la historia, aunque sea por obras tan dispares.

Pero es verdad lo que dice Pärt y creo que aplica para la obra de Iannis: disfrutar la música, el sonido en tanto que es sonido. Eso nos permite abrirnos a sonoridades nunca pensadas, inimaginables para algo que desee permanecer dentro del marco.

Sería en vano, creo yo, buscar en la vida turbulenta de Xenakis, una raíz a su música. Sí, fue perseguido por sus posturas y activismo político y perdió un ojo a causa de un proyectil, pero pasó, luego de todo esto, casi toda su vida en París, donde concibió la música que heredara al mundo.

Se nutrió de la obra y enseñanza de Le Corbusier, cuervo mítico de la arquitectura del siglo 20.

debemos recordar que Iannis Xenakis estudió la carrera de ingeniería civil y siguió sus estudios con el reconocido francés. Todo esto a la par de estudiar composición con grandes como Arthur Honegger o Darius Milhaud y más tarde y con más empatía con el grandioso Olivier Messiaen a quien yo rindo veneración profundamente.

Sin duda la música del siglo pasado no sería lo mismo sin Messiaen y sin Xenakis, entre otros. Las texturas complejas de su música habitan lo atonal y microtonal. Un teórico que amplió el horizonte musical con sus estudios y obras musicales.

Una visión muy diferente de compositores como John Cage (Los Ángeles, 1912 - Nueva York, 1992). Una música impensable en nuestra ciudad, pero que valdría la pena experimentar definitivamente. ¿Se atreven?

22 Abril 2018 04:00:00
After Bach
Pocas veces me veo emocionado por el mundo del jazz, he de confesar. Por supuesto que tengo música preferida, compositores e intérpretes en este género, pero digamos que se reduce a música de jazz clásico, del de Billie Holliday, Ella Fitzgerald, Art Tatum, John Coltrane y Cole Porter, entre otros.

En la escena de la música actual Eldar Djangirov (quien nació en Kirguistán, en la antigua Unión Soviética en 1987) es alguien que definitivamente vale la pena escuchar entre dos, tres, más y listo, no más.

Claro que desconozco el mundo actual del jazz, pero mis gustos musicales van hacia otros lados. Sin embargo, cuando alguien me atrapa con su musicalidad en la improvisación, quedo fascinado.

La improvisación muchas ocasiones es simplemente fastuosa, pirotécnica, pero carece de profundidad musical y se reduce al fuego de artificio.

Esta semana fue diferente. Brad Mehldau es un pianista y compositor estadunidense (Jacksonville, Florida, 1970) que me atrapó desde un inicio. La manera en la que aborda la música es profunda y llena de sentido. Las influencias en su música son amplias y eso le da un espectro mucho más grande.

Sin duda existe en su formación académica el jazz, pero también la llamada música clásica, principalmente la música del siglo 19, y es esto lo que me atrapa, pues podemos ver en su música e improvisación al piano ideas armónicas y melódicas llenas de sentido y no sólo espectáculo. Schubert, Brahms y Schumann son parte de su formación e influencias.

Además de trabajar durante años en tríos y demás ensambles de jazz, Brad también ha hecho música para algunos filmes (Eyes Wide Shut, Space Cowboys, Midnight In The Garden of Good and Evil), pero sobre todo, lo que a mí me fascina son tres álbumes de música original.

El primero es Love Sublime, un álbum escrito para la maravillosa voz de Renée Fleming donde la complejidad no está peleada con la belleza. El segundo es uno compuesto para Anne Sofie von Otter, un álbum delicioso donde podemos ver los alcances musicales de Brad Mehldau mientras disfrutamos de la elegancia y perfección de la voz de von Otter.

El tercer álbum es After Bach, donde podemos escuchar algunas obras de Bach que están intercaladas con obras de Mehldau y que reflejan la influencia de Johann Sebastian sobre el pianista.

Nada despreciable darse el tiempo para escuchar estos tres álbumes este domingo. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: After Bach. Brad Mehldau.
15 Abril 2018 04:00:00
Rameau & Couperin
En cada periodo de la música existen nombres de compositores que de pronto nos es difícil enumerar. Dependiendo también de la predilección que tengamos por algún periodo u otro, el número aumenta. Sin embrago, dentro de todos estos nombres, ¿se han puesto a pensar el número aún mayor de autores que nos hacen falta por conocer? y más aún ¿es alguno de estos compositores prescindible al desarrollo de la música? Porque es cierto que existen pilares en cada parte de la historia que contribuyen con su obra a sostener la evolución de la música y acaso, difícil de aceptar muchas ocasiones, algunos otros compositores no son tan importantes para el sostenimiento de la música universal.

Pero seamos honestos antes de proseguir, no es estrictamente necesario que un compositor sea un hito en la historia para que nos guste. Este no es el caso de los compositores de esta semana.

Pues bien, en la historia musical, estrictamente en el periodo Barroco y la transición al Clásico, vivieron dos compositores fundamentales para la música y que acaso son poco conocidos por muchos. François Couperin y Jean-Philippe Rameau son dos compositores franceses imprescindibles para apreciar la música barroca y en lo particular, la música francesa. Herederos de la obra de Jean-Baptiste Lully y sucesores de éste, estos dos compositores son esenciales para comprender y apreciar en mayor medida un periodo tan fascinante como lo es el Barroco. La obra para teclado de François Couperin es de una complejidad contrapuntística que hechiza al mismo Johann Sebastian Bach y quien, a partir de la obra del francés, desarrolla magníficas composiciones. Es tan profunda la obra de Couperin que no habrá otro igual en Francia sino hasta el mismo Claude Debussy, pilar del Impresionismo francés.

Por otra parte, la herencia de música operística de Jean-Philippe Rameau nos demuestra que el fuego italiano no lo es todo y que la mesura y el gusto refinado son igual de esplendorosas que la ópera italiana.

Con coros excepcionales e incursiones de danzas que sólo pueden darse en Francia, la obra de Rameau es más completa como obra escénica, pues todo está pensado en su conjunto, incluso las arias llenas de refinamiento y una mesura que igual colma nuestros sentidos. Que disfruten.

Álbum de la semana: Rameau & Couperin. Dances and Suites. Spotify.
08 Abril 2018 04:00:00
Canciones polacas
Durante el siglo 19 se desarrolló enormemente la técnica del piano. Prueba de ello es la extensa y compleja obra del austro-húngaro Franz Liszt; la desgarradora obra del alemán Johannes Brahms; la evocadora fantasía sonora de Robert Schumann y, por supuesto, la intimidad inigualable del polaco Frédéric Chopin.

Y nos imaginamos a ese joven compositor enfermizo, entre la sociedad parisina, siendo adorado por su cualidad única para arrancar suspiros en la punta de sus dedos posados sobre las teclas de marfil de algún piano burgués.

Lo imaginamos en brazos de la mítica escritora George Sand, susurrando algún nocturno que brotara de sus labios posándose como mariposas sobre sus oídos, y bajando en caricias hasta los labios trémulos de una Sand maliciosamente infantil.

Imaginamos un Chopin consagrado al piano, que no podría componer otra cosa que obras para piano. Y sí, podemos casi afirmarlo, si no fuera por una bella excepción: su opus 74. Una colección de canciones polacas para voz y piano.

Notable regalo para la posteridad en la que el compositor incluye poemas de sus amigos poetas. Injustamente infravalorados, o quizá sea más acertado decir apocados por la obra para piano, este ciclo de 17 canciones es una joya que merece la pena admirar con atención.

El trabajo que hace Frédéric Chopin es meticuloso. Se percibe la sensibilidad que conocemos en él. No parece estar en tierras extrañas. El músico polaco no es un extranjero en mundos lejanos.

El siglo 19 es un siglo de ciclos de canciones donde el lied marca la pauta. La íntima relación entre poesía, melodía y piano no es ajena para Chopin. Y no nos extraña porque su obra entera es un cantar sin palabras. El piano en su Op. 74 es exquisito, elaborada filigrana que se entreteje con la dulce voz de la cantante. Como resultado, este ciclo es delicado, íntimo, pero a a vez lleno de profunda pasión.

Es una pena que Chopin no se haya inmerso más en las profundidades de la canción, pero aún así no echamos en falta nada, pues lo poco que escribió para piano vale por cada compás, cada verso, cada respiro.

El tiempo que tardó en escribir las piezas, desde sus 17 años en 1827 hasta 1847, nos muestra la dedicación con la que las compuso y la perfección que podemos encontrar en ellas. Sin duda un tesoro que valdría la pena escuchar alguna vez.

Álbum de la semana: Chopin. Canciones Polacas, Op. 74.
01 Abril 2018 04:00:00
Sleep. Max Richter.
Album de la semana: Messiaen: The organ Works.

Olivier Messiaen nació el 10 de diciembre de 1908 y falleció un 27 de abril de 1992. Un compositor inigualable que recordamos por su obra Quatuor Pour la Fin de Temps, escrita en 1940 mientras estuvo como prisionero de guerra y que compuso con los instrumentos y músicos que estaban con él: piano, violín, violonchelo y clarinete. Una dotación de instrumentos inusual, pero que dadas las circunstancias precarias y dolorosas era lo que podía usar.

El resultado: una obra portentosa que deja el legado de un lamento sin palabras, donde los sonidos dicen más que un sermón entero. Su obra para piano es igualmente maravillosa y reveladora, de la cual será otro el momento de comentar. Lo que el día de hoy quiero compartirles es su obra completa para órgano en la interpretación de Jennifer Bate, una autoridad en la música de órgano del compositor.

La obra para órgano de Olivier Messiaen es única. Junto a Max Reger, y en mi opinión superando a este gran compositor, son el legado más grande para la música de órgano desde la época de Johann Sebastian Bach.

Es imposible confundir la obra de Messiaen con la de otros compositores. Gracias a un desarrollo teórico musical, el compositor francés pudo crear un sonido único que heredaba características de la música de Debussy, de la música de la antigua Grecia, de la música de oriente y del canto de las aves. Amante profundo de la ornitología y gran conocedor, Olivier transcribía el canto de las aves para luego usarlas en sus obras.

Además de estas características de herencia musical y pasión por diversas culturas y conocimientos de la naturaleza, para Olivier Messiaen era vital la vida religiosa. Creyente católico, manifestaba en sus obras una gran fe, fervor y devoción hacia sus creencias. Al escuchar la obra para órgano nos es revelada una fe que la trasciende todo y nos colma.

Una música inconmensurable que surge de la mente del compositor y se eleva hasta los astros. Es prácticamente imposible salir indemne de una audición de su música, pero no tengan miedo, les aseguro que será totalmente reveladora y que no podrán pensar igual sobre el arte musical luego de experimentarla.

Porque al final la música no se compone solamente de sonidos, como Messiaen comentaba a
menudo.
25 Marzo 2018 04:00:00
El Mozart negro
El Chevalier de Saint-Georges esgrime la espada con pasión musical. Los contrapuntos de su estocada logran vencer a cualquier rival que se ponga frente a él. Nada ni nadie se resiste ante la voluntariosa fuerza del espadín. Uno, dos, tres estocadas con la poderosa arma que nada tiene qué ver con el fleuret para principiantes. Luego de arduas competencias, y más para sus rivales, el Chevalier de Saint-Georges se despoja de sus vestiduras de combate y cambia drásticamente el espadín por el filo de una pluma y papel pautado. Un compositor renombrado antes llamado Joseph Boulogne es ahora tratado como caballero y director de la orquesta más insigne de París. Su espíritu de combate no se restringe al mundo de la esgrima, sino que se expande más allá.

El Chevalier es un compositor apreciado en su época. La calidad de su obra y visión musical le permite ser reconocido y buscado por las altas esferas del poder político y cultural. También gracias a su lucha incansable en la política y su postura republicana en plena época de álgidos encuentros ideológicos que no le dejaron de acarrear algunos inconvenientes, pero que por fortuna salió adelante.

La época del Chevalier de Saint-Georges es la misma que la de Haydn y Mozart, dos grandes que recordamos y conocemos casi sin saberlo, aunque en este siglo existieron personajes notables como el Chevalier, entre otros que será momento de nombrar en otra ocasión.

El Chevalier es el primer compositor de origen africano del mundo de la música clásica. Hijo de un acaudalado hacendado y de una esclava llamada Nanon, Joseph Boulogne escaló la cuesta social de manera honorable aunque privilegiada.

Es compositor de conciertos para diversos instrumentos, sinfonías, óperas, música de cámara, sonatas para clavecín y cuya pulcra calidad compositora desvela los rasgos de un músico de su época excepcionalmente instruido y sensible.

El Chevalier pasará a la historia, tiempo después, como el Mozart negro por su ascendencia y color de piel, pero también por la grandeza y sensibilidad de su música. No es baladí que se le comparé con uno de los más grandes genios de la historia musical, aunque bien podríamos irlo despojando del peso de la comparación y comenzar a disfrutarlo con su nombre original: el Chevalier de Saint-Georges.

Le Mozart Noir, un álbum para conocer a un gran compositor. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: El Mozart negro.
18 Marzo 2018 04:00:00
Sleep. Max Richter
A lo largo de la historia han existido obras musicales que han ayudado a conciliar el sueño, a combatir el insomnio, algunas de manera deliberada, y otras por gracia y desgracia de la música misma, según sea el caso.

Las variaciones Goldberg son un caso excepcional en el que Johann Sebastian Bach desarrolla, a partir de un tema llamado aria, una seria de variantes musicales de notable belleza y que fue compuesta por encargo del conde Hermann Carl Keyserlingk para ser interpretado por su clavecinista llamado Goldberg durante las noches de insomnio. Pero estamos frente a un caso de maravilla contrapuntística.

No es el caso de otras obras, que por aburridas o sin emoción, nos causan somnolencia. Pero no seré yo quien juzgue piezas así, cada quien tiene obras que les puedan causar sueño y esto sin importar si la composición es menor o está en las cumbres de las grandes obras de la Historia.

Pero el día de hoy la sugerencia es sobre la esplendorosa obra de Max Richter: Sleep. Con duración de ocho horas y 24 minutos, esta obra minimalista está pensada justamente para dormir. Y no es un juicio mío sino del propio autor quien incluso hace representaciones de esta obra en lugares con luz adecuada y camas o frazadas para que la gente pueda descansar durante la ejecución de la obra.

No entiendan esto como que la obra es aburrida, para nada. Aunque claro que las texturas sonoras, las atmósferas y los temas ayudan a descansar y eventualmente a quedarse dormido. No se preocupen si les pasa eso cuando la escuchen, era esa la intención de Max Richter.

Está dividida en 204 piezas y 29 secciones de música continua. Podríamos poner la obra y escucharla de un tirón, si las fuerzas nos acompañan, o incluso estar en nuestras labores diarias escuchando la obra, si es posible. Incluso podríamos escucharla por secciones y así escuchar despiertos la obra entera. Pero la experiencia de poner el álbum mientras uno se va a la cama a descansar será la intención del autor.

Así que no lo duden, que el domingo amerita renovar fuerzas, les aseguro que se sentarán descansados si escuchan y se dejan llevar por sus sonoridades. Lo encuentran en Apple Music o Spotify como toda sugerencia semanal.

Que la disfruten.

Álbum de la semana: Sleep. Max Richter.
04 Febrero 2018 04:00:00
La belleza del Barroco
Dentro de las actividades que realizo en mi vida cotidiana está impartir el diplomado en historia y apreciación musical dentro de los programas que la UAdeC propone a alumnos y público en general. Son varios años los que he dedicado a esta actividad que me ha dejado incontables experiencias tanto musicales como humanas. Hemos caminado desde los inicios de los tiempos hasta música tan actual que sus creadores no pasan de los 12 años. Siempre de una manera cronológica, hemos abordado los distintos periodos de la llamada música clásica.

Este semestre toca el turno a un periodo que es sin duda uno de los más bellos y esenciales para comprender la música: El periodo Barroco. Comprendido entre el año 1600 y hasta la muerte del más grande compositor de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach, en 1750. Más de un siglo que abordaremos. Décadas llenas de belleza contrapuntística, de grandes obras orquestales, de desarrollos notables en numerosas formas musicales.

En este semestre conoceremos conceptos como tonalidad, contrapunto, fuga, sonata y concierto, entre otros más; además de ahondar en el mundo de la ópera.

Todo esto con una visión apreciativa del fenómeno musical en donde aprenderemos a escuchar y a reconocer las diferentes formas y géneros musicales que abordemos. Aunado a las biografías de los compositores y su contexto histórico, en una búsqueda constante por comprender la música no solamente como una expresión artística aislada, sino como parte de una historia de la humanidad.

Compositores como Heinrich Schütz o Buxtehude, pilares en el desarrollo de la música sacra y música para órgano; tres nombres también imprescindibles como Jean-Baptiste Lully, Jean-Philippe Rameau y François Couperin, sin quienes el barroco no hubiera sido el mismo. Por supuesto no podrá faltar la música de Antonio Vivaldi, fundamento indispensable en el desarrollo del concierto y la ópera. Georg Friedrich Händel y Henry Purcell por supuesto serán compositores que también escucharemos. Entre otros más que el espacio no me da para nombrar.

Así que si sus martes por la tarde están libres y es su deseo adentrarse en el mundo musical de tan maravilloso periodo histórico musical, no lo duden y contacten con la universidad e inscríbanse. Me daría un enorme placer contar con su presencia.

álbum de la semana: La Belleza del Barroco.
21 Enero 2018 04:00:00
Carestini: A Castrato’s Story
El siglo pasado apenas nos dejó un registro de las voces que antaño, en siglos de esplendor contrapuntístico, en el barroco, hicieran las delicias de los oídos de innumerables personas dentro de un auditorio y, por qué no decirlo, también en la alcoba de no pocas damas de respetable reputación y dilatada y lúbrica moral.

Por supuesto que estos siglos, los del barroco, lejos están de los primeros registros fonográficos, sin embargo la tradición de los llamados castrati duró su buen tiempo bajo la protección y auspicio de la santa iglesia católica, quien so pretexto de la alabanza al Eterno consintió durante mucho tiempo que a las mejores voces de sus coros infantiles se les castrara para poder impedir su madurez vocal y así conservar per secula seculorum las divinas voces de los niños.

Oal menos hasta que la carne reclamara regresar al polvo, claro está. Pero no es este un espacio para juzgar porque, ¿quiénes somos nosotros, hijos de nuestro siglo, con nuestros propios dilemas de lo políticamente correcto, para juzgar la cosmogonía de siglos pretéritos? Tampoco es menester hacer una apología de la nostalgia, porque, sobra decirlo, con la nostalgia uno debe de andarse con cuidado, ya que es la mejor de las falacias del anhelo.

Pero una cosa es segura, la pobre y, digámoslo llanamente, deprimente grabación de Alessandro Moreschi poco o nada tiene qué ver con la de los castrati. Pero no le achaquemos al finado castrato en pleno albor del siglo 20, el haber tenido una pésima voz. La verdad es que no nos consta, pues la grabación es de sus últimos años y seguros podemos estar de que en sus mejores años gozó de salud vocal como pocos.

¿Habrá que decir, por cierto, que los castrati estaban en pleno uso de sus capacidades físicas para rendir culto a Eros en cualquier alcoba que les abriera sus puertas y el paraíso sin la necesidad de correr riesgos salvo el de ser descubiertos por el señor de la casa? de ahí mucha de su fama también.

Pero dejémonos de dimes y diretes, que las líneas se acaban y no hemos hablado de una maravillosa voz de contratenor, que puede asemejarse a la de los castrati y que definitivamente no son castrados con o en contra de su voluntad. Maravillosa y reveladora la voz de Philippe Jaroussky en este álbum que rinde homenaje a los míticos castrados. Así que sin poder decir más, finalizo: Escuchen el Paraíso.

Álbum de la semana: Carestini: A Castrato’s Story – Philippe Jaroussky.

14 Enero 2018 04:00:00
Rachmaninov y su gran concierto
Luego de un periodo de profunda depresión que duró algunos años y que le impidió componer una sola nota, Sergei Rachmaninov asombró al público de su época con su segundo concierto para piano y orquesta en do menor. El motivo de este bloqueo fue aparentemente el fracaso de su primera sinfonía que en su estreno en 1897 fue dirigida de manera desastrosa. Además de esto se cuenta que Tolstoi, admirado por Rachmaninov, menospreció frente a él su obra.

Esto derrumbó al compositor quien durante tres años tuvo que estar en tratamiento de hipnosis con el doctor Nikolai Dahl. El resultado es este concierto heroico que el compositor dedica a quien considera su salvador. La historia, grosso modo, es esta.

En la historia de música para teclado, el segundo concierto para piano y orquesta en do menor de Sergei Rachmaninov es probablemente el más escuchado. En esta obra se intuye la vida interior del compositor ruso. Con un inicio trágico y oscuro en los primeros acordes del piano, la obra, dividida en tres movimientos como regularmente se divide la forma concierto, no hace sino ascender de manera incansable hacia la victoria final. La claridad de sus temas nos permite apreciar este concierto en multitud de detalles sin que esto nos haga olvidar que la complejidad técnica es inmensa, tanto para el solista como para la orquesta.

El primer movimiento ya despliega todo el virtuosismo de que será capaz el intérprete. Una obra imprescindible para todo pianista consagrado, ya que la gran calidad melódica de sus temas y la complejidad armónica y rítmica son motivos para el despliegue de toda una capacidad técnica. El segundo movimiento, de gran lirismo, nos recuerda a un nocturno. Un tema que comienza, luego de la modulación a mi mayor por parte de la orquesta, con un arpegio etéreo que irá desarrollándose hasta una intempestiva parte intermedia para finalmente regresarnos a nuestro punto inicial. El tercer movimiento vuelve a ser introducido por la orquesta de manera potente para dar pie a unos arpegios ahora más virtuosos en el piano.

El final está cerca y los temas del primer movimiento se muestran por momentos mientras el ascenso heroico del solista se despliega contundentemente. El final será monumental, luego de la coda rápida y precisa. Sin duda es un concierto que se vive a cada compás. Un concierto que no nos deja un momento sin asombro por su técnica y cómo ésta no olvida jamás provocarnos emociones.

Por supuesto que faltaría escuchar los otros tres conciertos de Rachmaninov, que no tienen desperdicio alguno, pero sin dudarlo, podemos afirmar que su segundo concierto es y acaso será el más interpretado de sus conciertos.

El tercero, día a día comienza a ganar su lugar gracias a que en nuestros días la exigencia técnica es aún mayor y este concierto es casi un tour de force, pero será tema en otra ocasión. Que lo disfruten.
07 Enero 2018 04:00:00
The Complete Nocturne
Cuando hablamos de la forma musical Nocturno, a nuestra mente viene un primer y casi solo nombre: Frédéric Chopin (1810-1849). Considerado el mayor exponente de esta forma musical, Chopin nos ha hechizado con su melifluo encanto. Sin embrago existen otros autores que también han compuesto nocturnos. Erik Satie (1866-1925) o Scriabin (1872-1915), por citar algunos. Esto sin mencionar que el nocturno, o notturno en italiano muchas veces llamado, fue utilizado incluso por Mozart (1756-1791) y basta recordar su serenata nocturna como ejemplo.

No es sino en el siglo 19 cuando esta forma adquiere las características que conocemos bien: Una pieza corta para piano de melodía íntima, lírica, con un acompañamiento de la mano izquierda ondulante, en arpegios. El nombre no tiene la intención de evocar un solo estado de ánimo o sentimiento de la noche, sino que eran piezas compuestas para ser ejecutadas en las reuniones nocturnas.

Durante el siglo 19 la música de salón tiene un auge importante y es ahí, entre la calidez de la vida social y la noche, al resguardo del frío, donde el nocturno se desarrolla.

El primer compositor en llamar nocturno a estas piezas cortas para piano fue John Field (1782-1837). Considerado el padre del nocturno, John Field fue admirado en su tiempo por los compositores más renombrados de la historia musical y no sólo por sus composiciones, sino también por su virtuosismo en la ejecución del piano.

El nocturno es introspectivo, sus líneas melódicas son evocadoras, de una calma melancólica que en su parte central se agita para volver de nuevo a la tranquilidad de un estanque en medio de la noche. El abandono al sentimiento, a la contemplación de la naturaleza, y al sentir como vía de conocimiento de lo verdadero son características del periodo romántico. Era su medio de conocimiento de lo trascendente, una clara contraposición al racionalismo del siglo precedente.

Enestas versiones de los nocturnos de John Field escucharemos a su más destacado intérprete: Míceál O’Rourke. Irlandés también como Field, O’Rourke nos hace evocar noches de otros tiempos, donde la calma de la noche no es liquidada por la electricidad ni el ruido de las noches de hoy. Los 18 nocturnos nos llevan de la mano a viajar en el tiempo, a situarnos en otro mundo y otra realidad, ¿y por qué no hacer ese viaje si a final de cuentas hoy es domingo y no tenemos que ir a trabajar?

Álbum de la semana: John Field. The Complete Nocturnes. Míceál O’Rourke, piano. Spotify.

@Amaguerjoel
24 Diciembre 2017 04:00:00
Noche de paz
El frío entumece ese día 24 de diciembre de 1914. Las trincheras apenas los resguardan del peligro mientras el día avanza, pero la noche que está por caer mostrará poco a poco un cielo plagado de estrellas que ese día brillan con tranquilidad sobre la tierra de nadie.

En las trincheras alemanas se escuchan murmullos, melodías resuenan en el campo de batalla y llegan hasta los ingleses que, resguardados, esperan el momento de actuar.

Pero la música que emerge del campo enemigo no es un canto bélico, no es un llamado a las armas y los ingleses lo reconocen.

Stille Nacht. Heilige Nacht; silent night, holy night, all is calm, all is bright; Alles schläft; einsam wacht… y de pronto las voces desde las dos trincheras se mezclan en una sola melodía que es entonada por soldados que se miran sin terror en los ojos por primera vez hace mucho tiempo.

Pueden ver la paz que habita moribunda en sus corazones y salen y se miran unos a otros y caminan para encontrarse con el enemigo que avanza con las manos desarmadas y un brillo en sus rostros.

Frente a frente alemanes e ingleses se miran en silencio sin odio en los ojos, como humanos que saben que el otro también sufre, que está lejos de casa, de los suyos. Se miran como prójimos.

En este momento dejan de cantar Noche de Paz y sin proponérselo, los ingleses recitan The Lord is my shepherd, I shall not want y ahora los alemanes comprenden y responden Er weidet mich auf gründer Aue und führet mich zum frischen Wasser.

El frío de la noche no debilita el calor que sus corazones comienzan a sentir, ni la tregua que sin esperar a las autoridades se ha establecido entre los seres humanos que están ahí, en medio del dolor y la realidad de la guerra.

Los intercambios de cigarrillos, whisky y otros obsequios los acercan más y de pronto las lágrimas ruedan por algunas mejillas al mostrar las fotografías de los seres amados, que dejaron lejos y que no saben si volverán a ver.

La Noche de Paz se extiende por algunos días sin que los altos mandatarios puedan hacer nada, irritados por la debilidad de los corazones de sus súbditos.

Partidos de futbol que los unen en amistad, entierros de los caídos que les recuerdan el dolor de la guerra que decidieron dejar a un lado por un momento y villancicos que, sea cual fuera su fervor religioso los hermanó por un instante.

Y hoy, mi deseo es que en sus vidas tengan lo mejor, y que si al menos la tregua llega en estos días y les trae paz, puedan entonar con un corazón esperanzado Noche de Paz.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Michel Corrette
El músico francés Michel Corrette (10 de abril de 1707–21 de enero de 1795) tenía un espíritu ligero como el globo que veían sus asombrados ojos elevarse por los cielos de París en 1783.

Michel, como tantos otros en ese momento, gritaba con entusiasmo: Le Globe Volant! Y fue así como llamó a la cantata que de su mente emergió ligera y majestuosa a la vez, de la misma manera que aquel globo.

En este año Michel contaba ya con más de 70 años de edad y era reconocido por su trabajo como compositor, organista y autor de libros sobre metodología musical.

En un siglo donde la actividad musical estaba en Viena, Mannheim o algún lugar de Italia, Michel vivió su juventud entre París y Ruen, su ciudad natal, y años más tarde en otras ciudades francesas.

Los pies de Michel Corrette andaban en años pretéritos entre las calles de Ruen que alguna vez la peste azotó con furia. Pero eran tiempos pasados de los cuales sólo quedaba el recuerdo.

Michel Corrette, cuyo padre también fue organista y compositor, cruzaba con paso firme la plaza del viejo mercado donde hace ya mucho tiempo el fuego de la hoguera le había dado la santidad a Juana de Arco como en señal de arrepentimiento.

Entre las calles de Ruen Michel era muy apreciado por sus habitantes tanto por los altos hombres de la aristocracia como por la burguesía.

Todos amaban su música divertida, sin pretensiones, feliz. Esto fue lo que le otorgó a Michel una distinción especial desde su juventud.

los Años pasaron y sus pies y su enorme talento lo llevaron por múltiples cortes y numerosas casas de la burguesía. Su estilo claramente italiano mostraba el pleno entendimiento que el compositor tenía de la música de Vivaldi y su ritornello.

La música gozosa de Michel Corrette la podemos escuchar en sus seis sinfonías de Noëls compuestas hacia el año de 1762, obras llenas de luz y regocijo donde cada movimiento nos sugiere un pasaje del relato de la navidad.

Además sus conciertos sobre temas de Navidad y una misa para la Navidad que merece la pena ser escuchada con más atención.

Michel también es un compositor divertido, hasta cómico, pero con una profundidad única, pues su complejidad no es inaccesible sino diáfana y sin pretensiones.

El francés Fue Un compositor prolífico que supo tomar lo mejor de su conocimiento musical para plasmarlo en obras que merecen ser más escuchadas, sin duda alguna. Música placentera que todos podemos escuchar.

Que lo disfruten.
10 Diciembre 2017 03:00:00
A Ceremony of Carols
Hace muchos años, cuando era estudiante de la Escuela de Música en la universidad, tuve un maestro memorable. Notable, por utilizar esa palabra que tanto gustaba de emplear en clase. Un contador de carácter difícil, que sin embargo nos nutría con sus conocimientos y su amor por la música. Maestro al que temíamos y a la vez admirábamos.

Cada época de Navidad, durante la última clase, la dedicaba a hablar de la pieza Noche de Paz. Nos contaba su historia, sus versiones predilectas y terminaba deseándonos a todos que, fueran las que fueran nuestras creencias religiosas o espirituales, la paz y el amor estuvieran presentes en nuestras vidas. Ahora que diciembre comienza y lo hace de manera tal como hemos vivido estos gélidos días, quisiera dedicar cada semana a sugerirles obras musicales relacionadas con estas fechas.

Y como mi maestro, fuera de cualquier creencia, estas fechas son buenas para valorar lo que tenemos, los tesoros que hemos guardado a lo largo de nuestra vida y por eso, quizás, merezca la pena despertar cada día.

Hacia el año de 1942 un gran compositor británico que pasará a la posteridad por innumerables logros musicales, compuso una obra musical para coro infantil y arpa con temas navideños.

Son 11 textos de Navidad que Benjamin Britten compone, todos cantados excepto uno. Esta obra de inocente ternura musical, pero que no es por esto una obra menor, fue compuesta durante el regreso del compositor a su patria.

Un barco trasatlántico recorre el mar mientras de la mente y pluma de Britten surge una obra que posteriormente será unida entre sus partes, es decir que no fue concebida como una obra sola, sino como varias piezas sin relación entre ellas. Al final, las voces y el arpa se unen en inseparable armonía.

Benjamin Britten, como todo genio, anda sobre hombros de gigantes, por esta razón se puede apreciar un influencia de temas gregorianos en esta obra, lo que le da una calidad vocal singular.

Ahora que el mes comienza y las tiendas siguen tocando reguetón y saturando de música comercial nuestros oídos, es bueno tener esta opción para disfrutar de obras de alto contenido artístico.

Como he dicho en alguna ocasión, el que tenga oídos para oír, que oiga. Que esta obra los acompañe estas semanas llenando de paz sus días.

Que lo disfruten.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Erik Satie
Una suave emoción, un olvido del presente, un preguntarse a sí mismo es la música de Erik Satie. Su obra es precursora de muchos movimientos, estandarte de los dadaístas, influencia para el Grupo de los Seis, para Debussy. Con un personalidad extravagante y un poco esotérica, sí, esotérica, fue miembro único de una religión que él fundó y que tiempo después abandonaría para centrar sus ansias místicas con diseños de edificios tan inexistentes como fantásticos. Erik Satie nos encanta por la bruma de su música, por su lluvia silenciosa y gris, por la clara intención de centrarse no en el desarrollo y entretejido de temas y tensiones musicales, sino por el color, el timbre, el sonido en sí. En este sentido todo un vanguardista adelantado a su tiempo.

En la escuela no la pasó muy bien. El Conservatorio no lo comprendió y lo calificó de incapaz, aun así, luego de cumplir 40 años estudiaría contrapunto en la Schola durante cinco años. Su obra sobrepasa el centenar de obras y la que más podemos rememorar es su obra para piano. Las Gymnopédies, sus Gnossiennes, La Belle Excentrique, por ejemplo. Curiosa su manera de hacer anotaciones a sus composiciones: “Como un ruiseñor con dolor de muelas, ligero como un huevo, nos invitan a la ensoñación”.

Mucha de su actividad como músico era ser pianista de cabaret, donde adaptaba piezas populares a piano y voz. Muchas de ellas se conservan como la bella Je te veux, un vals lánguidamente tierno y luminoso.

Caminaba casi a diario 10 kilómetros para llegar a París, vivía a las afueras, con distinguido andar, trajes de terciopelo, sombrero de copa y paraguas. En casi sus 30 años de vivir en su pequeñísimo departamento jamás tuvo visita. Qué sorpresa fue que, luego de su muerte, sus amigos encontraran en su alcoba cientos de paraguas, algunos sin usar; bocetos de sus edificios imaginarios que publicaba anónimamente en periódicos para ponerlos a la venta, y que nadie sabía; obras olvidadas o nunca publicadas. Todo esto entre polvo y telarañas.

Escuchar a Erik Satie es vivir un misticismo: sin explicación dejamos de ser nosotros mismos con nuestras calamidades de la vida diaria. Viendo a la lejanía, absortos. Y aún así, vivos, pues como dijo el propio compositor: Ya tendremos tiempo de estar en un cementerio.

Podemos escuchar su obra completa para piano por uno de los grandes pianistas franceses: Jean-Yves Thibaudet. Sin duda una experiencia musical que amerita una disposición de espíritu muy particular, pero que ni por asomo será en vano. Que lo disfruten.
26 Noviembre 2017 03:00:00
Cecilia Bartoli
Desde la ventana de la pequeña Cecilia se aprecia la cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma. El sol vuelca su luz sobre los tejados y hace brillar la ciudad. Los ojos de la pequeña Cecilia que miran por la ventana se entrecierran mientras canturrea quedamente. Nunca imagina ni sueña siquiera la pequeña Cecilia que su carrera en el canto la llevará a romper paradigmas, tabúes.

En Roma el coro de la Capilla Sixtina canta con voces masculinas desde el siglo XV y nadie ha pensado en romper la tradición. Años después, en 2017, Cecilia Bartoli fue la primera mujer en cantar con el mítico coro y hacerlo en la Capilla Sixtina. Ese coro que incluso negó la permanencia al gran Giovanni Pierluigi Palestrina en el siglo XVI por haberse casado.

El coro, que solamente alberga voces varoniles, blancas, y en tiempos lejanos a los castrati, romperá la tradición para cantar con la maravillosa voz de Cecilia Bartoli, reconocida mezzosoprano quien se caracteriza no solamente por su portentosa capacidad vocal, sino también por su labor como investigadora en al campo musical.

Cecilia Bartoli ha traído hasta nosotros álbumes que nos develan la obra de compositores muchas veces olvidados, como el dedicado a Agostino Steffani; o también obra desconocida de autores conocidos como Salieri o Vivaldi, así como repertorio de castrati en discos como Sacrificium.

En el álbum Veni Domine, del coro de la Capilla Sixtina, Cecilia Bartoli canta bajo los frescos del genio Miguel Ángel y, en apenas tres minutos y medio, pasa a la historia como la primera mujer en cantar ahí. La obra Beata Viscera Mariae Virgine, del compositor francés del siglo 12 Pérotin, notable compositor de la llamada Escuela de Notre Dame.

Una línea melódica dulce y reverente emana de los labios de Bartoli mientras el coro se une a su oración a la mitad de la interpretación en voces infantiles que alternan con la de Cecilia para después ser acompañada por una nota pedal, grave, constante de coro de hombres.

La melodía que Pérotin el Grande compuso hace ya tantos siglos llega hasta nosotros y, como he dicho antes, vuelvo a decirlo: la maravilla de la música antigua es que nunca envejece. Que disfruten.

Álbum de la semana: Veni Domine.
19 Noviembre 2017 04:00:00
El joven Bach
Muy de mañana Johann Sebastian Bach (1685-1750) abrió sus ojos en medio de su habitación y esbozó una ligera sonrisa cuando recordó que ese día no sería como cualquier otro.

Era octubre de 1705 en Arnstadt y esa mañana Bach comenzaba su viaje a Lübeck para conocer al músico, compositor y organista por excelencia Dietrich Buxtehude (1637-1707). Casi 400 kilómetros de camino lo esperaban.

Después de tomar un desayuno frugal, el joven Johann Sebastian Bach se calzó sus zapatos, se puso su abrigo, tomó su pequeño saco de viaje, las partituras que esperaban ser leídas por el maestro de Lübeck, la vianda, algo de cerveza que llevaba para la comida y emprendió la fuga. Tenía 20 años de edad, la fuerza y el ánimo suficientes para caminar durante 10 días hasta su meta.

Bach tenía cuatro semanas de permiso para realizar el viaje, pero ya sabía que no serían suficientes para lograr su objetivo. Él quería, además de aprender todo lo posible del maestro de Lübeck, ser su amanuense, su asistente y luego, si todo salía como lo deseaba, convertirse en el sucesor de Buxtehude en la renombrada iglesia de Santa María. Cada día Bach aprendía del maestro.

Cuatro semanas se fueron convirtiendo en cinco y luego seis y al final muchas más. Johann Sebastian no dejaba de aprender.

Su meta no era sencilla y dejó de ser una posibilidad porque había una condición que el músico no pudo aceptar: casarse con la hija de Dietrich.

Acaso porque en esos momentos para Bach no había más compromiso que el suyo con la música o quizás porque la hija no era agraciada a sus ojos. Aun así, Bach no dejó que esto le impidiera aprender todo.

Mientras tanto, sus preceptores en Arnstadt comenzaban a inquietarse por la ausencia prolongada. El trabajo esperaba a Bach y el enojo de quienes mantenían a Bach crecía día a día.

A Bach no le importó ausentarse 16 semanas de su trabajo y pagar con pena su falta.

Logró su objetivo de aprender todo del maestro Buxtehude y eso valía la pena por mucho. Su arte musical demostró que no fue en vano la experiencia en Lübeck.

Al final, la ciudad de Arnstadt se vería recompensada con el arte del joven Bach, pero no por mucho tiempo. 

El genio de Bach lo llevaría poco después a la ciudad de Mühlhausen donde seguiría demostrando su genialidad y donde encontraría a María Bárbara Bach (1684-1720) con quien se casaría el 17 de octubre de 1707.
05 Noviembre 2017 03:00:00
Un álbum para recordar
La nostalgia no es recordar un momento del pasado como feliz, ideal, sino creer que en ese momento que recordamos estábamos a sólo un paso de alcanzar la felicidad.

¿Quién dijo esto? No lo recuerdo. No es que el presente se manifieste horroroso, para nada. Pero ya sabemos, recordar es un acto en el que nos visitamos, nos entendemos y vemos en perspectiva.

¿Qué fue de nosotros desde aquel instante que la nostalgia nos revela y qué somos hoy? No pocas veces podríamos pensar en cambiar algo del pasado. Conozco personas que no cambiarían nada porque todo los ha llevado a ser quienes son ahora.

Yo no pienso igual. Sí que cambiaría algo del pasado. No poco.

Apenas algunas experiencias y ya está, que sea de mí en el presente lo que esos cambios hubieran provocado. Nada de importancia, por supuesto, que la música y el arte siempre estén presentes en mis días. Y los libros.

Dentro de estos recuerdos de mis años pasados siempre aparecen obras musicales y de poco a poco crecen en número las melodías en mi cabeza.

Las letras de igual manera se van depositando entre mis venas. Los libros son cofres donde depositamos recuerdos entre sus líneas como tesoros. De ahí que nunca nadie acabará con los libros, los atesoramos porque nos definen, nos dicen quiénes somos.

La música acompaña casi todo recuerdo. Y esta semana se apareció en mi mente la gran Cecilia Bartoli. Majestuosa en su voz, prodigiosa técnica y celestial musicalidad. Ya una vez tuve la fortuna de verla en vivo en el teatro de Champs-Élysées.

Una experiencia única, reveladora. Sin embargo, hay un álbum que está más metido entre mis recuerdos. Un álbum grabado en vivo en el teatro Olímpico de Vicenza. Live in Italy.

La música que está depositada en ese álbum es un tesoro. Desde la música antigua acompañada por una excelente orquesta barroca, hasta cantar dulcemente, pícaramente, amorosamente entre la música que emana de los dedos de Jean-Yves Thibaudet.

Un álbum que me acompañó ya hace muchos años y que tenía en un dvd que ahora pertenece a recuerdos de otra persona que recuerdo con cariño, pero qué maravilla que la música siga presente.

Escucho la voz de Cecilia Bartoli y la recuerdo, vestida de rojo, frente al majestuoso proscenio del teatro Olímpico y yo me hundo en mis recuerdos.
29 Octubre 2017 03:00:00
Franco Zeffirelli
Uno de los primeros encuentros con la obra de Zeffirelli fue su maravillosa adaptación cinematográfica de Romeo y Julieta, filmada en 1968. Los vestuarios perfectos y evocativos; la música tan melancólica, ya recordamos de pronto el conocido tema escrito por Nino Rota; la fidelidad al texto de Shakespeare, que nos guía con su ritmo sólido en belleza; las actuaciones de los personajes principales y sobre todo de Leonard Whiting y desde luego Olivia Hussey cuya belleza renacentista es una viva revelación virginal.

Luego de esta película, que he visto una y otra vez, descubrí que el genio director de este film era también productor de cine y me di a la tarea de conocerlo. Maria Callas y Tito Gobbi fueron las estrellas que participaron en la producción de Zeffirelli de Tosca para la Royal Opera House, pero no brillarían solos sino en el universo de la mente de Zeffirelli, que supo crear el mundo de la ópera de Puccini con tal precisión y sensibilidad que los años han pasado y Zeffirelli se afirma como el más grande productor y diseñador de ópera. En todo caso el más ambicioso. Sus puestas en escena no escatiman en nada.

Los detalles más mínimos cuentan para que la historia, sea cual sea, se crea, se viva, se goce. Es un deleite siempre admirar la perfección y gusto con que sus puestas en escena se llevan a cabo.

Pues bien, luego de años de saber de la obra de este gran personaje, tuve la oportunidad de asistir a dos representaciones históricas: La Bohème y Turandot. Ambas óperas de Giacomo Puccini que Zeffirelli representa en escenario de manera minuciosa y perfecta. Una, asombrosa en el ambiente de un París invernal de calles y edificios apretados en el barrio latino de la capital francesa. Estuarios, calles, tabernas, todo creado para dar placer a quien observa y para quien interpreta en esos
escenarios.

La segunda, Turandot, es imponente. Observar los detalles y majestuosidad de todo lo que aparece en el escenario es apabullante. Uno se siente engullido por la arquitectura colmada de oro, de dragones y leones en columnas inmensas. Los vestuarios de la más fina confección son auténticas piezas de arte. Y todo esto para que la obra de Puccini viva plena, donde la música y las voces se sientan en el mundo que fueron concebidas. Una y mil veces vale la pena vivir la experiencia. Ahora, que el recuerdo está en mi mente, atesoro tal privilegio.
22 Octubre 2017 03:00:00
Evocación mística
Las dulces voces despuntan como una luz al amanecer iluminando todo. El sonido del órgano y del piano envuelven, abrigan, sustentan las palabras que emanan de cada una de las voces. Los instrumentos están indefinidos y presentes en la sala, los escuchamos desde todas partes y en todo lugar. Las voces habitan entre acordes, entre líneas melódicas del sonido aflautado del órgano, del etéreo piano. Una textura que se entreteje dando como resultado un tejido de sonidos suaves, aterciopelados, vivificantes. Todo lo que escuchamos son susurros angelicales que descienden en una anunciación de lo divino en el arte musical. Da Pacem entonan las voces blancas, sin el vibrado afectado del canto operístico. Son diáfanas, cristalinas, mientras una voz grave da cuerpo a la oración. Charles Gounod, el gran compositor operístico, nos deja el Da Pacem; André Caplet, el excelente compositor quizás opacado por el genio de su amigo Debussy, nos regala un Panis Angelicus tan profundo, que sentimos en sus tensiones armónicas como nuestro interior se transforma hasta volver a reposar en resoluciones armónicas que merecen ser experimentadas una y otra vez. Tantum ergo: veneremos, pues, inclinados ante tan grande sacramento. Un texto que está presente en este disco en composiciones por parte de Ettore Pozzoli, Jean-Baptiste Fauré y por supuesto, junto a este texto, el otro, Pange Lingua, también compuesto por santo Tomás de Aquino se revelan en un álbum que no tiene ni un momento en el que asome este siglo, lo mundano. Es un éxtasis que eleva. Sí, quizás el éxtasis religioso tenga mucho de carnal, si recordamos el erotismo, de Georges Bataille, pero pronto nos olvidamos de pensamientos semejantes y la música vuelve a abrazarnos cuando el siglo se revela en la composición de Santo Tomás de Aquino, no sólo recordado por la filosofía y su Summa Theologiae, sino por estas composiciones que nos rebasan, nos conmueven hasta el llanto, al menos a un servidor que no pude evitar que las lágrimas surcaran mis mejillas. Aquí, en este momento del álbum el piano, anacrónico, nos hace pensar en lo eternal de la música. De la verdadera música. Es una Epifanía, pero cuatro piezas más, una de ellas anónima, entre otras que componen el álbum, faltan por revelarse y yo estoy ansioso por escuchar. Ansioso porque ustedes escuchen también.

Álbum de la semana: St. Thomas Aquinas. Spotify.
15 Octubre 2017 03:00:00
Sonata número 32
La tarde de un día tranquilo se posa sobre la sala de mi casa. El silencio es un regalo que aprecio como algo valioso en estos tiempos de ruidos de toda índole. De pronto, me dispongo a romper el silencio. Es momento de llenar el lugar de música. El sonido comienza a emanar potente, trágico. Dos octavas en forte seguidas de dos acordes que me colman y un trino como sólo el genio de Bonn puede darnos: doloroso, enérgico, con el sino ineluctable como una sombra sobre nosotros.

La sonata número 32 es su última sonata, acabada más de cuatro años antes de la muerte de Beethoven. Un testimonio de su genio, de su capacidad de síntesis, aunque a muchos pudiera parecernos paradójico en él. Dos movimientos, en lugar de tres, componen esta sonata y no hizo falta más. Su segundo movimiento, tan en contraste con la tormenta del primero es un adiós a la sonata como forma, como género. Luego de esta obra, ya nada será igual para el piano, ha traspasado los límites, los ha empujado a horizontes insospechados.

La calma de la Arietta, el tema principal del segundo movimiento es un adiós seguido de seis variaciones de una belleza tan refinada, que nos extrañaría en un Beethoven joven, pero estamos ante un genio en plena madurez, inmerso en sus propios mundos que la sordera le ha dejado. La pulcritud de este movimiento es tal, que pudiera un oído distraído, pensar en algo sencillo a la ejecución y sin embargo estamos ante una partitura de enorme dificultan no sólo interpretativa, sino técnica.

La sonata Op. 111 número 32 es un tesoro que guardo desde hace años como muy mío. Alguna vez la toqué, ilusionado por quimeras que se han esfumado, pero el amor por la sonata sigue intacto y lo que es capaz de producirme cada vez que la escucho se acrecienta con los años. Pero en esta ocasión es un genio que desde los 2 años ya había brillado con tal esplendor que nunca más dejó el piano, siempre ejecutándolo con un amor infinito, inagotable,
incondicional.

Evgeny Kissin, 25 años después de no grabar un álbum con Deutsche Grammophon, graba la última sonata de Beethoven, entre otras obras del autor, en una audición pública donde la contundencia y exactitud técnica de Kissin se une a una interpretación más madura del genio intérprete. Nada se escapa de sus manos, de su intención musical. Su paleta sonora es enorme ahora, a sus 46 años y estoy siendo testigo desde la sala de mi casa de ello.

Album de la semana: EVGENY KISSIN.

BEETHOVEN
08 Octubre 2017 03:00:00
Messe de Nostre Dame
Guillaume de Machaut vivió en un siglo complicado. Estamos en el siglo 14 donde, amén de la pequeña era glacial que atravesó nuestro mundo, una peste venía de oriente con tal fuerza que acabó por exterminar a dos tercios de la población europea. La peste negra hacia el año 1346 tomó al mundo, y el hombre europeo estaba indefenso ante el castigo divino, como era más fácil pensar en aquella época.

Además de las muertes por la peste, 10 años antes comenzaba la Guerra de los Cien Años, que como sabemos no duró 100 sino poco más, y tuvo enfrentados a Inglaterra y Francia. En este entorno las danzas macabras, murales y motivos pictóricos en donde la Muerte convive con los vivos se volvió habitual.

El hombre de este siglo convivía inexorablemente con la muerte, no escapaba a su manto, a su abrazo mortal, pero la vida continuaba mientras tanto. Siglo 14, siglo de Felipe El Hermoso y de procesos contra los poderosos caballeros templarios que terminarán en mito y realidad. Durante este siglo, allende el mal, Geoffrey Chaucer hereda al mundo sus cuentos de Canterbury, Boccaccio su Decameron y Guillermo de Ockham, fraile franciscano, su navaja en la que la lex parsimonia explica que la explicación más sencilla a un hecho tiende a ser la más probable.

Este es el siglo del clérigo Guillaume de Machaut, quien es el más grande representante del Ars Nova y sin duda el más notable compositor de este siglo. Si bien el término de Ars Nova se lo debemos a Philippe de Vitry, es Machaut quien representa mejor esta época con su magnífica Messe de Nostre Dame, compuesta entre los años 1360 y 1365. Una misa escrita para la catedral de Notre-Dame de Reims, magnífica obra arquitectónica esta y la misa, por supuesto. Es la primera obra más extensa atribuida a un sólo compositor.

Su estructura en seis partes es un obligado para quien desee conocer los intrincados caminos del contrapunto, pero también para el diletante que anhela sumergirse en el tejido armónico de la música de estos y otros siglos. Imperdible de principio a fin, la misa es un tesoro de un siglo que vio grandes cambios en la estructura social, política y religiosa. Desde el Kyrie eleison, Guillaume nos postra a sus pies y no dejaremos de estarlo hasta el final, cuando las voces clamen Ite missa est. La misa ha sido dada. Podéis ir en paz. La música sea con vosotros.

Álbum de la semana: Messe de Nostre Dame. Spotify.
01 Octubre 2017 03:00:00
Memorias de un pianista
En algún mes del año 1919. Ciudad de México. Arthur Rubinstein, pianista que se convertiría en leyenda y que en ese tiempo ya era un nombre respetable, estaba listo para dar una serie de conciertos en plenos conflictos nacionales. La audiencia, más bien escasa para quien se presentaba, apenas unos 300 asistentes, lo ovacionó como una legión.

Años pasados en los que fue remunerado en monedas de oro, que emocionado contó de regreso a su cuarto de hotel, imaginando lo que representaría en moneda europea. Rubinstein regresó tiempo después. Su opinión siempre fue que los brasileños y mexicanos tenían las mejores capacidades musicales de toda Latinoamérica. Amado en los países latinos, con el tiempo conquistó rotundamente auditorios de Estados Unidos. Arthur fue un genio que vivió pleno toda su vida, en las desdichas y los momentos felices.

Amante del vino, las mujeres y los libros, fue el preferido de la aristocracia y burguesía europea. Desayuno con unos, comida con otros y cena con alguien más de la alta sociedad. Un genio desesperante para sus primeros maestros por su falta de rigor, Arthur Rubinstein tuvo un cambio radical hacia sus 30 años, cuando escuchó la perfección de Vladimir Horowitz. Uno de esos momentos cruciales en su vida, decidió vengarse de sí mismo, dice, y convertirse en todo lo que su capacidad podría dar.

De una memoria prodigiosa, dominaba ocho idiomas y ya al final de su vida era capaz de recordar hasta los mínimos detalles de su vida, Arthur Rubinstein fue un sublime intérprete del repertorio Clásico y Romántico. Capaz de quitar la sensiblería excesiva en la obra de Frederic Chopin, podemos escuchar en él una pulcritud y exactitud perfectas. No hay mejores pianistas y él no se consideraba el mejor, sino simplemente diferente. Para él la importancia de un artista era ser único, como nadie. De ahí que no deseara ser catalogado como el mejor, sino simplemente único.

Y estamos de acuerdo, porque la historia nos ha legado sus magníficas interpretaciones, pero también las de otros notables pianistas. Pero basta escuchar la manera en la que interpreta Chopin, para saber que Arthur Rubinstein es una referencia y un legado indiscutible en la música en Spotify encontramos no pocas pruebas de ello. Que lo disfruten.

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