×
hace 2 meses
[Saltillo]

Pasión saltillense en los Olímpicos del 68

Pasión saltillense en los Olímpicos del 68

Imprimir
Pasión saltillense en los Olímpicos del 68
Saltillo, Coahuila.- Mi nombre es Eloy Rangel. Mi madre se recibió en 1944 por la Escuela Normal Superior y se fue a trabajar a la Ciudad de México en 1945. Conoció a mi padre y se casaron. Vine al mundo el 18 de septiembre de 1946. Me trajeron a Saltillo a los 40 días de nacido; pasé la formación del jardín de niños con un pie aquí y otro en la capital del país.

Como mi mamá era maestra (le dio clases a Carlos Salinas de Gortari en el Colegio Abraham Lincoln), le acompañaba en ocasiones a su trabajo; un día la citaron a una junta, daba clases a quinto grado. De pronto, se me ocurrió sacar al grupo al patio para dar actividad física. No importó que tuviera 10 años, los alumnos, aunque mayores, obedecieron la rutina. Fue uno de los indicios del gusto por lo que sería mi profesión.

En la secundaria me iba desde la capital hasta Toluca en bicicleta, con vecinos de la colonia Santa María la Rivera. Hoy se ubica en lo que es la delegación Cuauh-témoc, muy cerca del casco de Santo Tomás y el edificio Chihua-hua, en Tlatelolco. Mi gusto por la lucha olímpica, la gimnasia y la activación física en general me llevó a entrar en 1964 a la Escuela Nacional de Educación Física. En ese tiempo conocí a mi esposa, nos tratamos por dos años y el 31 de agosto de 1968 nos casamos.

Después de egresar y estando recién casado, participé en el comité organizador de la Decimonovena edición de los Juegos Olímpicos en nuestro país. Las semanas previas a la justa olímpica son conocidas como semanas internacionales de prueba y ensayo. Me integré en la segunda o tercera semana, fue en la sección de atletismo, una de las más importantes del certamen.

El atletismo tiene la responsabilidad de hacer la ceremonia de inauguración y la de clausura. Además, es un deporte sustantivo, porque en cualquier competición se corre, salta o lanza, esto lo hace una disciplina base.

Estuve como subjefe de maratón. En la tercera semana internacional se realizó el ensayo tal como iba a ser en los Juegos Olímpicos. Eché a andar mi reloj personal al mismo tiempo que los cronómetros oficiales; por algún motivo, estos fallaron. Fui el único que tuvo el honor de cronometrar el tiempo de los participantes de talla internacional aquel día.



Lo que más conservo de aquella participación es haber participado en algo que puso en alto el nombre de México en cuestión deportiva. Es conocido ante el mundo que aquellos Juegos Olímpicos pusieron el alto el nombre de México en el aspecto cultural, deportivo y social.

Asimismo, otro movimiento ponía en el mapa a México. Fui testigo del movimiento estudiantil de ese año. En la Facultad de Medicina éramos 25 estudiantes, al principio, y terminamos 18. Creo que los reclamos por parte de los estudiantes fueron justos, no merecían la forma en la que fueron silenciados. Por la cercanía de mi hogar con el lugar de la masacre, presencié varios enfrentamientos.

Después de que terminé mi participación en la organización de los Juegos Olímpicos, me avoqué a conseguir la profesionalización de mi carrera. Hasta entonces, la Secretaría de Profesiones no la reconocía como tal y detrás del título pusieron una advertencia que decía que mi profesión no estaba reconocida por la ley. Sin embargo, luché para que se reconociera.

El problema fue que la Escuela Nacional de Educación Física había pertenecido a muchas instituciones y cuando fue de la UNAM se expidieron 15 cédulas de 1924 a 1930; cuando yo conseguí la mía, fue la número 16, en 1969.

El 1 de enero de ese año comencé a trabajar en Saltillo junto con mi esposa. Trabajábamos en cuatro escuelas primarias, fue una etapa de mucho bullicio y de conocer a muchas amistades. Me tocó estar en el intercambio de edificio de la secundaria del Instituto Tecnológico, que hoy es la Secundaria número 4.

En la Escuela Secundaría número 2 Benemérito de las Américas, hay una placa con mi nombre, Eloy Adolfo Rangel, que me acredita como fundador.

Después de eso, trabajé para el ISSSTE hasta 1993 y en 1995 para la Secretaría de Educación Pública. Mi profesión me llevó a los países escandinavos. Es impresionante la pasión que tienen por el deporte, pues apenas comienzan a caminar, los niños son puestos a esquiar en hielo por sus padres.

Hoy, a mis 72 años, me entristece ocupar el primer lugar a nivel global en obesidad infantil. Creo que el sedentarismo es la causa de llegar a estos estándares, pues antes era sólo la televisión, pero ahora son los juegos electrónicos, el celular y la cantidad de anuncios de comida chatarra.

Yo sigo haciendo lo propio, con la edad pierdes masa muscular, pero trato de caminar a campo traviesa para mantener en óptimas condiciones a mi cuerpo.

Siempre recuerdo un dicho que espero les sirva: “sí la actividad física no te da más años de vida, te da más vida en los años”.


Imprimir
te puede interesar
similares