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Para recordar: Calendario de la indignación

Masacres que México no debe olvidar

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Para recordar: Calendario de la indignación
Fotos: Zócalo | Archivo
Por: Nestor González

Saltillo, Coah.-
El 2 de octubre no se olvida. Tampoco debería olvidarse el 22 de diciembre, o el 26 de septiembre. No se digan los seis años de terror del sexenio de Felipe Calderón y sus secuelas con Enrique Peña Nieto. O los feminicidios en Ciudad Juárez durante el gobierno de Vicente Fox.

En la historia reciente de México, cada sexenio ha sido marcado por una serie de hechos sangrientos que han convulsionado al país, y cuyos responsables (siempre involucrado el Estado mexicano, por acción u omisión) rara vez son castigados. Las víctimas, por lo general, son personas de condición vulnerable: campesinos, indígenas, migrantes, activistas, familiares de personas desaparecidas, que han levantado la voz para exigir un cambio ante el Gobierno.

El acontecimiento más famoso es la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 bajo el mandato de Gustavo Díaz Ordaz, cuando se estima que unos 500 estudiantes fueron masacrados, –la cifra oficial de 26 muertos nunca fue tomada en cuenta, pues el Gobierno ocultó la cifra real–.



En pleno auge de la Guerra Fría, el Consejo Nacional de Huelga (CNH), integrado principalmente por estudiantes, pero al que se sumaron maestros, intelectuales, trabajadores y amas de casa, exigía mejores condiciones sociales y democráticas para el país. Con los Juegos Olímpicos en Puerta, el Gobierno de Díaz Ordaz reprimió de manera sangrienta la manifestación en la Plaza de las Tres Culturas.

Esta fue sólo la punta de lanza de la represión durante la década de los 70. El 10 de julio de 1971, durante la celebración del jueves de Corpus Christi, ya durante el mandato de Luis Echeverría Álvarez, un grupo de estudiantes marcharon en la Ciudad de México en apoyo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que exigían una mayor autonomía para poder votar libremente y elegir al rector de esa casa de estudios.



Cuando la manifestación de estudiantes se encaminaba rumbo al Zócalo, un grupo de paramilitares entrenado por la entonces Dirección Federal de Seguridad conocido como Los Halcones interceptó la columna y los agredió. Al ser repelidos por los estudiantes, el grupo paramilitar abrió fuego, dispersando la manifestación. Testimonios relatan que varios de los estudiantes heridos fueron ejecutados en el hospital Rubén Leñero. Las víctimas estimadas en esa matanza suman 120 jóvenes.



Con un pasaje vedado por la llamada Guerra Sucia, donde se reprimieron movimientos de guerrilla como el de Lucio Cabañas en Guerrero –casualmente teniendo a la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa como referencia– la corrupción jugó un papel fundamental en la masacre de río Tula, que llevó a la cárcel a Arturo Durazo, en tiempos de José López Portillo, quien también combatiría a la par de su amigo Echeverría a la Liga Comunista 23 de Septiembre, disuelta en 1984, durante el sexenio de Miguel de la Madrid.



A Carlos Salinas de Gortari aparentemente no se le recuerda una fecha específica, aunque el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y los abusos a los indígenas son una causa que se le atribuyó en el ocaso de su sexenio.

Otra fecha es el 28 de junio de 1995, con Ernesto Zedillo en la Presidencia, cuando elementos de Seguridad Pública de Guerrero (gobernado por Rubén Figueroa Alcocer) asesinaron a 17 campesinos, miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, quienes exigían la salida de la policía y el Ejército de esa zona.

Ese día, un grupo de campesinos fue detenido en un retén, y al momento de ordenarles que bajaran los ejecutaron, dejando como saldo 17 muertos. Los policías argumentaron que repelieron la agresión, pero un video los desmintió. Esto provocó la caída de Figueroa Alcocer, quien pidió licencia. Nunca se iniciaron procesos judiciales contra los responsables de la matanza conocida como Aguas Blancas.

El 22 de diciembre de 1997, 45 indígenas tzotziles pertenecientes a la organización Las Abejas, fueron masacrados en el interior de una iglesia cristiana mientras oraban en Acteal, Chiapas. El Gobierno atribuyó los hechos a una disputa entre etnias, y 26 indígenas fueron acusados de la matanza, pero diversas organizaciones afirman que existió una intervención del Ejército para desarticular la base social de la comunidad de Acteal, que fue relacionada con el EZLN.



Otro espacio trágico y sin respuesta es el de las Muertas de Juárez, que acaeció durante la administración de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón y permanece como incógnita ante las cientos de mujeres violadas, asesinadas y desaparecidas.



Fechas como el 24 de agosto de 2010 tampoco deben olvidarse. En pleno apogeo de la Guerra contra el Narcotráfico declarada por Felipe Calderón, fueron difundidas las imágenes de 72 migrantes (58 hombres y 14 mujeres) asesinados en una bodega abandonada en el municipio de San Fernando, Tamaulipas. El grupo delictivo de Los Zetas secuestraba camiones de rutas foráneas en las que viajaban los migrantes, principalmente centroamericanos, y los obligaban a sumarse a las filas de su organización. A quienes se negaban, los ejecutaban. Un migrante fingió estar muerto y escapó, dando aviso a las autoridades.



En el calendario de masacres por conmemorar también debería sumarse el 18 de marzo de 2011, cuando un convoy de al menos 50 miembros de Los Zetas, irrumpió en la cabecera municipal de Allende, Coahuila, para buscar a familiares de miembros de su organización que los habían traicionado. Con la complicidad de las autoridades locales, que incluso participaron en la privación de la libertad de decenas de personas, decenas de personas fueron asesinadas y sus casas destruidas con retroexcavadoras a plena luz del día. A la fecha, han sido enjuiciados algunos policías y sicarios que participaron en la masacre.

El 30 de junio de 2014, durante el mandato de Enrique Peña Nieto, se suscitó un enfrentamiento entre militares y un grupo delictivo en Tlatlaya, municipio del Estado de México. De este supuesto enfrentamiento resultaron 22 civiles muertos y un oficial del Ejército herido, pero un estudio posterior determinó que de acuerdo con las pruebas periciales de balística, la mayoría de los presuntos delincuentes fueron asesinados a quemarropa por el Ejército en una bodega. Hasta ahora, este asunto es uno de los principales obstáculos que ha encontrado la Ley de Seguridad Interior, que pretende darle mayores atribuciones al Ejército en labores de seguridad.



El 26 de septiembre de 2014, un centenar de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa viajaron a Iguala, Guerrero, para abordar un autobús rumbo a Ciudad de México y participar en la conmemoración de la Matanza del 2 de octubre.

Los autobuses fueron interceptados por la policía de ese municipio, que disparó en contra de los autobuses, matando a tres e hiriendo a varios más. Los estudiantes fueron obligados a bajar de los vehículos, y luego entregados al grupo delictivo de Los Rojos, quienes desaparecieron a 43 de ellos. Según la “verdad histórica” del Gobierno federal, los estudiantes fueron asesinados y luego calcinados en el basurero de Cocula, mientras el país reflejó su indignación asestando un severo “Fue el Estado”, que a la fecha no se olvida.






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